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miércoles, 4 de julio de 2012

Más calendario escolar o más verano azul

El fin de curso nos trae el periodo vacacional más largo y caluroso de todo el curso, el verano azul. Durante este reposo hay tiempo para todo aunque reducir la ansiedad por los estudios, evadir la mente de tanta memorización y tener nuevas experiencias fuera del aula serán objetivos también de este estío. Con todo, no hay que olvidar el largo letargo veraniego y con ello la pérdida de rutinas y conocimientos en los adolescentes. Espere y exija que el centro mande deberes de verano, sobretodo para aquellos púberes que han cojeado durante el curso. Si les hace falta repaso, que lo tengan. Tres meses de vacaciones pueden ser muy perjudiciales para sus estudios sino se rigen por rutinas diarias entre diversiones y obligaciones. Hay docentes que convidan a los alumnos a olvidarse del curso durante todo el verano algo que trae consecuencias negativas al comienzo del curso siguiente. Si los chavales pierden la costumbre del repaso y de ciertas rutinas, mal van a encajar el próximo año académico. Durante las vacaciones el chaval no necesita descanso con los estudios, necesita olvidarse un poco de ellos con un cambio de actividad, una desconexión parcial. Un profesor de educación física aconsejaba a los padres que para continuar educando en verano era aconsejable ofrecer a los hijos un trabajo ligeramente remunerado para potenciar su aprendizaje en derechos y obligaciones. Insistía que tal pràctica estimulaba la socialización de esos adolescentes con otros adultos, algo muy útil para su vida futura. El estío, me detallaba el docente, resulta un periodo altamente importante para que los zagales experimenten relaciones sociales en persona, no sólo por el Facebook. En los pueblos y barrios donde todo el mundo se conoce, tal práctica resulta relativamente fácil, pero en la ciudad uno se aísla. En tal caso, encuentros de fines de semana con otros matrimonios y con sus hijos resuelve parcialmente el asunto. Otra medida en este sentido consiste en crear una red solidaria de familias en donde los hijos pasen para verse, limpiar la casa, merendar, estudiar u otras actividades tanto obligatorias como lúdicas. Si con todo ello dicen que se aburren se les puede mandar pequeñas obligaciones en su rutina diaria como fregar su plato, recoger su habitación, poner la mesa e incluso cocinar por mucho pánico que tenga a probar el plato que se invente. Ferrán Adriá empezó así, creo. El verano por tanto puede resultar uno de los periodos educativos más fantásticos de todo el curso, una etapa que debe transcurrir fuera de las cuatro paredes del aula. Aquí no vale argumentar que los escolares disfrutan de demasiadas vacaciones. En vigilias y finales de las vacaciones estivales aflora una canción que se repite verano tras verano. Algunos sectores sociales se quejan del calendario escolar y exigen que sus hijos sean atendidos más horas en el colegio. Los niños deben hacer deberes, estudiar, jugar y relacionarse el resto del tiempo no lectivo. En ese caso no se está hablando de tener los alumnos con más horas de clase sino de vigilancia, distracción y juegos. En cierta forma se está instando que el colegio haga de casal veraniego durante las vacaciones y es aquí donde la clase dirigente aparece con su famosa frase, estudiaremos el caso, que a veces significa que amenzarán a la sociedad con cambios, no con mejoras. En ese contexto, sectores sociales y políticos son los buenos de la película mientras, la escuela, al no querer atender sin cobrar la guardería de adolescentes, la mala. Por desgracia llevan así muchos años con la misma tonada que se repite más que una canción de Chayanne. ¿No sería hora de pasar a gravar el disco y venderlo? ¿O quizás deberían dejarse las cosas tal como están? De hecho, desgasta mucho tanta polémica gratuita cuando se sabe que el problema de fondo es la falta de compromiso educativo de toda la sociedad, no sólo de los institutos. Hay que informar con claridad a las personas y explicar lo bueno y lo malo de ampliar calendarios escolares. Luego que decidan de una vez por todas o que callen para siempre. En este sentido lo que a menudo los dirigentes no suelen comentar al electorado es que tener hijos implica estar con ellos gran parte del tiempo y no encasquetarlos a los servicios públicos, algo que de hacerse, obligaría a papá estado a subir más los impuestos para pagar los nuevos servicios sociales. Ya se sabe que no hay duros a cuatro pesetas. Si hay que clarificar las cosas hay tres argumentos para dejar el calendario escolar tal como está y uno sólo para ampliarlo. Las razones que apoyan la actual agenda son las horas lectivas europeas, nuestro clima y el fracaso escolar extraescolar. El argumento que se esgrime para extender las horas lectivas es la necesidad de aumentar la atención de los adolescentes fuera de la familia. Veamos quien lleva la razón. La primera razón para no cambiar las cosas es que a nivel europeo nuestro país imparte más horas de clase que la media. Nuestro estado ostenta uno de los mayores récords en número de horas lectivas con respecto al resto de países de la Unión Europea, y estoy hablando de naciones como Finlandia que lucen los índices de éxito escolar más altos de nuestro pequeño continente y que aplican casi un veinte por ciento menos de horas de clase que nosotros. Por tanto, y en cuanto a vacaciones, o todos los estados europeos lo hacen mal o el nuestro se excede en sesiones de aula. La segunda razón, la climática, nos explica que por razones de temperatura concentramos en verano el mayor grueso de las vacaciones, en otro caso significaría impartir clases en julio con aire acondicionado, algo nada sostenible y muy caro dada la crisis económica vigente. En verano por tanto, y con nuestro clima, se hace imposible impartir clases. Alargar el horario escolar y dar clases durante el mes de julio sería un suicidio dada la sauna que se armaría entre adolescentes y sus feromonas. Nuestro clima hace siglos que nos marca el calendario lectivo y ahora todavía más con el asunto del calentamiento global. Por otro lado los docentes durante julio sí asisten a clases de formación, incluso fuera en el extranjero, en donde muy a menudo los cursos de calidad corren a cargo de los propios docentes. Un día me comentaba una profesora de historia que en el fondo quienes sentencian que los docentes tienen demasiadas vacaciones lo hacen por cierta envidia. En todo caso, ella siempre les repetía una broma, les decía que se hicieran docentes y así tendrían esas vacaciones tan deseadas. Insistía luego que ella les ayudaría, que les dejaría sus apuntes de universidad y del máster para ello, que en cinco años de facultad más dos de máster y otros dos de prácticas y oposiciones, tres o más para algunos, llegaría a ser profesor de instituto. Así pues, y con sólo diez años de preparación y estudios, obtendría sus tan apreciadas vacaciones estivales por un sueldo inicial que ni un albañil querría, unos 1600 euros netos mensuales. La formación de un médico dura más o menos lo mismo y al final cobran muchísimo más que un profesor, o la formación de muchos banqueros requiere mucho menos tiempo y descubra lo que algunos perciben sólo con sus primas. Pero, continuaba la profesora, quizás entonces uno se dé cuenta que aquello no era su vocación con lo cual se habrían malogrado diez años de su vida y del heraldo público por tal formación. La tercera razón es que el 99 % de los alumnos problemáticos se origina en el seno de familias con falta de un seguimiento continuado de los mismos. Ejemplos de ello son separaciones mal llevadas, alcoholismo, maltratos, abandonos, padres adictos al trabajo, familias desestructuradas, necesidad de trabajar para llegar a final de mes, egoísmos paternales y en definitiva, cambio de prioridades ante los hijos. Todo este caldo de situaciones conlleva que muchos zagales permanezcan sin tutela en el momento que salen del centro educativo, algo alarmante con el calendario escolar que se está exigiendo, es decir, unos piden más horas de colegio mientras ellos mismos no las dedican a sus descendientes causando el problema a solucionar, el fracaso escolar. El problema real, por tanto, no son más horas de colegio sino la baja atención de muchas familias con sus hijos. En ello hay padres que no quieren y otros que simplemente no pueden. La hipoteca por una vivienda cuyo precio sigue por las nubes o un consumismo extremo les obliga a trabajar todo cuanto pueden restando tiempo con sus chavales. Cuando los progenitores se dan cuenta de esa falta de atención sobre sus lechones, entonces intentan recuperar el tiempo perdido y a veces el trato con el hijo se extrema. Con poco tiempo disponible muchos padres suelen hacer dos cosas, o darle todo hecho y mimarlo, o ser algo distantes para no ser molestados cuando permanecen en casa. En definitiva, siguen siendo padres ausentes en la educación de sus retoños. Educar es algo más que tener a unos chavales en un colegio o alargar el horario escolar para que los centros hagan el papel de hogar familiar. Educar es dedicar tiempo a nuestros hijos sin exceso de mimos pero con justicia y cariño, educar es dirigirlos e incentivarlos hacia su autonomía y madurez. Darles todo hecho para que no nos molesten cuando llegamos a casa o ser un tirano por la misma razón, son los dos extremos a evitar. Si un día existiera un manual de instrucciones cuando se encargara un hijo una cosa fundamental constaría en él, hay que dedicarles tiempo de calidad. El problema no es aumentar las horas de colegio sino permitir a los padres dedicar mayor tiempo con sus hijos gracias a políticas de conciliación laboral y familiar. Eso pasaría por viviendas a precios razonables, avisos a los progenitores que desatienden a sus hijos y horarios laborales más adaptados a la realidad familiar. Por desgracia este último asunto no parece cuajar en nuestra sociedad. De los 766 convenios colectivos negociados durante el año 2005 en Cataluña, sólo el 14,62 % incorporaron la flexibilidad de horarios para compaginar mejor el trabajo con la vida familiar. Si todo el cojunto de medidas anteriores se aplicara, la atención sobre nuestros hijos podría beneficiarse y probablemente nos ahorraríamos el 99 % de esos alumnos problemáticos con rendimiento anómalo. Vistos los tres argumentos sobre horas lectivas europeas, nuestro clima y el fracaso escolar extraescolar parece aceptable que las vacaciones estivales mejor dejarlas tal como están. De hecho el descanso veraniego se hace necesario tanto para alumnos como para docentes. Una hora de clase implica una hora de tensión para controlar a los más de treinta alumnos que sin orden no aprenderían nada. Esta situación multiplicada por los tres trimestres genera un gran cansancio físico y sicológico a final de curso. En resumen, y para zanjar el asunto de los polémicos calendarios escolares. No se trata de si el colegio abre más o menos horas al año, se trata de una responsabilidad social que la escuela no puede asumir ella sola. Podemos culpar a la reforma, a los políticos, a la ESO, al colegio o al profesorado pero el mal de raíz, y cada día más, es la desatención de nuestros jóvenes fuera del centro educativo. Esta es la gran causa de fracaso escolar en donde se pierde de vista una máxima, y es que educar, educamos todos.

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