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jueves, 14 de febrero de 2013

LA EDUCACIÓN PROHIBIDA

Cabe mencionar en este sentido un reportaje que surgió por América latina bajo la batuta del constructivismo y firmado por German Doin y Verónica Guzzo bajo el título La Educación Prohibida. Este documental culpa a la sociedad, y no a la pedagogía teórica, de la caída flagrante de los resultados académicos en los países occidentales en donde se aplicó. Durante todo esta crónica la pedagogía teórica es la buena sin cuestionarse si está equivocada en algo, todo lo contrario, se aboga por el adoctrinamiento de todos los docentes del mundo en la renovada pedagogía sin aportar datos contrastados al respecto, sólo ideas de cambio pero sin mejora demostrada. El reportaje afirma plantear ideas nuevas y originales para cambiar y adaptar el sistema educativo a los tiempos modernos, propone que para que los alumnos aprendan más, la escuela debe ser más convivencia que aprendizaje, que hay que dar menos énfasis al esfuerzo escolar, a la comprensión lectora y a la creación de ambientes silenciosos y ordenados. Entrevistas y más entrevistas jalonan esta idea de novedad pero, y por desgracia, no es cierta tal presunción. Los testimonios de la película una y otra vez repiten, con o sin conocimiento, antiguas y clásicas teorías de pedagogos y psicólogos que en su tiempo se autodefinieron como constructivistas, una teoría muy alejada de la social actual ya que su principal fundador, Jean Piaget (1896-1980), elaboró parte de esta idea hace ya casi cien años. Quizás esta apreciación parezca inapropiada si lo defendido en esta película resulte eficaz hoy en día, pero por desgracia no lo hace ya que el reportaje esconde cinco incorrecciones más. La primera es que no se ha invitado a ni un solo detractor de las ideas que predica el largometraje. Entre ellos cabe destacara a doctos críticos como la doctora Inger Enkvist (Lund University, Suècia), Luc Ferry (exministro francés de Educación), Oriol Pi de Cabanyes (columnista de La Vanguardia y filólogo), Imma Monsó (también columnista de La Vanguardia y filóloga francesa), Gregorio Luri (autor de La Escuela contra el Mundo), Mercedes Ruiz Paz (autora de La Secta Pedagógica) o Ricardo Moreno (profesor y autor de El Panfleto Antipedagógico). Visto todo lo anterior, el documental resulta parcial y sesgado dando una visión totalmente partidista de la educación, la de la pedagogía teórica y nada más. Tras muchos escritos, datos y conferencias los detractores anteriores han demostrado ineficaz y falaz la antigua pedagogía constructivista que ahora repite La Educación Prohibida. La segunda incorrección es la obsesiva idea de cambio que los entrevistados mencionan una y otra vez. Jamás en toda la película surge la palabra que debemos aplicar a cualquier proyecto que busque un progreso bien entendido, la mejora. Estos expertos, la inmensa mayoría de América latina, más algunos españoles, repiten hasta la saciedad que hay que cambiar el sistema educativo actual pero jamás hablan de perfeccionarlo, es más, insisten algunos que hay que probar cosas nuevas para ver lo que sucede. Particularmente experimentar con nuestras futuras generaciones de alumnos no parece algo muy sensato. Cabe indicar aquí que muchos de los entrevistados son pedagogos o similares que globalmente no cumplen los requisitos para poder criticar el sistema educativo bajo la razón y la experiencia. Estos requisitos son los siguientes, impartir unas veinte horas de clase a la semana durante más de cinco años, trabajar con más de veinte o treinta alumnos por grupo y no con grupos reducidos como muchos entrevistados, y por último dar clases en centros con gran porcentaje de inmigrantes o de alumnos con desigualdades sociales agudas. Estar fuera de estas situaciones lleva a muchos expertos a devenir como teóricos con fundamentos alejados de la realidad del aula. En la película muchos de los entrevistados trabajan en condiciones teóricas muy singulares y a menudo alejadas de clases hacinadas. Quizás por ello repiten una vez tras otra que hay que cambiar la educación pero sin darse cuenta que el objetivo primordial son las mejoras probadas, no los experimentos sin garantía. Ya se sabe que cambiar es fácil, lo difícil es mejorar. Si uno quema su casa ya la ha modificado pero para mejorar la educación no se requieren unas fallas valencianas, se requieren experiencias con resultados, no ideas seductoras sin pruebas de éxito. La tercera incorrección de la película son el conjunto de métodos que proponen los entrevistados para cambiar según ellos la educación. Hablan estos expertos en pedagogía de la proyección del amor y las emociones hacia los alumnos para crear vínculos de complicidad, confianza y autoridad sin autoritarismo. Esta afirmación resulta fantástica, bella, algo que los buenos docentes ya saben aplicar en sus clases, un discurso correcto que arranca fácilmente el aplauso del incauto y del ciudadano normal, pero que fíjense no dice como hacerlo, todo resulta un gran qué pero sin ningún cómo. Más tarde, y tras muchas demagogias, aparecen más qués para alcanzar dichos objetivos. Estos son la evaluación de los conocimientos de los escolares sin notas ni exámenes, la libertad total de los alumnos para elegir sus áreas preferidas, la clase específica para cada alumno según su elección, gusto o motivación, la igualdad entre los escolares para llegar a ser lo que ellos creen que pueden ser, médico o arquitecto por ejemplo, aún sin saber cálculo o sin tener las capacidades mentales cultivadas para ello, la no memorización de conceptos y finalmente que cada alumno aprenda libremente experimentando con su entorno. Todo lo anterior difícilmente formará doctos médicos, arquitectos o políticos, más bien todo lo contrario, forjará una sociedad llena de mediocres que se creerán médicos, arquitectos o políticos sin saber gran cosa para ello. Cabe añadir que todas estas ideas expuestas en el reportaje configuran el corolario que llenó nuestra reforma educativa, la LOGSE de los noventa. Ahora todas éstas corren por América latina. Habrá que preguntarse quienes las promueven. La cuarta incorrección de La Educación Prohibida son los elementos dramáticos y teatrales que se intercalan entre las entrevistas. Estas dramatizaciones de los maestros son exageradamente histriónicas, muy alejadas del aula y por tanto totalmente falsas. Los docentes que vean el largometraje se percatarán en breve que los actores que les representan fingen ser todo menos profesores y maestros. En tales ficciones cinematográficas los docentes aparecen como educadores ineptos, obstinados en el conocimiento de las cosas y ausentes ante las emociones de sus alumnos. Insisto, todo buen docente sabe como conectar con sus alumnos sin necesidad de teorías grandilocuentes que predican un cambio sin ofrecer ideas prácticas y reales de mejora. La quinta y última incorrección, y la más flagrante, es que las viejas teorías defendidas por esta película fracasaron ya en el pasado. Primero lo hicieron por los sesenta en Estados Unidos, luego por los setenta en la reforma educativa de Suecia, para llegar a los ochenta en Francia con Philippe Meirieu a la cabeza, y finalmente por los noventa en España con Alvaro Marchessi plagiando todos los errores anteriores en su LOGSE. Así lo han demostrado los expertos nates mencionados como la doctora Inger Enkvist, el exministro de educación francés Luc Ferry, el profesor Ricardo Moreno o la escritora Mercedes Ruiz Paz. Éstos y otros profesores han demostrado que la reforma educativa constructivista lleva años provocando el fracaso de la sociedad al producir abundancia de mano de obra inexperta y barata bajo la escasez de buenos profesionales. Los primeros eran libres de elegir sus materias en el colegio y equivocarse holgazaneando, los segundos se les obligó al esfuerzo y a la memorización de conceptos básicos y universales, los primeros viven en un progreso mal entendido e incluso en el paro, los segundos son la mayoría que no ha perdido su trabajo y quienes pueden provocar el progreso crítico y real de nuestra sociedad. No parece ninguna memez pensar que quizás la crisis actual hunde sus raíces en la pedagogía constructivista. En resumen, y vista La Educación Prohibida, parece claro que los pedagogos constructivistas se hallan detrás de este reportaje en América latina, ¿y por qué americano y no europeo? El fracaso del constructivismo durante décadas por Europa ha propiciado gran agnosticismo entre los dirigentes europeos. Ahora muchos de los pedagogos constructivistas, Alvaro Marchessi por ejemplo, dirigen su punto de mira hacia la todavía ingenua América latina en donde están influyendo sobre gobiernos y jóvenes con estas antiguas teorías que jamás tuvieron éxito alguno por el viejo mundo. Toda teoría educativa bien construida es bella y atractiva pero si lo que se persigue es crear buenas personas, excelentes profesionales y mentes críticas, debe hacerse con métodos prácticos, eficaces y plenamente probados, no con teorías sin demostración, llenas de puro vacío y bajo un catecismo de la nada. Con teorías que establecen distintos raseros para evaluar a los estudiantes no se pueden forjar médicos, arquitectos y políticos altamente expertos, responsables y sabios. Si dejamos que los niños elijan muchos optarán por jugar y dejar la comprensión lectora para la Universidad. Un médico que llegue a serlo así por la libertad de un sistema educativo que no le obligó a memorizar, que además le permitió elegir pintura en detrimento de Biología y que le adaptó los ejercicios a su bajo coeficiente de inteligencia, no creo que resultara competente para la práctica de la medicina. Este facultativo muy probablemente confundiría el horóscopo con su cáncer ya que la capacidad para diagnosticar correctamente depende de los conocimientos acumulados y no de la libre elección de las materias. En fin, que La Educación Prohibida, y no la que la mayoría de docentes imparte, es la que debería estar realmente prohibida.

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