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jueves, 31 de enero de 2013

AULA DIGITAL FRACASO INTEGRAL

Cuando se habla de cómo enseñar en el aula hay quienes aseguran que las clases con un ordenador por alumno son la vanguardia y el futuro, que no hay vuelta atrás. Cierto que las nuevas tecnologías invaden útilmente nuestro progreso pero no por ello se justifica la digitalización total de nuestra enseñanza. Nuestro cerebro sigue idéntico al de nuestros antepasados del Paleolítico, al de los primeros sapiens de hace 200.000 años. Lo único que ha cambiado no es nuestra inteligencia, es nuestra tecnología. Un asno sigue siendo un asno por más ordenadores que tenga a su alrededor. Por tanto, y primera premisa, inteligencia y tecnología son cosas muy distintas. La segunda la escuché de un neurobiólogo que sí utilizaba potentes ordenadores en sus investigaciones pero no creía oportuno que cada alumno viviera embaucado ante una pantalla personal en el aula. Gracias a la neurobiología sabemos que la mano ocupa un volumen de neuronas enorme en nuestro cerebro, más que piernas y tronco juntos. Cuando un alumno anota lo escuchado, copia un esquema o pasa unos apuntes a limpio, estimula un número tal de neuronas que sin darse cuenta razona, piensa y memoriza lo que está observando, algo que con un clic en el ordenador no se desarrolla. Este argumento tan simple y demoledor jamás fue escuchado por los partidarios de un ordenador para cada alumno. Durante una conversación personal que mantuve el 23 de Noviembre de 2011 en el Parlament de Catalunya con el anterior consejero de educación de la Generalitat de Catalunya, el señor Ernest Maragall, se vio claro lo que ocurría. Maragall defendió a ultranza el proyecto de un ordenador por alumno, el proyecto llamado 1x1. << El 1x1 mejora el aprendizaje de los alumnos y los hace más libres de conocimiento – me insistía el consejero -. Ahora cada escolar desde su portátil puede acceder a la información y eso es un gran avance para los alumnos, les socializa y elimina las desigualdades económicas como nunca lo había hecho ninguna herramienta pedagógica. El 1x1 ofrece igualdad de oportunidades a los alumnos de toda clase social, ¿no se da cuenta del alto porcentaje de inmigrantes en nuestro país? Este sí es un problema importante de hoy en día, la gran desigualdad social entre nuestros alumnos [...], el aula digital elimina estas desigualdades. Ahora todos estos alumnos pueden acceder a la información a través de su ordenador y de Internet. Incluso se llevan el ordenador a su casa, se llevan EL MUNDO A SU CASA. Ellos con su ordenador pueden buscar toda aquella información que les falta o necesitan [...]. Ahora más que nunca tienen acceso a toda la información por la red, ahora más que nunca pueden tener igualdad social >> Algo que le insistí a Maragall es que todo aquello era al revés. Primero que la gran mayoría de estudiantes ya poseen ordenador en casa, móvil con Internet o simplemente locutorios sin necesidad de regalarles, subvencionarles u obligar a los padres a pagar un ordenador para cada alumno. Segundo que si lo que queremos es la igualdad entre todos los alumnos, inmigrantes o no, lo que debemos hacer es impartir los conocimientos contrastados que recibieron los docentes en nuestras universidades. En caso contrario, y dejando libres a nuestros estudiantes con su portátil, se enfrentarán a informaciones sin criterio en Internet. Y tercero, un ordenador para cada alumno aísla a todos los alumnos de los conocimientos contrastados del docente, sobretodo cuando se conectan al Facebook en clase. << Ya, es que el 1x1 requiere más esfuerzo por parte de los docentes – me argumentó Maragall -. Es la escuela la que debe adaptarse a la sociedad y no al revés. Con más esfuerzo docente el digital funcionará. Los docentes deben procurar que los alumnos no se conecten al Facebook durante la clase >> Y así se hace en los centros con programas que bloquean el acceso al Facebook y otras redes sociales pero, y a pesar del esfuerzo docente, los alumnos consiguen programas piratas de Internet para saltarse las barreras y se conectan nuevamente al Facebook o donde deseen, un hecho que por la cara que puso Maragall, obviamente desconocía. En fin, que un ordenador por alumno había complicado más que mejorado la enseñanza. Ahora muchos estudiantes se aislaban de la lección sin prestar atención a quien si poseía información contrastada, el docente. La igualdad de la que Maragall hablaba quedó extirpada ya que los conocimientos del profesor jamás eran impartidos entre sus escolares. Siempre fue mejor una sola pantalla digital, si funcionaba con igual celeridad que la de yeso, para explicar la lección a 30 alumnos, que no 30 ordenadores para cada uno de ellos. Jamás la modernidad justificó un ordenador para cada párvulo ya que los distrae más que los alecciona, los desiguala más que les informa, y los confunde más que les aclara. << Usted se opone a la modernidad – me comentó Maragall -, ahora las nuevas tecnologías ofrecen mucha información a todo el mundo. Hay que cambiar. Enseñamos igual como hace cincuenta años (y nos reproducimos como hace un millón, y no nos ha ido nada mal, ya somos 7.000 millones en el planeta). Las nuevas tecnologías son imparables y la escuela debe aplicarlas >> Las nuevas tecnologías desde los ochenta que se aplican, para prueba las miles de aulas de informática y pizarras digitales que existen por todos los centros de España, pero eso no justifica ni un portátil por alumno pagado por sus padres ni que el 1x1 sea imparable. Afirmar que algo es imparable sin más no demuestra ni su mejora ni su imparabilidad, sólo las ganas de imponer una obstinación. En 1940 también se profetizó que un movimiento social vitoreado por millones iba a ser imparable, el nazismo. Por suerte muchos lo detuvieron. La tercera premisa que atendí sobre el 1x1 no vino de un político sino de un economista. Un ordenador por alumno comportó un ingente dispendio público totalmente paradójico con la deuda estatal vigente, algo que Maragall también negó durante la anterior conversación. Mientras se pagaba a golpe de crédito por la instalación de cables, antenas y más ordenadores por todas las aulas peninsulares, se recortaba en número de docentes, en su nómina y en su potencial profesional al aumentarles el número de alumnos por clase y el de horas lectivas por docente. Es decir, más horas de trabajo, más alumnos y más aula digital pero menos salario, ¿cómo se comprende esto? ¿Alguien se volvió loco? Lo anterior no resultó ser la única paradoja que sufrió la enseñanza, también, y bajo la excusa de la crisis, los recortes en sanidad, investigación y educación proliferaron por encima de los de armas, defensa y seguridad nacional. Parece de sentido común que debería ser más importante un docente bien formado con iniciativas propias que unos individuos bajo ordenanza, los primeros impulsan el país, los segundos sólo cumplen órdenes. Aún así nuestros docentes sufrieron unos sueldos inferiores al de los oficiales militares y en ello la historia nos muestra el error de antaño, un error que ha implicado que se ostentara en España el mayor fracaso escolar de toda Europa, véanse los informes PISA y de la OCDE. La historia nos cuenta que durante la Era de Oro de la educación estadounidense, entre el 1925 y el 1958, una crisis económica como la española mejoró la educación por dos razones. La primera dejó claro que la gente bien formada era un valor seguro para impulsar y gestionar el país. La segunda fue que atrajo a personas altamente cualificadas para impartir clases. De hecho, y ante el paro acuciante, el de la crisis por ejemplo, muchos doctos se ofrecieron como docentes ya que los salarios que el Estado ofrecía eran justos. De hecho la administración estadounidense decidió estabilizar las minutas a los profesores suprimiendo otros gastos estatales. El resultado fue una mejora del sistema educativo y pasadas unas décadas, la mejora del Estado gracias a eficientes profesionales y óptimos gestores administrativos. Lo paradójico es que en España se hizo todo lo contrario con aulas digitales deslumbrantes pero con docentes bajo sueldos menores, más horas lectivas y más alumnos por clase, todo un corolario que empeoró nuestra enseñanza, ¿de quién fue la idea? Pero la cuarta premisa al respecto del aula digital provino del extranjero, y es que no existía ningún país que hubiera aplicado tal tecnología con éxito en sus institutos, a lo sumo había un par de experiencias locales que al final demostraron ser fallidas. Una lo fue en un centro de Suecia por los años noventa y la otra en el High School of Liverpool de Nueva York en 2007. Ambas fueron abandonadas por falta de resultados positivos y por la abrumadora fuerza de los negativos, los alumnos se distraían demasiado con su propio ordenador. Las TIC, o nuevas tecnologías, deben ser una herramienta auxiliar, pero no lo fundamental en la educación. En fin, que un ordenador por alumno resultó ser una quimera cara y difícil de comprender ante dos hechos: la crisis económica del momento y la gigantesca deuda estatal contraída.

martes, 29 de enero de 2013

SENADO VAMPIRO DE RECURSOS

El Senado español sale muy caro al contribuyente, más de 1200 millones de euros anuales. Si el déficit español en 2011 fue de 91.000 millones con 76 años senados así pagaríamos esa deuda. Otros países han suprimido al Senado y les va mejor que a nosotros. La función básica de este estamento es ratificar las leyes que aprueba el Congreso, en fin una duplicidad gubernamental. Ahora que tanto habla el Gobierno de adelgazar la administración repetida, ¿qué tal si empiezan por el Senado? Sin éste continuaríamos con democracia pero con menos costes para los paganos de todo esto, los votantes. Por otro lado, el Senado cada día se parece más a una oligarquía de viejos aristócratas. Todo aquel político caduco parece tener derecho, bajo el amparo de su partido y vía comicios, de pertenecer a esta entidad gubernamental para así pasar el fin de sus días. Pero para ello no hay que ostentar méritos, sólo haber ejercido un alto cargo independientemente de si se gobernó bien o mal. Pongamos el caso de dos senadores, el señor Saura y el señor Montilla. Por un lado, Saura como consejero de interior izó un plan para reducir la polución por Barcelona obligando a sus 80 kilómetros hora por todas las autovías y autopistas circundantes a la ciudad, medida que jamás, y repito, jamás, redujo la contaminación pero si impuso miles de multas. Por el otro lado, Montilla como presidente de la Generalitat catalana, endeudó a esta entidad y a España como jamás lo hizo nadie. Saura y Montilla hoy en día son dos de los 266 senadores, dos que poco aparecen en los medios después de su nefasta gestión de los recursos. En fin, en política hay que confiar en la competencia de los incompetentes. El Senado contiene a muchos de ellos.

LA MIRADA D'ISLÀNDIA (XIII)

MOLT GEL I POCS CUBATES (un dimarts dels cars) L’objectiu d’aquell jornal passava per fer un passeig per sobre del Kverkfjöll, una llengua subsidiària de la gegantina glacera del Vatnajökull. Matinàrem i ens posarem grampons a la sola de les botes, claus de ferro per no fer patinatge sobre gel. Portessis la goma que portessis l’aigua gelada lliscava com un dimoni i les meves botes no estaven massa per a moltes doblegades, una d’elles ja mostrava el taló arrancat. Per sort els grampons la van fer restar adherida un dia més. L’ascens fou calmat i rítmic, pas a pas, retruny a retruny, de fet les botes crepitaven a cada gambada. El gel, dur com una mala cosa, semblava aliè als claus dels nostres grampons, no se’n queixava. Tot i allò sí que ocultava la seva amenaça, la seva venjança. La colla que érem seguíem amb cura totes les instruccions dels guies del refugi, la glacera amagava moltes esquerdes i avencs que podien engolir al més valent. Per tant millor ser prudent, millor acatar els consells dels dos muntanyencs i el camí que traçaven. Fent tantes fotos vaig anar-me quedant cada cop més enrere. Aquell paisatge m’estava captivant, m’estava impressionant, i més com a geòleg. Vaig aturar-me a contemplar-lo i les meves botes van deixar de crepitar sobre el glaç, aleshores va aparèixer una altra essència d’Islàndia. Igual que les capes de gel de la glacera s’amuntegaven una sobre l’altra, els estrats del silenci feien el mateix, un mutisme que pas a pas es feia cada cop més profund. Des d’aquella quietud em vaig dedicar a badar, a observar l’horitzó, una llunyania tenyida de terres vermelles, de rovell, d’ocre lluent al rebre els intensos raigs de llum de mig dia. Però no, la llum no ho era tot, per sembrar malastruga també plovia, ploviscava, pluja fina, suau de tacte, de forta molladissa, en fi, per acabar xops. Sol i plugim cobrien d’un vernís daurat el reflex de la glacera. Però no tot lluïa, la hipotètica blancor del gel era sols allò, hipotètica. A Islàndia les múltiples erupcions embrutaven de cendres els estrats de gel. Comparat amb altres glaceres del món, les d’aquella illa esdevenien les més marranes del món, les més plenes de sutja. Però aquests sediments no els robaven bellesa, ben al contrari, entre torrents, salts i congostos que esgarrapaven la superfície de la glacera, s’hi dibuixaven i colpien cases de fades, fins i tot les cendres volcàniques escampades per clots i superfícies produïen relleus estranys i plens de misteris. Grans munts de gredes negres s’enlairaven per sobre el gel com si de grans bisbes grassos es tractés, com de grans tous de fems. La raó? El gel s’havia anat desfent al voltant de grans clots plens de cendra, clots que havien passat a ser túmuls sense l’antic gel que els envoltava. Era molt curiós com a Islàndia els volcans havien jugat un paper tan singular sobre les glaceres. L’últim en crear aquells blancs bruts i grisos havia estat en Pep, l’Eyjafjallajökull. Durant l’abril de 2010 en Pep havia fet grans moviments per dessota la massa de gel que l’ocultava. Sota la glacera s’havia complicat tot, senyal d’un terrabastall imminent, de grans focs d’artifici. Si seria o no perillós l’Eyjafjallajökull, si la premsa ho va adulterar o si l’espai aeri va romandre tancat sota raons inhòspites en breu obtindria respostes gràcies als nostres dos guies, elles eren enginyers experts. Ambdós havien tingut accés als informes i dades de l’IMO, l’Icelandic Metereological Office, per això sabien que el 13 d’abril de 2010 la cosa ja pintava bastos. S’havien detectat canvis de pendent pels voltants d’en Pep, augment de la temperatura del sòl i el més significatiu, havia augmentat molt el nombre de petits sismes dins del volcà i voltants. No es podia fer una altra cosa i l’IMO va declarar l’alerta sísmica, el fill estava a punt de néixer. A l’endemà, el 14 d’abril, ja no es podria fer res, bé, una cosa si es va decidir, tancar tot l’espai aeri europeu. Allò va encendre disparitat de criteris i visions entre els estats de la unió, que com sempre, no es van posar massa d’acord. En breu hi arribem, a la desunió de la unió. Davant aquell quadre d’aquarel·les blanc i negre, la glacera estava solcada per mil i una torrents de xipolleig net i cristal·lí. L’erosió que produïa aquell desglaç estiuenc era calcat al carst en calcàries i roques de sal. Rasclers, coves, esfondraments, pous, avencs, congostos, marmites de gegant, colades de pavimentació i estalactites de gel omplien aquella extensa plana que les meves espellifades botes tan toscament trepitjaven. Però, i en la base profunda entre gel i substrat, s’hi movien com a serps rius termals que excavaven coves, pous i ponts. Tot plegat un univers de plastilina cendrosa entre blancs de glaç esfilagarsats, un relleu de conte d’infants, de pastís de noces. Al final la pluja ens regalà quelcom esplèndid, una ombrel·la que obrí els seus braços al vessant nord de nosaltres, un imponent arc de sant Martí. Fent tantes fotos com feia, m’havia quedat massa enrederit i aleshores va tornar a ocórrer. Vaig aturar la màquina de retratar i vaig fer el mateix amb la respiració per escoltar bé el silenci, i no, no hi havia dubte, algú m’observava, li sentia l’alè just darrere meu. Per la direcció que prenia el baf era més alt que jo, fins i tot m’atreviria a dir que molt espatllut. No es movia, i jo cagat de por, no m’atrevia a girar-me. Trobar-se amb un troll al bell mig d’Islàndia no semblava cosa de festes. De sobte em sobrevingué el desig al cos, havia de fer-ho, el retrataria, per tant, i amb molta cura, vaig posar altre cop en marxa la màquina fotogràfica, vaig seleccionar un diafragma tancat per captar major profunditat de camp i vaig connectar el flash per reduir ombres de contrallum. Un, dos i ... em girà, allí estava, palplantat, un pèl enfurismat per l’espera, morrut del tot. No era cap al·lucinació, era en David, el guia que al fer-li jo més por que una pedregada, se’m posà a cua per controlar totes les meves llargues aturades i inexpertes passes per la glacera. Entre tantes esquerdes i amb unes botes desangelades que clamaven restauració urgent, en David m’estava fent d’àngel de la guarda. Tot i així, i després de la seva inestimable paciència, no fou prou per evitar l’inevitable en mi, el desastre. Passaren unes hores sobre el gel i avesat als claus en les meves botes vaig confiar-me. Amb un calçat per jubilar, inexpert jo en grampons i una gelera plena d’irregularitats vaig cometre un error flagrant, un atac d’heroïcitat. Fent salts sobre la glacera, patapam, vaig amorrar-me al terra. El pitjor de tot allò fou la dolorosa torçada de turmell. Havia begut oli, i ja en el refugi, l’inflor tenia la mida d’un ou, d’un d’estruç. Vaig dipositar el meu peu en l’aigua més fàcil de trobar allí, la de la glacera. Una hora més tard, i tot i l’aigua glaçada, el dolor perseverava sense jo poder gaudir de cap altre distracció. Tot i així, vaig distreure la vista amb el que onejava al compàs de la brisa d’aquell vespre, la bandera d’Islàndia que tot refugi enlairava, un símbol que descrivia amb gran encert aquell país. Similar a moltes de les nòrdiques, una creu horitzontal amb un fons homogeni, el seu cromatisme descrivia quina era l’essència d’Islàndia. El fons era blau pel mar que envoltava l’illa, la creu vermella pels volcans que hi escopien foc i els límits de la mateixa rodejats d’una franja blanca per les glaceres que s’hi assentaven al damunt, un quinze per cent de tot el territori nacional. Fou aleshores que em preguntà si la bandera espanyola tenia tanta poesia en els seus colors. Amb el meu peu en remull molts foren qui mostraren curiositat per veure el meu ou d’estruç, ou blavós per tanta estona en aigua glaçada. Era, per tant, hora de treure el turmell del cubell, i quin caminar se’m posà. El fet d’anar tan coix va cridar l’atenció a tots els habitants del refugi, fins i tot em van regalar una bena compressora i una pomada desinflamatòria a l’efecte, bona gent els muntanyencs. Mentre, jo patia per la meva imminent invalidesa, ¿com m’ho faria durant la resta del viatge? ¿Com m’ho faria per pujar a dalt del Pep? De moment vaig romandre quiet, amb el peu en alt i gaudint del sopar a l’hora islandesa, les 19.00 hores. Hadar, la dona israelita que m’havia passat la pomada per al turmell, va donar-me conversa, i ara sí que no podia desestimar els seus assumptes, el seu tema capdal. Vaig passar de les brases a la flama, del desinflamatori a l’explosió, al seu conflicte, el palestí, que també jueu. La parella de semites que viatjaven amb nosaltres, en Roee i Hadar, joves enèrgics de lo seu, em volien explicar, tant sí com no, i en primera línia de foc, què passava per Israel. Si en Pep, l’Eyjafjallajökull, amb els seus focs m’havia fet venir a Islàndia, ara coneixeria les cendres entre Israel i Palestina. Deia Loïck Peyron, guanyador de la Barcelona World Race 2011, que el mamífer més perillós del planeta era l’home, i si aquest tenia poder, com era el cas dels polítics, molt més encara. Israel i Palestina n’eren un clar exemple, les seves demagògies d’un en contra l’altre havien deixat als civils moderats fora de combat. O estaves a favor seu o en la seva contra. Això era degut a la menjada mental que rebien uns i altres. Per exemple el servei militar a Israel era de 3 anys per als homes i de dos per a les dones, temps el qual els allistats rebien un ensinistrament del tot partidista. Si et casaves la muller en restava eximida o amb reducció mentre que el marit no pas. Podies negar-t’hi, però la garjola t’esperava. En definitiva, l’exèrcit israelita sempre ostentava un gran nombre de soldats, i tothom sap què implica ser soldat, no pensar. L’odi o la por als musulmans es feia patent quan parlava amb en Roee i Hadar, la qual cosa no fou diferent en altres viatges quan vaig mantenir equivalents converses amb palestins. En aquell cas en Roee sentenciava que els palestins no els volien, que tot i no pagar impostos i esdevenir uns mantinguts d’Israel, sols practicaven l’agressió i el terrorisme, que Israel era la víctima, que ells, els palestins, mai no volien pactar, que sempre es queixaven i que ho volien tot, que eren radicals d’idees, en canvi els jueus se sentien no entesos, se sentien atacats, amenaçats, assassinats, per això s’havien de defensar, que si no es mataven tots entre tots, mai no hi hauria pau a la regió. Després de l’holocaust nazi, les Nacions Unides, i no sense molta pressió per part de jueus influents, van permetre que milers de semites poguessin viure a Palestina, una terra d’on foren expulsats per Roma feia gairebé dos mil anys. En fi, que seria com si l’ONU atorgués als àrabs el dret a ocupar l’antiga Al-Andalus, ¿i estaria vostè d’acord? El conflicte entre Palestina i Israel era ja fàcil d’entendre aquella nit, uns se sentien ocupats, els primers, i els altres atacats, els segons, un tomba i que gira de feia més de seixanta anys, un conflicte on uns dirigents alimentaven l’odi dels uns contra els altres. Em va quedar clar que Islam i Judaisme tenien molt en comú, les dues eren semites, les dues eren bastant tancades i consideraven la seva religió la millor. Del cert que quan li vaig comentar a Roee que des de poc després de la Segona Guerra Mundial els palestins se sentien ocupats pels israelites ell va admetre que potser sí. Es feia obvi que amb l’ull per ull, llei jueva, tots dos, israelites i palestins acabarien cecs. Però el cristianisme tampoc mai no s’havia quedat curt, tots sabem el que va fer pel món. Aleshores, i per treure ferro a la conversa, se m’acudí explicar-li el següent al Roee i la Hadar, que tres religions que partiren del mateix Déu, sempre s’havien esta donant d’hòsties. Iavè fou el Déu de Jesús, Mahoma declarava a Jesús com profeta d’Alà i Jesús mai no va voler crear una nova religió anomenada cristianisme. Potser tot plegat havien estat estratègies de màrqueting d’un sol déu per diversificar un mateix producte amb tres marques diferents, tot per no fer-se competència i aconseguir el màxim nombre de consumidors. Els tres grans déus havien estat sucursals de la mateixa multinacional ja que tots érem fills de Déu, d’Al·là o de Iavé, per això Bush va lluitar en nom de Déu, Saddam en nom d’Al·là i Israel en nom de Iavé. L’únic qui es va manifestar en nom de la pau fou el poble. Llàstima que la pau mai no va ser un Déu. Vaig afegir que Jesús mai no va ser ni blanc, ni ros, ni de ninetes clares. Vivint on vivia, Palestina, el més obvi fou que ostentés trets semites d’orient, ulls, cabells i pell foscos. Raons? Anomenava a tothom germà, li agradava el Gospel, i mai no va tenir un judici just. Com va poder ser blanc? Va ser negre!!! En Roee i la Hadar van riure i la conversa sobre el conflicte palestí va restar tancada. Entre palestins i israelites es podia enunciar el que vomitava l’Albert Boadella, que els nacionalismes eren com els pets, a un sols li agradaven els seus. Però millor quedar-se amb el que deia un soldat de la Luftwaffe alemanya, Erich Hartman, que la guerra era un fet monstruós on homes joves que no es coneixien ni s’odiaven es mataven sota les ordres d’homes vells que sí es coneixien i s’odiaven, però que no es mataven. Quelcom semblant va dir Paul Valéry. Ara mateix no sé qui va plagiar a qui. Però Islàndia, illa tranquil·la i pacífica, restava infinitament lluny d’aquella conversa i del conflicte palestí, de fet ja vam dir que el país no tenia exèrcit, veuen que intel·ligents els islandesos. Jo aquella nit, i sota els efectes d’un ibuprufè, un paracetamol i uns cigrons de llauna escalfats a la cuina del refugi, vaig dormir com un soc per tornar a delirar. Aquest cop, i amb el turmell en remull davant la glacera del Kverkjöll, restava meditabund i penedit per no haver-me comprat unes botes noves, en contrapartida les meves volaven allunyant-se i escridassant-me, ets un garrepa. Al meu darrere un elf de cara punxeguda, de ratolí, d’orelles enganxades al clatell i amb casc de víking em compadia tot dient-me, ai David, quan no és un all és una ceba. I aleshores, baixat del cel, se m’aparegué Jesús dient-me, jo vaig ser un paio d’esquerres que se’l van fer seu els de dretes, i pensa que en el món sols hi ha tres tipus de persones, els d’esquerres, els de dretes i els polítics. Déu ni do de somni.

sábado, 26 de enero de 2013

NO PUEDO CON MI HIJO

Ahora se les llama disruptores, díscolos o los malos de la clase. Cuesta a veces aceptar que un hijo es tal o pascual, pero si más de un docente se lo ha dicho, quizás éstos lleven razón. Detectar escolares de esta índole suele ser bastante fácil ya que llaman mucho la atención. Con alardes de gallardía, gritos y algunos, no me ralles, dan a conocerse ante el resto de asistentes. Ante tal reacción, y si el adulto denota miedo, ellos crecen en valor y osadía. Conocí una vez una directora blanda que se ganó por el instituto el apelativo de profesora Red Bull, ¿por qué? Por que les daba alas. La disciplina en ese centro resultó ser muy deficiente y sólo fue restaurada cuando cambió de nuevo la dirección. Por tanto, ante un díscolo que le amenace con un no me ralles, sepa que usted, docente o padre, sí puede y debe rallarle. A veces en estos casos es bueno quedarse con ellos. - No soy un tocadiscos. Añadiendo si acontece que usted es un rallador profesional y que por eso tiene el deber y la obligación de rallar al púber, yo puedo rallarte tantas veces como quiera. Estas situaciones de conflictividad se dan sobretodo entre los 14 y los 16 años. Estos alumnos antes se iban a la formación profesional o al mercado laboral donde sus despropósitos topaban en breve con un salario que les ablandaba sus alardes. A su vez, la desaparición del aula abría las rejas de su antigua cárcel y se sentían mejor que dentro de ella. Por decisiones políticas la ley cambió y hoy en día los díscolos de entre 14 y 16 años viven encarcelados en la ESO perdiendo su tiempo y estorbando a los que sí quieren aprender. Sabemos que los menores de dieciséis no pueden trabajar y que están obligados a permanecer en un centro educativo aún siendo díscolos. La ley sanciona asalariar a un menor de dieciséis siendo delito contratarle. Entonces hay que plantearse lo siguiente, cuando un alumno con catorce años ya no quiere seguir estudiando por más presión que se le aplique, ¿qué se hace? Pues se le obliga a permanecer dentro del aula dos años más y eso duele. Es obvio que esta normativa no permite que los adolescentes que no les guste el instituto puedan hacer lo que realmente quieran: trabajar y formarse. Por tanto aquí no pida milagros al centro educativo ya que el resultado de todo lo anterior es que el encarcelado no se está quieto, todo lo contrario, reclamando su libertad de decisión, se dedica a provocar e interrumpir al docente para llamar la atención. El aula se le convirtió en jaula, su potencial personal no se aprovechó y él se ha transformado en una fiera. El posible aprendiz ataca y los profesores no son domadores de leones ni asistentes sociales, solo simples formadores. En fin, que sin motivación alguna, los díscolos se dedican a molestar y a poca cosa más. Admitamos, por tanto, que para estos adolescentes díscolos de catorce años el trabajo potenciaría su equilibrio entre derechos y obligaciones, hasta les haría valorar lo material, les haría respetar a quienes tienen trabajos pesados y socialmente poco reconocidos, les acercaría a comprender mejor a los adultos y eso estimularía lo que la adolescencia rompió, la confianza entre ambos. Aún así, los expertos no escuchan en demasía estas promulgas y los disruptores permanecen en el instituto sin dar beneficio alguno. Cabe recordar que antes no era nada malo que a los catorce años un adolescente ejerciera de aprendiz en una empresa, los ahora llamados minijobs que tanto triunfan en Alemania. Pues bien, cuando un alumno por falta de capacidades, interés o presiones familiares se le ponía a trabajar, nadie elevaba el estandarte de la explotación laboral. Esos catorce años le daban pleno derecho a ser aprendiz y penetrar dentro del mundo salarial. Por otro lado, y si la enseñanza continúa siendo pagada por el estado, es decir, por todos nosotros, es paradójico que un adolescente que no quiera aprovechar esa inversión la malgaste repitiendo curso, calentando una silla y los ánimos del grupo, ¿o acaso a usted con la crisis que corre le place pagar a alguien lo que no desea aprovechar?, ¿no sería mejor que el protoaprendiz pasara a formar parte del mundo laboral y así invertir lo que cotizaría en una enseñanza de mayores prestaciones? El Ministro de Educación y Ciencia en el 2007, Alejandro Tiana, declaró en abril de ese mismo año que en España las deficiencias del sistema educativo suponían para las arcas públicas un coste de 1.000 millones de euros al año para atender a los alumnos repetidores. Es decir, más de 15.000 millones de euros en lo que llevamos de ESO. Dicho esto, ¿no les parece que el mundo de la educación está más que vinculado a nuestro universo económico? Si una empresa hiciera lo que hacen los centros públicos caería en bancarrota bajo el enfado justificado de sus accionistas por falta de transparencia económica. Ya hemos dicho que la mayoría de conflictos escolares se dan a partir de los catorce años de edad. Para paliar el asunto algunos expertos proponen que los docentes asistan a cursos sobre educación emocional, conflictividad y relaciones interpersonales, derroteros que poco neutralizan el causante del problema, el anómalo, ni su angustia, el aula. Otros especialistas plantearon durante el 2012 impartir una materia más en la ESO, una de inteligencia emocional entre los adolescentes y así doblegar a los díscolos, aunque lo fundamental es qué hacer con la minoría de disruptores y no con la mayoría que ya saben portarse bien. Una alternativa que algunos docentes argumentan es que quien no quiera aprender que produzca para la sociedad. Ésta es, junto con todos nosotros, quien le está pagando una educación que el díscolo no sabe aprovechar. Obligado a permanecer en el centro hasta los dieciséis, perjudica con su egoísmo a una gran mayoría. En tal caso, una prestación social o laboral como aprendiz combinada con estancias cortas por el instituto resolvería todo esto sin violar la ley de los dieciséis como edad educativa obligatoria. Educar se le seguiría educando en el mundo social o laboral, y si quisiera volver al canal normal de enseñanza, siempre podría matricularse de nuevo. Cualquier miembro de nuestra sociedad debe comprender que vivir en ella comporta saber dar para recibir. Si hablamos de educar a esta minoría conflictiva, la prestación social o laboral les formaría, y a su vez, permitiría impartir clases a una mayoría que así lo deseara. En fin que si un escolar de perfil inteligente, rebelde pero holgazán no aprovecha el gasto público que la sociedad le brinda, entonces que trabaje para ella, que haga un servicio militar por ejemplo. El juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, así lleva dictadas muchas sentencias sagaces. Este magistrado ha condenado a menores muy conflictivos con penas muy peculiares. Su intención con ellas era que tomaran conciencia de sus errores y de la reciprocidad social necesaria entre todos. Como el juez defendía, para educar a esa minoría conflictiva, la prestación laboral o social les podía formar. Él, con más de 12.000 casos tratados, ha sentenciado a díscolos con aprender a leer y a escribir, a servir el catering en centros de paralíticos cerebrales, a trabajar en centros de atención para indigentes o ancianos, a ayudar en asociaciones de vecinos y hasta a alistarse en el ejército. Como este juez decía, “para que un menor no reincida, lo primero es que sea consciente de lo que ha hecho y que se dé cuenta que vivimos en comunidad. Estos servicios sociales les ayudan a entender”. Volvamos por tanto a las prestaciones laborales, y a una comunidad autónoma que sí tiene las cosas claras, algo que usted podría pedir en su centro. Ahora la ley da cada vez más autonomía a los institutos. En la comunidad balear se dieron cuenta que en secundaria el principal fracaso escolar lo protagonizan los alumnos de 14 a 16 años, los que ya no quieren estudiar pero si incordiar al resto, ¿que tal, y sólo para esos escolares, una alternativa de tipo laboral, de prestación de servicios sociales o de aprendiz en una empresa? En otro caso deberíamos admitir que el sistema educativo actual no resuelve el problema de los escolares que a los 14 años deciden no estudiar pero sí querrían trabajar. Un buen sistema puede educar a quien se deje, no a quien de antemano lo rechaza, ¿acaso usted sabría como curar a un drogadicto que se negara a asistir a una terapia?, ¿le obligaría a sabiendas que nada haría él por curarse? Añadamos que la ESO significa enseñanza secundaria obligatoria pero en nada se obliga a estudiar a quienes se niegan a hacerlo. Es pues de sentido común potenciar vías de reinserción laboral ya a los 14 años, algo que los de la comunidad Balear jamás vieron como una utopía. Sirvan de ejemplo los proyectos PISE e ISLA implantados en Ibiza, algo que el propio Gobierno autónomo inició con gran aceptación por todas las partes, padres, alumnos y docentes. La comunidad autónoma Balear, y su delegación en Ibiza, dio ejemplo de algo que parecía imposible, un Gobierno muy versado en los asuntos educativos, ¿la razón? Pues que de todos los miembros del Consejo Insular más de la mitad son docentes. Así se comprende que para resolver el asunto de los adolescentes díscolos se optara sencilla y tranquilamente por vías de reinserción laboral ya a los 14 años, algo que con los actuales planes de autonomía de centros educativos los padres pueden proponer y defender. Los proyectos PISE e ISLA que desarrolló el Consejo Insular y los ayuntamientos son un ejemplo con éxito a seguir. El proyecto PISE, programa de inserción social y educativo, fue impulsado por el Gobierno Balear. Los alumnos de menos de 16 años con riesgo grave de abandono escolar son introducidos en este programa. De los cinco días de la semana, cuatro los pasan trabajando en una empresa como aprendices y el quinto en el colegio asistiendo a clases de matemáticas y lenguas. Durante el curso, y si aquellos alumnos lo desean, pueden presentarse a exámenes de recuperación para volver de nuevo a la ESO. Por otro lado, existe el proyecto ISLA, programa de inserción social y laboral. Este recae en los ayuntamientos y es para alumnos mayores de 16 años, es decir, en edad plenamente laboral. El objetivo es realizar una previsión de los escolares que padecerán dificultades para encontrar trabajo. A tales escolares se les ofrece una formación específica en matemáticas, lenguas u otras áreas para facilitarles su inserción laboral. Tanto los programas PISE como ISLA sacaron y sacan adelante a muchos zagales calificados como díscolos pero que en realidad resultan sólo adolescentes encarcelados en clase. Una reforma educativa sin sentido los tuvo presos en un aula sin ninguna otra opción que incordiar. La ESO, en eso, fue deficiente. Si ahora en el centro donde usted tiene a su descendencia los disruptores no pueden optar a un plan ISLA o PISE, ¿qué puede esperar del instituto? Pues dos cosas, unos docentes diestros con los díscolos y una dirección que los apoye y defienda con normas claras y eficaces. Hablemos primero de los profesores y luego de la directiva. Ante el disruptor lo peor que hay es un profesor histérico. En el momento que un docente se pone a chillar nerviosamente para imponer su disciplina, el alumno ve ganada la partida, ha sacado de sus casillas al educador y éste ya no se controla ni a si mismo. Valore aquellos docentes de buen temple, distancia y una pizca de ironía con los díscolos ya que este tipo de alumnos sólo pretende llamar la atención. Para ello a veces da buenos resultados la indiferencia ante el perturbador. Si éste busca el protagonismo no hay que alimentar su ego en demasía. Ignorar durante la clase las fechorías pequeñas suele ser efectivo. Sólo cuando cumpla con algunos de sus quehaceres se le pueden ofrecer pequeños y leves premios pero, y muy importante, sin mirarle a los ojos. Los humanos poseemos una mirada muy singular ya que tenemos el iris rodeado de blanco, es decir por la esclerótica. Este rasgo nos permite saber de lejos hacia donde miramos mientras que la mayoría de mamíferos les es imposible al no poseer esta característica. Por tanto, si miramos a alguien le estamos diciendo que reconocemos su presencia pero en caso contrario que lo ignoramos. Esto es algo ancestral, instintivo. Si al alborotador no se le contempla se le niega la existencia, se le deja sin el protagonismo que desea, algo que ahora deberá ganarse de otra forma, si es posible sin fechorías. Téngase en cuenta que muchos turbulentos lo son por qué en casa no fueron atendidos ni controlados desde su infancia bajo un exceso de permisividad. El educador que les rete a ganarse su reconocimiento puede generarles confianza por la mera situación de verlo como un referente paterno que no poseen en el hogar, al ver que alguien sí les hace caso. Un profesor de literatura les contaba cuentos para calmar sus endorfinas. De hecho eran leyendas encubiertos ya que primero les leía un texto histórico en voz alta con el cuento que era un cuento, una técnica a la cual atendían ya que sus adultos poco les contaron fábulas. Luego les pedía un intercambio de opiniones al respecto para reforzar el recuerdo de la historia durante el resto de la clase. En ello instigaba a sus estudiantes a construir internamente nuevos pensamientos y con ello a utilizar un vocabulario a menudo no utilizado, el culto. Al final les pedía una redacción corta, de cinco líneas, con la misma intención. Escribir refuerza la memoria, fija conceptos en la mente y enriquece el vocabulario. Este docente en cuestión poco o nada expulsaba a sus alumnos del aula, sus cuentos domaban a sus dulces fieras. Con todo lo anterior no se quiere eliminar la sanción como medida de presión aunque el castigo lleva demasiados cursos acompañando y acostumbrando al díscolo en su principal deseo, llamar la atención para alcanzar el protagonismo que en el hogar no ostenta. Eso nos lleva a que la punición debe aplicarse en privado y lejos del resto del grupo, pero no hay que esperar demasiado tiempo, cuando la hace la paga. Después de la clase se la da el parte. Si se espera a mañana un adolescente ya quitó importancia a lo acontecido en su pasado reciente y se enfada al no comprender la sanción de algo pretérito. Anteriormente ya comentamos el truquillo de un profesor jubilado ante estos púberes alborotadores. Reunidos en privado entre las paredes de un despacho el viejo maestro le mostraba al sedicioso lo que decía su informe escolar, lo que se había escrito de él desde primaria. <> Ese era otro estilo de retar a un díscolo. Al llamarle previsible le robaba de nuevo su esencia, su existencia ante los demás y lo reducía a algo común y del montón, situación inaceptable para un adolescente que busca su identidad como adulto. Si podía ser otra cosa mejor que un simple folio dependía sólo de él, una hoja carece de capacidades mentales, él no. En una ocasión me contaba este educador que en privado utilizó palabras fuertes con un alborotador que pegaba a su madre. Su intención era utilizar el mismo lenguaje que el agresor. Imitar a un oponente durante un debate con sus gestos y sus posturas da a entender inconscientemente al contrario que os parecéis, que hay empatía entre ambos, vaya que le caes más simpático y este baja la guardia. Alcanzar la confianza de un púber resulta algo fundamental para todo educador. Así pues, proferir algunos tacos sin histerismo ni odio, sólo con picardía y en privado, le daba a este profesor cierto acercamiento hacia sus adolescentes. <> En clase también existen algunos trucos que pueden neutralizar a los alborotadores. Una joven matemática lo tenía muy claro en sus clases. Cuando un disruptor entraba en acción impidiendo dar la sesión, ella, y con un tono de voz tranquilo y sin ensañarse, contaba lo siguente al grupo sin mirar a los ojos del turbulento. << Miguel sólo quiere llamar la atención como un niño. Si vosotros, futuros adultos, estáis pendientes de él alimentáis sus gamberradas. Él no quiere o no se atreve a resaltar con los estudios, algo en lo que nosotros no tenemos la culpa. Te rogamos Miguel que nos dejes dar clase, por favor. Esperamos a que pares >> Y eso conseguía nuevamente tres reacciones, robarle la identidad al no mirarle, reducir su protagonismo y retarle a mejorar o a callarse durante futuras sesiones para no hacer más el ridículo. Obviamente el díscolo se enfadaba al ser tratado como un no adulto, lo que todo adolescente desea, pero sí como un niño, lo que era en esos momentos. En tal situación hay que encomiar lo que esta educadora practicaba, evitaba caer en la provocación de su adolescente ya que si así lo lograba, él ganaba pero ella perdía. Sorprenderlo con la indiferencia le daba ventaja, primero al evitar el enfado y segundo, controlando ella la situación, no el díscolo. Al final éste claudicaba, no hay tempestad que dure siempre, y hasta luego buscaba la simpatía de aquella educadora. Eso es curioso, pero los docentes que marcan su distancia retan muy a menudo a los púberes a alcanzarlos. Si un díscolo así lo intenta con un profesor, algo muy bueno está haciendo ese educador. Quizás el disruptor busca ese adulto alguien que le atienda pero que en casa no existe. Otro mecanismo de control sobre los revoltosos es la espera. Ellos están en nuestras manos y en la cartera de sus padres. Un momento u otro pedirán algo que sólo el adulto les puede ofrecer. Cuando ello ocurra, es bueno dejarlo en la duda ante su demanda. << Me lo pensaré pero, ¿qué crees que deberías hacer para facilitar lo que pides? >> Con tal frase, sin un NO ofensivo por respuesta, el educador debe marcharse inmediatamente fingiendo prisas por llegar tarde a otra clase y dejando así al perturbador para que piense, reflexione y despabile en positivo si quiere lograr lo solicitado. Pero no sólo de docentes diestros se vale la neutralización de alumnos disruptores. Algo que una familia debe esperar de un centro, hasta exigir, es un marco de disciplina que la directiva del centro debe aplicar con toda eficacia para que uno, el díscolo, no se haga con el poder de la clase perjudicando a la mayoría que sí quiere trabajar, o simplemente comportarse. En este sentido usted puede pedir que haya unas normas básicas en el centro a su disposición en forma de documento. Este podría ser consultado y hasta firmado para ratificarlo como un pacto entre instituto y familias dando éstas su beneplácito y su inequívoco compromiso en ello. Una dirección escolar sin titubeos ni dudas sabrá cuando aplicar la máxima sanción a un díscolo, la expulsión, habiendo gastado todos los caminos de límites y seriedad ante tal tipo de alumnos. Con todo lo anterior, lo más importante para erradicar púberes alborotadores no se halla ni en una disciplina férrea ni tampoco en técnicas de sicología por diestros docentes, se halla en algo previo, en el más vale prevenir que curar. En primaria siempre se estuvo a tiempo de moldear y marcar un buen camino educativo, luego con la adolescencia las cosas se retuercen en demasía y llega el ruido, sus desplantes, exigencias y pugnas por su individualidad. No es de extrañar que muchos padres se hallen desbordados y se pregunten: - Y ahora, ¿qué se puede hacer? Con franqueza, a veces deberíamos preguntarnos qué no se hizo. En fin, que hasta finalizar primaria siempre se está a tiempo de moldear y marcar un buen camino educativo, luego en primero de ESO se está a tiempo pero con esfuerzo, en segundo puede que todavía se esté, en tercero puede que no y en cuarto suele ser que ya no. En fin, que a los dieciséis deberá ser él quien decida su futuro, con los adultos cortó la comunicación para tenerla con su grupo de nuevas amistades. Así pues, y en asuntos de educación, es mejor prevenir durante la infancia que curar cuando ya les sale el acné y te pasan un palmo. Las etapas infantiles son fundamentales para la educación. En esa etapa son barro tierno que puede moldearse, en la pubertad ellos querrán esculpirnos a nosotros. Por tanto, alabe al colegio que impone disciplina en la más temprana infancia, al que ejerce de educador y no de víctima de los alumnos, al que avisa a los escolares ante sus travesuras y en caso de repetirlas, sanciona. Si el primer día pisó el sombrero del jefe de estudios y éste no le dijo nada, imagine que hará cuando el zagal tenga uno propio, si es de sombrero, perder la cabeza, si es de jefe, perder el trabajo. En eso insistamos que el docente que aplica la sanción sin demasiados argumentos en el momento de la infracción es más respetado que el que lo hace pasados unos días. No se debe esperar a luego porque luego será jamás y el adolescente habrá perdido la noción del error que realmente cometió. Ante una acción de desafío, rabieta o falta de respeto hay que quitarle en ese momento algo que él valore, si son mayores su patio, la hora de Internet o la excursión venidera, si son muy pequeños un vaso de agua fría en la cara. Él o ella querrán demostrar que no les importa pero todos sabemos que sí. Y si hay educadores que rebajan la sanción a los diez minutos de aplicarla, en la próxima ocasión los alumnos les tomarán por el pito del sereno. Hay que mantener, si es justa, la sanción hasta el final. Si uno se pasó siempre hay tiempo para las rebajas. Luego, y llegada la calma, también el profesor debe ofrecer el diálogo y la reflexión al rapaz.

jueves, 24 de enero de 2013

SUELDOS DOCENTES INDECENTES

Bajo la excusa de la crisis los recortes en sanidad, investigación y educación han proliferado por encima de los de armas, defensa y seguridad nacional. Parece de sentido común que debería ser más importante un docente bien formado con iniciativas propias que unos individuos bajo ordenanza, los primeros impulsan el país, los segundos sólo cumplen órdenes. Aún así nuestros docentes sufren unos sueldos inferiores al de los oficiales militares y en ello la historia nos muestra el error de antaño, un error que ha implicado que ostentemos el mayor fracaso escolar de toda Europa, véanse los informes PISA y de la OCDE. La historia nos cuenta que durante la Era de Oro de la educación estadounidense, entre el 1925 y el 1958, una crisis económica como la actual mejoró la educación por dos razones. La primera dejó claro que la gente bien formada era un valor seguro para impulsar y gestionar el país. La segunda fue que atrajo a personas altamente cualificadas para impartir clases. De hecho, y ante el paro acuciante, el de ahora por ejemplo, muchos doctos se ofrecieron como docentes ya que los salarios que el Estado ofrecía eran justos. De hecho la administración decidió estabilizar las minutas a los profesores suprimiendo otros gastos estatales. El resultado fue una mejora del sistema educativo y pasadas unas décadas, la mejora del Estado gracias a eficientes profesionales y óptimos gestores administrativos. Lo paradójico es que en España se está haciendo todo lo contrario con docentes bajo sueldos menores, más horas lectivas y más alumnos por clase, ¿de quién ha sido la idea?

miércoles, 23 de enero de 2013

DRET A DECIDIR: PSOE I PP DEL MATEIX PARER

El PSOE ha votat que no al dret a decidir oblidant un país que ells han vanagloriat en assumptes educatius, Finlàndia, un poble petit que ostenta els millors resultats acadèmics d’Europa, un fet que arrela en la seva independència de qui el volia dominar, Rússia i Suècia. Sense el jou d’aquests últims va desenvolupar lleis pròpies assolint actualment una educació i societat d’elevada qualitat, riquesa i cultura. De fet un dels seus educadors més importants, Snellman, fou el principal ideòleg d’aquesta independència, una emancipació que no fou aconseguida per les armes, ans al contrari, ho fou per la cultura i l’esforç. Els catalans, com els finlandesos, hem desenvolupat la convicció correcta que no podem aconseguir res per la força bruta, hem de fer valer, igual que els finlandesos, l’esforç i la cultura per guanyar-nos el nostre dret a decidir. Per tant, el cas català mostra certes similituds amb el cas finlandès. PP i PSOE, com Suècia i Rússia, han pretès imposar la unitat nacional negant-se a uns comicis pel dret a decidir. La paradoxa és que PP i PSOE s’anomenen democràtics però, tot i ser minoria al Parlament, volen prohibir a la majoria el que han votat, quelcom gens democràtic. La prova és que més de tres terços de la cambra catalana a favor del dret a decidir han estat així escollits deixant a PP i PSOE en clara minoria. És evident que aquests dos no pretenen respectar el que la majoria catalana ha proclamat a les urnes. Potser va sent hora que Catalunya faci com Finlàndia i s’allunyi dels seus dominadors ja que com deia Josep Pla, el més semblant a un polític espanyol de dretes, és un polític espanyol d’esquerres.

martes, 22 de enero de 2013

LA MIRADA D'ISLANDIA (XII)

THE BANK PARTY (un dilluns que faria fums) Aquell matí a dos quarts de nou partiria amb deliri cap a una regió gens visitada d’Islàndia. La bona nova era que m’havia enrolat en un viatge a l’interior de l’illa, la dolenta que no havia resolt un problema. Quelcom em recava d’ençà feia camins, un assumpte que amb tanta celebració no havia pogut resoldre, aclareixo, que amb tants dies de botigues tancades no havia pogut comprar. Les meves botes, esparracades, clamaven una restitució, mal fossin unes espardenyes, però ni això fou possible durant aquell cap de setmana de la Bank Party. En fi, arrossegaria les meves soles, un pèl podrides, uns quants dies més amb la fe de trobar un comerç on poder adquirir-ne un nou parell. Amb aquell neguit vaig pujar a la furgoneta, un espai petit ocupat per una tripulació ben singular, onze persones de diferents geografies. Qui més destacava entre nosaltres era el nostre guia i xofer Friðjòn, un brivall simpàtic i rialler, un islandès content del seu país. Ell era dels qui sempre feia bromes, que Islàndia era molt afortunada amb la tectònica de plaques, que cada any tenien un país dos centímetres més gran, que de tan despoblat no et calia massa anglès, no trobaries massa gent amb qui parlar-lo. En Friðjòn, de quaranta passats, poc cabell a la clepsa i ninetes d’un blau gèlid, em recordava a algú, diria que fins i tot l’havia conegut abans, però per més que m’hi entestava no en treia l’entrellat. En aquella singular tripulació també hi cridava l’atenció la Karen. Ella, alemanya grassa de passats els cinquanta, rodanxona, ampla de pòmuls, caravermella, de pell de salut i de parla convulsiva amb un accent canadenc exagerat, hi va viure no sé quants anys, no callava ni sota l’aigua. La Karen m’apareixeria molts cops durant el meu viatge. Altres personatges però endolciren l’itinerari, en Marco i el seu avi, alemanys també, i una parella jove d’israelites, el Roee i la Hadar amb qui compartiríem més d’una casualitat. Més gent hi havia, la majoria alemanys, tota una torre de Babel amb predomini de tautònics, un turisme tribal, gairebé ètnic. Durant el viatge m’adoní que en funció del redol que visitessis per Islàndia els estrangers canviaven. Els catalans i espanyols, força cridaners tots plegats, te’ls solies trobar de forma gregària fent la volta a l’illa, els francesos feien el mateix però en unitats familiars més discretes, els islandesos, també en grups de pares i fills, es concentraven en ciutats i viles de la costa, i finalment els alemanys es dirigien a l’interior per fer rutes pel despoblat interior de l’illa. Tot plegat, un turisme ordenat i ètnic. Dins de la furgoneta ens aplegàrem onze pax, terme com se’ns definia al clients en l’argot turístic, com si fóssim pacs de llet, tetrabricks de supermercat, daus per a fer brou. La simbiosi de nosaltres, aquells onze pax, era dirigir-nos concretament cap al nord del Vatnajökull, una immensa glacera tan o més gran com tota la província de Barcelona, uns 8.300 quilòmetres quadrats de gel, unes 3.000 milions de tones d’aigua a glaçons, uns 2.000 metres de fondària de gel, una base de 300 metres per sota el nivell del mar, un gran clot si un dia es desfés, en fi, una glacera de protons, tot i que no una pista de patinatge. La marxa que faríem a l’endemà sobre aquell gegant blanc em descobriria un paisatge del tot exòtic i molt curiós, mai no m’hagués imaginat que el gel pogués mostrar-me allò. Ja portàvem unes quatre hores de motor amb brogits monòtons, de passatgers arraulits en els seus pensaments i d’asfalt en direcció a l’est. Aquell ferm s’estenia per una plana homogènia i sense punts de referència, un horitzó per perdre-s’hi. Però el xofer, en Friðjòn, que encara no sabia a qui em recordava, ens aclarí que això no podia passar, que no ens podíem perdre, que els antics això ja ho havien resolt. Els grans altiplans, com els grans oceans, esdevenen extensions sense orientació possible, tant és dreta com esquerra, tant és darrere com endavant, l’horitzó és un línia sense direccions. Antigament, i quan encara no hi havia camins per a carruatges, els rústecs habitants de l’illa havien marcat el camins amb munts de pedres, amb fites que s’alineaven quilòmetres i quilòmetres. Davant la boira i la foscor eren la salvació per als viatgers d’aquelles èpoques. Encara aleshores, i durant l’estiu, hi havia islandesos que recorrien les fites i les restauraven. El nostre xofer ens les anava mostrant quan apareixien. La pantalla digital del transport marcava alguna hora prop el migdia, no la sé, i menys aleshores que havia perdut el costum de portar rellotge al canell, em feia nosa, m’esclavitzava sols la idea de tenir el mateix déu cronos fent-me de manilles, m’atabalava sentir-m’hi lligat. Sincerament, he tingut molts rellotges però sent tan sapastre, neguitós i rabiüt sempre se m’han espatllat i atrotinat tots. Per tant, i en resum, no us puc dir l’hora exacta d’aquell esdeveniment. El fet fou que de sobte, en aquell moment incert de voltants del migdia, i on arrencava un camí de grava, és a dir de cabres, el bus hi girà cap al sud. Pensà que seria una drecera per escorçar camí, però no, vingueren tres dies de pols i de bots, de camins no asfaltats. De fet tot el centre de l’illa esdevenia una xarxa de camins i sendes sense ferm de grava i quitrà. Entre sot i sot, em distreia escrutant el paratge, extensions de fosques roques volcàniques, de camps plens de pedres, de gredes escombrades pel intensos vents hivernals, força eòlica que s’emportava les arenes per deixar un tapís de blocs i graves recobrint l’altiplà. En alguns indrets, on l’aire deuria perdre aquella embranzida, s’hi acumulaven grans munts de fina sorra, dunes d’arena volcànica lleugerament arrissades en superfície. A l’horitzó grans cràters i gegantins pitons volcànics record del retronar d’aquell paisatge, de melodies minerals. Les glaceres i els torrents havien colpit la resta d’aquella vista, ventalls fluvials a peu d’alteroses muntanyes i gegantines valls glacials que s’obrien entre quilomètriques colades de lava. Tot plegat, un panorama lunar, marcià, d’explosió nuclear. La furgoneta continuava avançant. Aquell desert de pedres em recordava paratges africans, fins i tot l’aridesa d’Atacama o l’aspror del sud de Mongòlia, però a diferència d’aquells indrets on sols hi havia traces de lleres fluvials ocasionals, l’altiplà islandès oferia nous elements a la meva vista. Allí, quan hi plovia de valent, o sols durant el desglaç estiuenc, els rius es transmutaven en monstruosos cabals difícils de creuar. Pocs ponts hi havien. Després de molts rius travessats, d’un etern nyigui-nyogui i de milers d’imprevistos sots, un descans arribà. Aturats davant d’una de les colades de lava més extenses de l’illa, que també més recent, 1961, per arreu es dibuixaven perfils serrats, aspres i d’horitzons plens de punxes, ¿com el fluir d’una roca fosa havia amuntegat tanta destrossa i relleu abrupte? L’explicació restava en el tipus de volcà. Els que emetien laves fluïdes havien creat colades amb plecs i textures de plastilina dibuixant cordes i trenes. Però quan el volcà havia estat explosiu i mal amic de la calma, la lava avançava lenta i espessa empentant-se a cops de trencadisses. Era així com es formava aquell relleu que tenia al meu davant, un terreny de molt mal caminar. Però el descans no ens el donaria aquella vista sinó una passejada d’uns tres quilòmetres i un bany en un llac enclavat al bell mig d’un cràter, la caldera d’Askja. Motxilla a l’esquena, tovallola rebregada a dins i una llarga conversa amb la parella d’israelites, Roee i Hadar, acompanyaren el camí, una senda que es dissolia entre infinitud de gredes ocres, marrons i negres. L’estrèpit de les nostres passes crepitaven monòtonament. En algun punt el color del terra canvià de cop, fins i tot lluïa, molt estrany aquell tipus de roca, tant que surava si la llençaves a l’aigua. Eren pumites beige clar, platejades, gairebé daurades, que per la seva elevada porositat flotaven com un vaixell de paper. En altres punts de l’itinerari alguna esquerda traïdora, i oculta sota les gredes, volia engolir les meves desllorigades botes. Sense voler t’hi enfonsaves com si d’arenes bellugadisses es tractés. Tot plegat, i si no hagués estat per la conversa amb els meus nous amics semites, hagués pensat que m’estava passejant per Mart. Però quan camines per la muntanya apareixen moments de silenci on ningú vol dir absolutament res. En aquell instant la meva ment em creà una història, jo per allí trobant-me un astronauta de la NASA per preguntar-li per Vila-rodona, el poble nadiu de tota la meva família, els meus orígens. L’astronauta, contrariat, no va saber què dir-me. Irremeiablement m’havia perdut. I en aquell instant de demència transitòria, i amb una intensitat brutal, m’aparegué de nou el de sempre, em sentia observat. Molt misteriosa aquella impressió que tantes vegades se m’estava repetint durant aquell viatge. Òbviament vaig estar-me’n d’explicar allò als meus interlocutors, però sí vaig donar un cop d’ull al meu voltant per si un cas. Estàvem sols. En Roee volia parlar-me del conflicte palestí, jo vaig fer cas omís. La senda ens guià al davant mateix d’aquell llac volcànic. Allí s’obria un clot impressionant, una caldera que havia explotat l’any 1875. Més de 100 metres de diàmetre costava nedar-la, aigües gris blavoses, fangoses, llefiscoses. Vàrem iniciar el descens no sense molts ensurts. La baixada esdevingué molt relliscosa, plovia i el fang cada cop era més abundant, però a més el dia era rúfol i fredolic per banyar-se. Tot i això, la decisió era ferma, però just a peu del llac vaig adonar-me d’una contrarietat, m’havia oblidat d’un detall molt important en ocasions com aquelles, no duia el banyador. En fi, tot i l’ensurt d’alguna altra banyista, vaig gaudir nu d’aquella aigua argilosa, vellutada i calenta. En Roee i jo, com a quitxalla, vam estar una mitja hora xipollejant pel llac notant com canviava la textura del seu fons, pedres a vora, sorra cap el centre, i un fang dens, apegalós i espès al bell mig, llots grisos que regalaven el gris a l’aigua i la seva finor. M’hi vaig cabussar per experimentar que se sentia dins d’aquella aigua tan tèrbola, i que estrany, que fastigós, que mesell. L’activitat del volcà havia finat temps ençà i la solitud del seu fang es dispersava en aigües blanquinoses que no et deixaven veure res, sols llum entelada i uns iris que al sortir de l’aigua havies de refregar. Si fer submarinisme per aigües tropicals era trobar-se amb molta vida, aquí era trobar-se amb la mort d’una caldera volcànica apagada feia molt temps. Era hora de marxar i de no fer-se el mandrós. Al sortir va venir las sorpresa, no hi havia lloc on arrecerar-se mentre el vent i el fred, el molt de fred, castigaren la nostra pell de gallina. Mal eixugats, amb la roba humida, vàrem iniciar l’ascens des de la caldera amb fredor a la carcanada. Però aquella no fou l’única pega d’aquella mitja hora de termes fangoses. Durant molts dies, de fet durant tota la resta del viatge, aquelles aigües volcàniques em posseïren, m’embruixaren, m’impregnaren. Aquell líquid argilós, amb un gran tou de pell estovada, havia penetrat dins de la meva dermis per instal·lar-s’hi per sempre més. Va quedar fina, sí, però amb un afegit, amb un esperit, i no, no em sentia observat aquest cop, aquesta vegada no era un presència, era una sentor, una ferum que ni em llegiu marxava. Aquella olor volcànica s’havia endinsat tant al meu cos que fins i tot jo, com un ambientador de cotxe, en feia emissor constant per arreu. L’olor que irradiava no emanava efluvis de pi boreal sinó una fortor d’ous podrits, concretament, i va aclarir-me un químic tot just olorar-me, a àcid sulfhídric. I la condemna infernal no va aturar-se aquí, va continuar, aquella ferum s’estengué a la meva roba interior, a l’exterior, i fins i tot als tres quarts de muntanya. Gairebé les meves estripades botes també compartien aquella flaire. Tots plegats, teixits i jo, havíem creat un peix que es mossegava la cua, jo em dutxava i mig marxava l’olor, però la roba me la tornava a passar a la pell. Aleshores rentava la roba i em dutxava altre cop però la meva pell tornava a emanar aquell estrany efluvi i tornàvem a començar. Res a fer. Ara ja no em sentiria mai més sol, ella, la pudor, m’acompanyaria, Rexona jamás te abandona. Encara ara tinc entaforada a la memòria aquella acidesa de sofre. Aquella nit densa i opaca vaig fer nones al refugi de Virkisfell, i quines nones. De sobte va aparèixer la meva mare, en somnis esclar, per queixar-se del meu desastrat aspecte. Jo arribava d’Islàndia per visitar als meus pares al seu poble nadiu, Vila-rodona. Dins de casa, i amb la pell vermella i encetada, d’un roig maquillat, com de mentida, i una cua escamosa acabada en sageta, m’adonà d’una mare alertada pel meu aspecte diabòlic. Ella em mirà desconcertada i jo, en acte de protocol i de respecte, vaig decidir treure’m el barret que portava, un casc víking. Però el fet va deixar bocabadada a qui em va parir, les banyes del casc em restaren al front, tot i que cal aclarir que els cascs víkings no en duien, de banyes. Què hi farem, en els somnis apareixen sempre tòpics. Obviant totes aquelles discrepàncies històriques, jo banyut, de pell roja, amb cua de sageta i davant de la meva marassa, sols vaig saber contestar-li una cosa, un esguard malèfic i ple d’ironia. - Nen! Però si fas olor a sofre?! – exclamà ella. - Ai mare! Si sabessis d’on vinc – i li somrigué amb dolenteria infernal. Bona nit diables.

miércoles, 16 de enero de 2013

DAVANT L’ADVERSITAT AMOR I LLIBERTAT de Xavier Melgarejo

Aquest llibre d'en Xavier Melgarejo ha estat una recepta i confessió sincera de qui ha vist la mort, el càncer i l’adversitat amb una serenor assolida a base d’un esforç infinit. Tot d’una hi he sentit una crítica constructiva al món actual sota la projecció de l’amor i de la llibertat com a màximes a seguir en la teràpia dels nostres dies convulsos de crisi i confusió. Tot un regal per a qui es dedica a l’ensenyament i a l’educació pel simple fet que ofereix una visió profunda del sentit essencial d’educar i ensenyar, un tresor que ni universitats ni teories científiques poden albirar ni oferir-nos. Sols l’amor i la llibertat que suen entre les línies d’aquest diari nàufrag, però ja a la platja guaridora, poden penetrar dins dels esperits sensibles per relligar i anusar l’endins més humà dels humans. Amb el teu llibre Xavier m’has fet plorar, sentir i créixer. Què intens conèixer més de tu. Moltes gràcies Xavier.

viernes, 11 de enero de 2013

HABLAR DE SEXO EN EL AULA

Hablemos de sexo Durante la adolescencia explota la libídine y con ello hay que comprender algo de nuestra especie, que los humanos somos hipersexuales, que amamos más al sexo de lo que nos imaginamos. Analicemos las siguientes facetas y luego saquemos una conclusión. Como escribía Demond Morris, somos monos desnudos, a diferencia de la inmensa mayoría de animales no poseemos pelo por todo el cuerpo. Nuestra piel, desprovista de pilosidad, es fina y sensible para captar mucho más que frío o calor ambiental. Las caricias, los masajes, incluso las imposiciones de manos nos encantan y dan placer. Por otro lado nuestra piel está dotada de infinitud de puntos muy sensibles y orógenos. Pezones, labios bucales, labios vaginales, cuello, orejas, clítoris, glande, escroto, ano y demás zonas que despiertan toda una gran literatura parda entre adultos y adolescentes. Añadamos que la insinuación a distancia existe de manera física y olorosa. Los pechos femeninos no están hinchados de leche, están hinchados de grasa para darles la forma redonda y turgente que todo hombre, disimuladamente o no, observa. De igual forma las nalgas femeninas también acumulan grasas para embellecer y reclamar la mirada furtiva del macho. Pero no sólo de formas se reviste el sexo, también de olores corporales en axilas y pubis, éstos emiten almizcle para potenciar la excitación sexual. En muchos perfumes se añade tal producto para agradar más al consumidor y quienes desee atraer, ¿o nos perfumamos para las moscas? Existen más rasgos que nos alejan del resto de animales. El sexo humano resulta algo muy peculiar, singular y exclusivo. Así pues, y en el juego amoroso, los toqueteos y husmeos de la piel son fundamentales en algo que ningún otro vertebrado posee, una precópula muy larga. El juego y la insinuación a través de nuestra piel ocupa su tiempo en nuestra especie, y aunque exista el aquí te pillo aquí te mato, predominan las estimulaciones antes de la masturbación o de la penetración. La variedad de posturas y prácticas sexuales en los humanos roza el infinito que jamás nuestras mascotas realizan. Caricias y besos en el cuello, orejas y pezones, más morreos, felaciones, cunilingus, besos negros y demás estimulaciones sexuales que el resto de vertebrados, excepto el bonobo, no practican. A diferencia de nuestros congéneres también el orgasmo en nosotros es distinto, muy largo e intenso, infinitamente más que muchos mamíferos próximos. Los monos la meten y la sacan en fracción de segundos, ¿y acaso les ve cara de placer en el zoológico? Pero lo que más nos distancia del resto de animales es que no tenemos celo estacional marcado. Cuando las mujeres ovulan, los machos no lo saben. Sin estro que las delate se puede hacer el amor durante todo el año y por tanto el sexo en nuestra especie no está atado sólo a la reproducción, sino al placer para bajar la ansiedad y potenciar los vínculos de pareja. En resumen, podríamos decir que el resto de vertebrados apenas practican el sexo, a lo sumo, les sirve para la reproducción pero no de divertimento. El sexo por placer o como refuerzo del amor es normal, natural y lícito en los humanos ya que así nos diseñó la evolución biológica. Si usted defendiera los antiguos creacionistas, hoy autollamados del diseño inteligente, debería admitir que Dios creó a nuestra especie con ese don, el placer sensual. Por tanto, hablar de sexo con los zagales debería ser algo normal, natural y lícito. Hemos detallado que la especie humana se caracteriza por ser hipersexual, es decir, nos encanta eso del coito y el orgasmo más que a ningún orga-nismo del planeta. Insisto, poseemos el precoito, coito y orgasmos más largos de toda la fauna de la tierra. Ante tal alarde de placer es innegable nuestra apetencia natural por el sexo, la existencia de la homosexualidad, bisexualidad y otras prácticas más las consecuencias negativas de morales represivas ante el sexo son pruebas de ello. La ablación, el matrimonio de un homosexual con un sexo contrario por miedo a no salir del armario, el célibe pederasta o la infidelidad ante morales que prohíben el sexo por placer son prístinos ejemplos que la represión sexual atenta contra la naturaleza humana. En resumen, el sexo en los humanos es algo pero que muy importante. Las conversaciones entre adolescentes son una prueba titánica de ello. Escúchenles y ya me dirán. Ellos mimos nos muestran que ello es algo natural por lo que deben aprender a cada edad, y en su medida, la realidad de nuestra condición humana. El amago, la coacción y la represión son actos contranaturales. Una seria de clases en donde se explique todo lo anterior resultan ideales para segundo o tercero de ESO con el colofón que el sexo es algo adulto y que requiere de madurez para practicarlo convenientemente. Todos sabemos que la virginidad se pierde cada vez más temprano, pero si en el aula se hace apología del sexo, se propicia el riesgo de embarazos no deseados o de enfermedades por descuido de goma. Se puede insistir siempre que el sexo es algo adulto que ayuda en el amor entre pareja. Es más, se debe insistir que el momento de hacer el amor con alguien deben existir tres elementos básicos. Primero saber qué vas a hacer con la información impartida en clase, a mejor conocimientos mejor toma de decisiones. Segundo como lo vas a hacer para evitar riesgos innecesarios. Y tercero y último, con quién lo vas a hacer para tener claro si será por placer, atracción o amor compartidos. La edad del coito la debe poner el alumno bien informado. Conocí a un docente muy atrevido que en su clase de naturales de tercero de ESO daba reproducción sexual de forma muy original. Al principio avisaba a sus alumnos que se iban reír si les hablaba de sexo por el simple hecho que nos da pudor y nerviosismo conversar de algo tan íntimo. La reacción natural de los seres humanos ante una tensión interna es la carcajada, de hecho el humor se basa en ello, en crear una situación absurda que se resuelve de manera inesperada. Nuestro cerebro en ello sufre una contradicción y cuando aparece el desenlace entre lo lógico y lo ilógico, descarga la tensión en forma de sonrisa. Analice la mayoría de chistes y se dará cuenta de ello. Por tanto los alumnos avisados del chiste, cierto, se reían durante la primera clase al comentar la hipersexualidad humana, los pechos hinchados de las mujeres, o el pudor por verse desnudos ante los demás. A la segunda clase el nivel de carcajadas disminuía considerablemente ya que la tensión era menor y el grado de novedad también. A la tercera se hablaba sin menor pudor y con tranquilidad de prácticas sexuales de todo tipo, de sus riesgos, de sus placeres y de todos los métodos anticonceptivos. Las preguntas surgían y se daban detalles de la anatomía de los puntos G, U, clítoris, ano, oreja, cuello, labios bucales, labios vaginales y todos los tacos que conllevaban. Asimismo se les mostraba sus equivalentes cultos mencionando el cunilingus, la felación y los nombres de muchas posturas ya sin pudor y sin chistes como el 69, el sexo oral y hasta el anal. Se llegaba a la masturbación, masculina o femenina, que daba placer y restaba ansiedad ante los exámenes u otras situaciones, algo sano, natural y necesario, que el sexo por placer existe pero que el sexo por amor refuerza los lazos entre la pareja, que ya lo descubrirían, y que sobretodo siempre la goma por medio. En todo aquello no había cachondeo en clase, sólo curiosidad y motivación. Un docente así quiéralo en el aula. Al final de la unidad, no oficial en el libro de texto, este profesor les soltaba la bomba, que si estaban preparados a su edad para hacer el amor. Eso daba una nueva vuelta de tuerca al asunto, una nueva tensión y algunos alardes de masculinidad pero sin respuesta clara. La mayoría decían que no, al menos en los tres años que tal docente impartió la materia. Ya sabemos que una minoría calló al no ser vírgenes y otros vitorearon sus hazañas entre su clan. Lo importante aquí de un docente en el instituto fue su neutralidad y su madurez. Me comentaba este profesor que aún sin estar de moda reprimir el sexo, tampoco debía adelantarse con apología del mismo. Hablar de sexo en el aula era muy divertido pero muy peligroso. Él les decía que encontraran el momento en su madurez, que amando a alguien mejor pero que si lo hacían por placer era digno y natural también. De todas formas entre docente y alumnos puede existir un riesgo en asuntos de sexo, el de la seducción o el enamoramiento. Recuerdo un docente de naturales que se vio asediado por una alumna bajo deseos más allá del pupitre. Ella le esperaba siempre a la misma hora ante su automóvil. Un día, y a final de curso, ella quiso abrazarle y besarle. El pobre hombre esquivó la intención y entró en el coche con un despido verbal cordial. En otra ocasión supe de otro profesor acusado por una alumna muy díscola de agresión. La directora del centro exigió explicaciones al docente y al descubrir que la escolar se autolesionó no sancionó a esta ni exigió que ésta pidiera disculpas al educador. Desde ese día, me confesaba este docente, aprendió un truco para no ser acusado jamás de tales difamaciones. En caso de tener una charla con una alumna en clase o en la sala de entrevistas, dejaba siempre la puerta abierta para estar a la vista de todo testimonio y ahuyentar cualquier rumor sobre posibles acosos. Por tanto, de sexo se debe hablar tanto en casa como en el centro pero con seriedad y hasta con cierta distancia para no inducir seducción alguna entre los escolares. En familia debe también existir ese diálogo. Las cenas sin televisión pueden dar mucho de si entre sus hijos y usted. Al fin y al cabo, deben saber hacer el amor, sus relaciones de pareja pueden depender de ello. De todas formas, en naturales no haremos prácticas en el laboratorio, no tema.

CAMACHO DOBLE MORAL

La màxim dirigent del PP català no para d’acusar al Govern de la Generalitat Catalana que amb el seu discurs sobirà provoca la confrontació, divisió i fractura social. La paradoxa en el discurs anterior, i la doble moral que el PP practica és ben simple, ell fa moltes dècades que fa per Espanya el que ara difama. Amb una dreta molt encapçalada per un PP arnat de fatxendes i una esquerra confusa sota el símbol d’un PSOE ranci de república, s’alimenten mútuament l’existència, és a dir, PP i PSOE provoquen una fractura social espanyola mentre tinguin votants a una o altra banda. De fet sembla com si la Guerra Incivil espanyola no hagués finat amb un PP al bàndol dels nacionalistes facinerosos i un PSOE en el cantó dels republicans perdedors. Ambdós, PP i PSOE, saben que fa anys que provoquen la fractura social espanyola però poques vegades es posen d’acord, amb excepció en la prohibició del dret a decidir dels catalans, per exemple. Tot i així el PP s’atreveix a acusar al Govern català de ser causa de fractura social. De fet és tot el contrari, aquest sí ha dissolt una dreta, CiU, amb una esquerra, ERC, per superar diferències i unir esforços en favor d’un bé comú dels qui viuen i treballen a Catalunya, un Estat propi. Tot i així el PP continua amb el seu discurs pel simple fet que el lladre veu als demés d’igual condició. Davant aquesta paradoxa anterior el que sí hauria de fer la Camacho és no sortir més pels mitjans amb la seva doble moral. Tenim dues orelles per escoltar el doble i una boca per parlar la meitat.

martes, 8 de enero de 2013

LA MIRADA D'ISLÀNDIA XI

DESCANS DOMINICAL (un diumenge sense metge) Era diumenge i dia del senyor, que no pas per a mi, ni senyor jo era, més aviat tot al contrari, una calamitat. Em vaig llevar amb una estranya sensació de festa al cos que passava per tot el país, una sensació clínicament anomenada ressaca. Aquell matí ni les aspirines ni les coles feren efecte. Potser el dolç i salat del brunch dominical islandès va començar a reconstruir el meu malmès organisme. Durant la resta del dia no em trauria del cap aquella impressió de gresca. A més tenia la sensació que tot el país es preparava per a una nova juerga, per a un nou i definitiu aquelarre, quina por, i no em pregunteu per quins set sous ho pressentia. Donades les conseqüències de tanta poció màgica vaig decidir regalar-me un diumenge oriental, un jornal de xino-xano, de visites tranquil·les. De fet la pau no calia anar-la a buscar molt lluny, i ni molt menys a l’orient. Els islandesos, excepte durant els aquelarres, eren molt asserenats. Això es notava amb els gats, i no em prengueu per foll. Al poble dels meus pares a l’Alt Camp, Vila-rodona, els gats de carrer feien via quan algú els mostrava un reclam, en canvi a Islàndia els felins romanien pausats, bonancencs i reposats. Quan te’ls trobaves semblava que volguessin mormolar-te quelcom a cau d’orella, i no era pas miau. Aquell matí, passejant per Akureyri, me’n vaig trobar un davant del portal de casa seu. Ell, com un xai obedient i mansoi, s’apropà a mi i començà a refregar-se contra els barrots de la tanca. Al principi només el vaig tocar amb la punta dels dits, però al veure que no passava res, i que la bèstia no mostrava hostilitat alguna, vaig passar a tot el palmell. Li acaronà el llom i encara s’hi posà millor aclucant els ulls, roncant i amb expressió manyaga. Jo gaudia del seu llarg i sedós pèl, ell dels massatges lumbars, cadascú assaboria sensacions conegudes. Es feia més que obvi com eren els amos de l’animaló, bones persones. Sols guaitar el jardí ja es veia que els islandesos vivien lluny de l’estrès. Portes obertes, tanques sense cadenat, objectes a l’abast de tothom i moltes bicicletes no lligades eren cosa freqüent pels pobles i ciutats petites d’Islàndia. Tot allò sols irradiava un concepte, confiança. Ja vaig comentar que la incidència de delictes a l’illa esdevenia molt escassa. Tothom gaudia d’un nivell de vida força acceptable, un benestar social excel·lent i de poques ganes de robar. En el cas que algú ho fes tot el poble el coneixeria i de l’illa n’era difícil fer-se’n escàpol. Vet aquí per quina causa passava allò amb els gats i vet aquí el nombre de policies destinat als 17.000 veïns d’Akureyri, solament vint agents. Però no sols el gats mostraven aquella tranquil·litat induïda i apresa dels seus amos, també els cavalls feien el mateix. Un dia, i en direcció a Húsafell, el vessant de Husa, em topà amb una rècula d’èquids de trot lleuger i enjogassat però que no es deixaven fer fotos, i no per fugir de mi, ben al contrari, se m’apropaven tant per rebre carantoines al musell que em resultava impossible enquadrar bé les imatges. Es feia altre cop evident que l’assossec de la gent de l’illa, quan no patia un sisme, una erupció o un aquelarre, s’encomanava a les bèsties, i elles agraïdes, t’oferien les seves ganes de calma a tu mateix, al foraster. Que la pau sigui amb tu, Amén. Però en el país no tot eren flors i violes, ni tampoc tot eren serveis fantàstics. Aquell dia m’adonaria que els transports públics eren un desastre, ni trens, ni metro, ni tramvia. L’únic que hi havia eren vols i una xarxa molt limitada d’autobusos que durant l’hivern no operaven, l’asfalt romania blanc i glaçat. Amb tal minsa oferta de sistema de trasllats, el destí que aquell dia desitjava assolir sols podia aconseguir-se d’una manera, llogant un cotxe. L’oferta tampoc era molt gran, la ciutat era petita i el lloguer de cotxes l’havia de contractar en el mateix aeroport d’allí, és a dir, caminant tres quilòmetres des del centre. El lloguer diari d’un utilitari rondava les 16.500 iks., uns 110 euros. La meva intenció era arribar-me on no vaig poder la primera vegada que vaig trepitjar Varmahlið, Siglufjörður. Ara, coneixent més el territori, i amb més serenor que els primers dies de viatge, sí podria fer-hi cap. Havia llegit que els paratges dels voltants tallaven la respiració. Per tant, no tan sols visitaria aquell poble de pescadors, també donaria la volta a tota la petita península del nord passant per Dalvik, Òlafsjörður i el mateix Siglufjörður per finalment baixar cap el sud direcció Varmahlið tornant a Akureyri, tota una volta en rodó, un dia que també ho seria. En principi el dia engegà com sempre, núvol i de cel baix, però tot just a Dalvik, la badia de Dal, miracle, el sol va poder penetrar, al principi tímidament, després ho feu sense embuts i amb tot el descaro de la quitxalla sincera. A partir d’allí el dia fou rodat, un jornal de paisatges esplèndids, de roquissars abocats a mar i d’un oceà envernissat pel sol astre. En cada parada, en cada fotografia, en cada moment que deixava penetrar en mi aquells panorames, s’hi destil·laven dues fortes impressions. La primera, i potser conseqüència de la poció màgica d’en Panoràmix, una forta olor d’un altre dels personatges de René Goscinny i Albert Uderzo, Ordenalfabètix, el peixater. Sí, sí, tot feia olor a peix, des dels prat fins als camins passant per totes aquelles viles de pescadors, ¿potser m’havia oblidat de dutxar-me aquell dia després de la ressaca? No, no era manca d’higiene, jo anava net i polit, era per la indústria de la pesca de tots aquells llogarets, una olor suau que equilibrada amb la del mar omplia la meva ment d’idees i d’escrits. Val a dir que la indústria del peix no sols es fonamentava en el famós bacallà d’Islàndia, els aborígens en menjaven el just, abans potser calia remarcar més el salmó, peix que no es pescava, es feia créixer en granges, tot i que amb la crisi del 2008 el preu d’aquest teleosti va caure i moltes d’aquestes factories van haver de barrar. Però quedava una segona impressió que m’acompanyà tot el dia, i no, aquest cop no era sentir-se observat, sinó una flaire de gresca, de festa, de celebració. Això es feu especialment intens a dalt de tot, al nord del meu recorregut. Passats molts revolts i túnels d’una sola via, túnels on no sabies si tenies o no preferència, i arribat Siglufjörður, el poble pescador no assolit de feia dies, els festejaments van esclatar. Quina fou la meva sort, que sense jo saber-ho, i de tots els dies de l’any, aquell mateix hi havia una celebració emblemàtica i coneguda per tota Islàndia, el Herring Festival, la festa de la raspa. Donat aquell poble pescador era normal que hi ha hagués una gresca en honor a l’espina dels peixos. Balls, proves de fortalesa, cervesa a dojo, i peix, molt peix per tastar, omplien aquell jorn d’agost ple de llum i de gent riallera. Els déus m’estaven acaronant amb tanta casualitat. Després de tot el periple per aquella petita península vaig veure’m altre cop a Akureyri. Havia estat tot una dia de sensacions positives i de paisatges il·luminats pel déu astre. Però esclar, tornar altre cop a Akureyri era trobar-me altre cop amb la boira del fiord, amb la humitat reclosa de la vall, amb la fi de la glòria celestial. Tot just passat el coll que separava l’altiplà de la fondalada, sorpresa, el fiord lluïa curull de sol, un senyal del que em reservava aquell vespre. La sensació de festa que m’havia acompanyat durant tot el dia collaria en breus hores. De fet durant tot el dia havia lluït tant el nostre sant astre, el mediterrani, que vaig pregar que tota la resta de dies fossin així, vaig pregar per Thor, per Oðin i per favor, tant vaig invocar-los que crec que em van escoltar, els dies posteriors esdevindrien assolellats. Els déus ancestrals de l’illa m’havien beneit. El bon temps em permetria l’ascens al Pep. Arribat a Akureyri, i a tot el país, el cap de setmana tenia també ofrena, es celebrava, i ara sí, la festa grossa. La resta de celebracions nocturnes del divendres i del dissabte sols havien estat un escalfament per al gran dia, el primer dilluns d’agost, la Bank Party. La meva premonició de cridòria i eufòria durant tot lo dia havia estat encertada. Així doncs, vaig fer un tomb pel poble, i encara amb el cotxe, vaig carregar el maleter de queviures al supermercat, que no de vi. Ja vaig aclarir que en els supermercats no s’hi trobaven ni begudes alcohòliques ni vi Don Simon, ans al contrari, com a molt tenies cervesa descafeïnada on la graduació mai no superava els 2,5 graus. En aquell moment em calia més vitualla per a les excursions que faria pel centre de l’illa que no pas alcohol. Un cop feta la compra intentà trobar aparcament pel centre. Aquella intenció em col·locà a la cua d’un reguitzell de cotxes rutilants, cridaners i conduïts per joves amb el colze per sobre de la finestra baixada. Davant tal tira de carrosses, el meu utilitari era com la carbassa de la ventafocs, un ànec molt lleig. En aquell moment no entenia l’antropologia del moment, però allò era un altre regal, una nova de com es comportaven els mascles adolescents d’allí. A Islàndia molts dels púbers podien aconseguir el carnet als disset anys, tot i que alguns, sols alguns, el perdien en breu per fumar marihuana. La cua de cotxes d’adolescents on jo estava no era per citar-se amb els camells del país, sols esdevenia l’expressió dels seus desigs de femella. El fet de posseir llicència de conduir amb el cap petit i el cos calent produïa la cua en la qual el meu utilitari cantava com una cloïssa. Els dissabtes nit, i vigílies de festa, aquests joves acostumaven a lluir la seva eina de caça i de seducció, el seu llampant automòbil, davant la dilatada concurrència de gallines en busca de cresta. Ells treien a pasturar el seu vehicle ben net, tunejat i un pèl hortera, per atraure les garses que volaven pels aires d’allí. Amb marxa lenta ells, i jo fent-hi caravana, es passejaven pel down town amb un recorregut que quan l’acabaven, uns 500 metres, donaven la volta per col·locar-se altre cop a la casella de sortida. Jo vaig poder aparcar, ells tornaren a passar pel mateix lloc amb la música ben alta com a reclam. Amb el cotxe fora d’aquella cua, vaig asseure’m en una terrassa a fer una cervesa gaudint d’aquella corredissa de carruatges. Siguem honestos, m’havia retirat d’aquella cursa doncs el meu havia estat el més ignorat. Aquella nit ni vaig passar per l’alberg. A les onze del vespre, encara mig assolellat a Islàndia, començava oficialment la festa major. De fet, i en breu, seria el primer dilluns d’agost per celebrar la Bank Party, tot i que jo, i uns quants més, ja portàvem de gresca unes quantes nits. Però ja sabeu la dita, a la tercera va la vençuda, i per tant a les onze d’aquella nit s’encendrien uns castells de foc inaugurant la diada nacional. Jo patia, ¿com es podrien veure bé els focs amb tanta claror? Amb el fiord ple de gent l’espectacle inicià les seves espurnes, trons ensordidors, aire vibrant, finestrals tremolant, tot acompanyat de molta, molta olor del país, sentor volcànica, flaire de sofre, sobretot quan la brisa arrossegava els vapors terra endins, cap a nosaltres, els milers d’espectadors aplegats allí. I sí, tot i la claror de la vesprada, es veien bé els espetecs de la pólvora. El castell de focs va aclaparar magnànimament a tota l’audiència però quan totes aquelles explosions finiren, un va fer el que no estava previst en el guió, posar seny, és a dir, anar a xafar l’orella. A l’endemà tenia un nou destí i el meu fetge es mereixia un descans. Per tant em vaig acostar a l’alberg per a preparar la meva marxa, una partida aquest cop sense ressaca. Arraulit al meu allotjament, i encara sense ganes d’agafar la son, vaig asseure’m al sofà del menjador. Tenia dues possibilitats, veure el televisor en islandès, idioma víking que encara no en sabia ni una paraula, o ullar els llibres i revistes en anglès que allí s’hi prestaven. Òbvia decisió, vaig llegir. Remenant entre aquells munts de paperassa vaig topar-me amb una revista que dedicava un monogràfic sobre en Pep, ¿els déus m’estaven guiant? Jo m’havia quedat en el 26 de març quan l’activitat de l’Eyjafjallajökull va semblar aturar-se. Entre aquell març i la deflagració del 14 d’abril un hi havia perdut la pista. El monogràfic iniciava la història des de les primeres efusions de març fins a les d’inicis d’abril, ¿m’ajudaven o no els déus? El que inicialment havia estat una erupció ridículament petita es va transmutar el 7 d’abril en un gra de pus molt calent. Aquell dia el volcà va tornar a batre rècords. L’ascens del magma s’anava fent cada cop més i més intens. De fet les extensions de roca fosa no s’havien escampat de manera ni lineal ni aritmètica, allò havia crescut d’una manera exponencial, d’una manera accelerada. Allí mateix me’n vaig adonar, situant en una gràfica totes les extensions de les colades dia a dia descrivien una corba, un procés creixent. Aquell 7 d’abril a les 15.30 hores l’extensió de la colada fou brutal, tremenda, de rècord, 1.270.000 quilòmetres quadrats de magma d’en Pep. La bèstia cada cop s’engrandia, cada cop perillava més tot, cada cop era menys estromboliana, cada cop menys xai. Al principi fou una tímida punta d’un iceberg, una pua, que amagant el que venia darrere, penetrava i empenyia per obrir-se pas amb tota la seva càrrega. Mica en mica estava sorgint tot el bloc de material en massa, tot el tascó, tot el pus. Com més pujava més ampla es feia, més lava emetia, i en breu passaria el que s’havia anat coent tot aquell temps. Vet aquí la corba logarítmica, l’acceleració de la sortida del magma. El que havia començat com una erupció marginal, desnarida i poc fulgurant, migrà perillosament cap al centre de l’Eyjafjallajökull per passar de David a Goliat. El terrabastall era imminent. Durant aquell abril vindrien grans focs d’artifici sota aquella glacera. Per desgràcia la publicació que llegia era d’inicis del mes d’abril. Frustrat pel que va passar després vaig fer el que millor podia fer, com deia el meu avi, anar a xafar l’orella. M’esperaven tres dies d’una Islàndia interior, de glaceres amb caliu i fredor. Bona nit sense alcohol.