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martes, 14 de enero de 2014

FRACASO ESCOLAR O FRACASO POLÍTICO (3)

El día a día El curso ha empezado y por ahora todavía no tenemos demasiada información sobre el funcionamiento del centro. Sólo podemos atender a lo que ocurre por casa y el día a día va a resultar primordial para marcar pautas claras y hábitos que se avengan con el instituto. Los chavales son ávidos devoradores de rutinas con pequeñas dosis de improvisación. Lo contrario, un océano de caos con intentos de orden, no favorece ni sus estudios ni sus vidas. Veámoslo del amanecer al anochecer. ¿Despertador? Mejor no haga un padre o madre de ello, que sean los adolescentes quienes se responsabilicen de sus horarios y se levanten a la hora. Si se despiertan tarde, que corran y aprendan. Igual puede decirse del bocadillo matinal. Empiece por dejarle el trabajo medio hecho y que se acostumbre a prepararse el desayuno. Si hablamos de igualdad que todo el mundo aprenda a cocinar. Y no le hace falta tanto dinero para comprarse una libreta, un boli o un bocadillo cada día, ¿cree acaso que las tiendas de chuches se arruinan cerca de los colegios? Compruebe sino lo que se gasta con las caries y quizás saque ciertas conclusiones. ¿Desayuno? Pues equilibrado, completo y lo más importante, asegúrese que lo toma. Ocurre muy frecuentemente que alumnos que no prestan atención en las clases es consecuencia de falta de calorías de calidad, en fin, de un mal desayuno. También el riesgo de anorexias puede andar cerca cuando no existe control en la alimentación, más si los estereotipos de belleza andan altos por su armario y costumbres. Muchas hijas durante su adolescencia intentan imitar a madres esbeltas y bellas, ello las lleva a veces a adelgazar en exceso. Más tarde se hablará de ello. Antes de salir de casa, y con el desayuno bien asentado, no estaría de más que dejaran la cama hecha, eso les enseñaría autonomía, deberes y responsabilidades desde sagaces, por otro lado, uno se ahorra un trabajo y tiempo a cambio de algo que educa a su prole. La llegada al centro educativo debe regirse por la puntualidad. Si este, el colegio, no lo regula, mal asunto. Es obligación y deber del instituto controlar los retrasos de los alumnos, dejar registro de los mismos, y si resultan redundantes, sancionar e informar a los mentores del mismo. Si sospecha de falta de puntualidad de su hijo, no espere mucho, llame al centro y pida información, aunque a menudo resulta muy útil revisar su agenda. En ella hallará las observaciones que docentes y tutor han anotado de su hijo a la espera que uno firmara pero que el zagal obvió y escondió. Faltas de disciplina, de puntualidad y de trabajo deberían figurar en tal bloc de notas. Si hay muchas deberían haber concertado entrevista personal, en tal caso, y si no lo hicieron, pídala. Antes pero, confirme que no falten páginas de la agenda, aquellas en donde había más observaciones que su hijo no quiso que uno viera. Por regla general las agendas llevan sus páginas numeradas a tal efecto. Otra manera de informar a los padres es con las actuales aplicaciones informáticas en donde se pasa lista con ordenadores y la información se halla disponible por la red. De todas formas tales modernidades topan con problemas como fallos en la batería del portátil, errores en la red, lentitud en la conexión y defectos del programa. A veces, y ante la imposibilidad de pasar lista con el portátil, algunos docentes lo deben hacer a la vieja usanza, a mano, para luego en casa pasar los datos a la red, es decir, doble trabajo. En resumidas cuentas, la informática no resulta la panacea del control escolar, y quien así se lo venda quizás lo haga por ahorrarse un trabajo que los tutores le harán, por ser un talibán de la informática o por simple ignorancia de lo que realmente ocurre en el aula. Por tanto, y por ahora, la agenda de papel resulta una buena manera de saber lo que ocurre con su polluelo. Revisarla a menudo permite controlar sus hábitos escolares y deberes pendientes. En caso de ver desierta la página del día desconfíe si le dice que no le encargaron trabajo y aplique lo que sigue, el hoy por mañana. Es muy simple, con el horario semanal en mano, algo que deben anotar en su agenda, el padre o la madre repasan el día de hoy y se ven todas las materias que han podido dejar deberes pendientes. Si no los hubiera siempre quedará pasar los apuntes a limpio y estudiar los conceptos impartidos. Luego hay que dirigirse a por el mañana, y se hace lo mismo para tal jornal en previsión de los ejercicios y estudio de las áreas que mañana se impartirán. El objetivo es obvio, repasar lo que se debe saber para comprender la clase siguiente, y como no, comprobar que los trabajos están a punto para el día posterior. En resumen, hay que ver lo que se hizo hoy y prever lo que se exigirá mañana. Él debe llevar la agenda bajo tal ordenanza y si uno así se la pide, verá como éste se pone las pilas. Otro punto de control sobre la calidad educativa del centro son los apuntes de su hijo. Revisarlos a tal efecto no debe ser tarea diaria, pero una vez cada mes le dará gran idea de cómo son los docentes que imparten una u otra materia. Si ve que todos los apuntes son un caos y con sesgos de información, algo pasa con su zagal, es harto imposible que todos los docentes de un centro dicten anotaciones desordenadas durante sus clases. Si observa que sólo sucede en una de las materias, o bien su hijo odia esa especialidad o bien el profesor es el desorganizado. Los apuntes son la herramienta básica de la profesión de su hijo, la de estudiante, como lo son una sierra para un carpintero o un ordenador para un programador. Por ello las anotaciones deben contemplar una serie de características fundamentales que le permitan a éste, al escolar, comprender y memorizar los contenidos impartidos de manera ágil y eficaz. Un buen docente sabrá crear esos apuntes en sus alumnos, algo que uno verá en las libretas de sus rapaces. Unos apuntes útiles deben ser sobretodo VISUALES, es decir estructurados, ordenados y con simetrías. Las figuras regulares y con colores llaman toda nuestra atención, véanse las señales de tráfico por ejemplo. La razón de tal percepción es que somos primates y por ello uno de los sentidos más afinado es la vista. Nosotros los humanos, como simios superiores, tenemos una visión excelente fruto de millones de años de adaptación a dos necesidades, el cálculo de distancias y la búsqueda de frutos maduros. El salto de rama en rama de nuestros antepasados o la caza con lanzas y flechas nos han potenciado una visión estereoscópica en donde los dos ojos miran al frente en lugar de a los lados como las vacas, éstas han necesitado evitar depredadores, no saltar sobre sus presas o evitar una caída al vacío al errar de rama. La segunda adaptación, la de la fruta madura, nos otorgó la visión en color vetada a muchos organismos como perros o toros, incluso nuestros gatos son algo daltónicos, aunque los pájaros ven aún más colores que nosotros. En nuestro caso la capacidad cromática de nuestros ojos nos permitió ver a distancia donde se hallaba la fruta a punto de caramelo, algo necesario para sobrevivir si queríamos comer. Visto que la vista es la que trabaja, los apuntes de los escolares deben ser VISUALES para facilitar el estudio y la comprensión. Las estrategias que deben seguir los alumnos para lograr tal objetivo son las que siguen. En primer lugar el orden en las ideas. No se puede comenzar por una ecuación de segundo grado sin antes pasar por la de primer grado, como también no se puede anotar una clasificación de elementos empezando por la excepción. En segundo lugar el uso de símbolos y abreviaturas que permiten anotar y leer con mayor rapidez los conceptos impartidos. En tal sentido tenemos toda la matemática a nuestro servicio, símbolos químicos y hasta el lenguaje de los móviles. Eso sí, en los exámenes y trabajos estará prohibido el uso de los mismos. En tercer lugar la utilización de esquemas para dar simetría a las informaciones. Ya hemos comentado que los humanos nos fijamos en figuras regulares y que las recordamos mejor que las formas caóticas y azarosas. La explicación es sencilla, frutos y presas presentan simetrías que nos llaman nuestra atención. Así pues el uso de cuadros sinópticos para clasificar, tablas para comparar, diagramas de flujo en causas y efectos, figuras geométricas para contrastar conceptos opuestos, gráficos para resumir o un simple dibujo esquema, que jamás artístico, muestran con simetría y claridad lo que uno así podrá con mayor facilidad recordar y memorizar. Combinar la observación con el dibujo hace que los alumnos se fijen más en el tema de estudio y que a su vez lo memoricen mientras lo trazan sobre su libreta. En cuarto lugar, y para que esos apuntes resulten visuales, resultará muy importante la buena presentación y que estén espaciados. Una información abigarrada, en letra pequeña y concentrada sobre el blanco de un folio es algo imposible de leer y comprender con rapidez. Por tanto, si ve que su hijo tiene unos apuntes así la solución es obvia, hay que pasarlos a limpio ampliando el tamaño de letra, el espacio entre esquema y esquema para que la presentación global sea suave y sin aprietos. Tal anotación regalará a su hijo tranquilidad al estudiar. Por otro lado, y al pasar los apuntes a limpio se logra que inconscientemente se estudie. Es harto sabido que al trabajar con la mano es estimulan muchas neuronas de la memorización, por tanto rescribir las cosas las inserta de nuevo en nuestra mente. En resumidas cuentas, el docente que imbuye unos apuntes bajo todos los consejos anteriores lo está haciendo francamente bien. En el día a día que estamos recorriendo llegaremos a la tarde como tiempo de trabajo y estudio. La zona de estudio debe cumplir también unos requisitos que ayudarán a la concentración y a la relajación del estudiante. Cuanto más se logren las dos condiciones anteriores menos se cansará el estudiante y más tiempo útil de estudio alcanzará. En primer lugar el área de estudio debe estar desierta de elementos que distraigan, no peluches, no juegos, no póster en la pared del frente, no Facebook y no Twitter. En segundo debe imperar el silencio, a lo sumo una música suave, pero hay que alejarse de melodías rítmicas y con percusión, distraen la mente. En tercer lugar las paredes deberían tener un color uniforme, claro y suave que de buena iluminación. Evitar los colores fuertes, no rojos y naranjas, sofocan, no azules intensos, dan frío, no colores oscuros, restan luz para el estudio, mejor tonos blancos o cálidos entre crema, marrones o verdes, es decir colores de tierra y bosque pero sin estridencias. La naturaleza aplaca y reduce la ansiedad, recuerde un paseo por un jardín o por un bosque. Rodéese de colores claros con los matices anteriores, esos matices de color pueden inducir el buen estudio. En cuarto lugar debe existir una buena ventilación ya que la concentración de dióxido de carbono al respirar adormece la mente. Y en quinto y último lugar, buena iluminación, preferible luz solar, más natural, más relajante. Seguramente quedaron en el tintero más requisitos para un buen rincón de estudio, pero con los anteriores llegamos al momento de la concentración en casa. La hora de los deberes debería ser siempre la misma ya que las rutinas los hacen autónomos y responsables. Cuando ya es costumbre que a las seis se estudia, no hace falta recordárselo. Si le dice que ya terminó y sólo pasaron treinta minutos, permítase dudar. Más ejercicios habrá, los mal hechos a repetir y el estudio de lo anotado ese día. Se insiste, los deberes no son lo único, jamás, también el estudio diario refuerza conceptos y permite que su hijo siga el curso con buena continuidad. No sólo con los deberes se aprueba un curso. Eduque en la memorización y no vale aquello de ya terminé los ejercicios. Memorizar ejercita las neuronas y da inteligencia al individuo. La pura memorización de conceptos sin más entrena a nuestro cerebro y crea una mente maravillosa, no le quepa la menor duda. Para eso sirve recitar poesías, aprender canciones u otras listas de datos como la tabla de multiplicar. Las rutinas de estudio por la tarde son básicas para el éxito académico del estudiante. Un tutor de tercero de la ESO en eso dedicaba toda una tutoría para diseñar un horario de estudio y deberes semanales. Cada alumno debía presentarle en todo detalle como repartía su tiempo por la tarde incluyendo la materias que menos le gustaban que debía situar al principio cuando se está más fresco, las materias que más le gustaban que debía situar al final como un regalo, el descanso con una merienda de unos 15 minutos, dos horas de estudio y deberes repartidas entre almuerzo, actividades extraescolares y cena, materias del día que obligaban a deberes o estudio, materias del día siguiente a revisar en posibles asuntos pendientes, hora de ir a dormir, día de compras para ayudar a los padres, día de limpieza y orden de la habitación y hasta la obligación de hacerse la cama por la mañana. Con todo ello los padres tenían una herramienta básica de apoyo, que no ayuda. Si durante el estudio los padres ayudaban, no debían darles los resultados, no debían hacerles los deberes, eso no les hacía gran favor. Los padres deben dar pistas e indicaciones para que luego el escolar pregunte en clase, eso le hará autónomo al aprender de sus errores, cuanto más se equivoque más se cultivará. En clase muchos buenos docentes hacen eso mismo, proponen un ejercicio y a periodos de tiempo gradual van dando pistas. Algunos docentes ponen notas tal que los tres primeros que lo resuelven obtienen un 10, los tres siguientes un 9 y así sucesivamente, pero al llegar al 5 se apean, nadie suspende. Al alumno que no puntuó le queda la próxima oportunidad, los trabajos de clase y los exámenes. La tarde da para mucho por lo que procure que sus hijos tengan menos tele y más obligaciones hogareñas, deportivas o escolares. Si los deberes se terminaron siempre queda estudiar para mañana, no le quepa la menor duda, o ir un rato a entrenar para distraer la mente y concentrar los músculos. Convertirse en un zángano ante el televisor no ejercita en demasía la mente de su descendencia. Un estudio de la facultad de Comunicación en colaboración con el Colegio Irabia de Pamplona sobre 5.600 alumnos mostraba que los escolares veían una media de 150 a 180 minutos de televisión al día, es decir de dos a tres horas que no se dedican ni al estudio ni a otras actividades lúdicas. Añadía el mismo estudio que casi la mitad de los adolescentes la miran sin control de los padres prefiriendo los culebrones humorísticos y que la hora de mayor audiencia era a partir de las diez y media de la noche, algo que encendía las alarmas. La primera que durante la noche no existía comunicación familiar si se estaba tanto ante el televisor, la segunda que los adolescentes miraban más los programas adultos que los de la franja juvenil, la tercera que no parecía existir un control generalizado sobre la programación, y la cuarta y última, que éstos iban a dormir tarde. Añadamos a esto que quienes no ven la TV, navegan por Internet o juegan con videoconsolas, y concluiremos que estamos ante una generación cada vez más insomne. Es muy frecuente en clase encontrarse con alumnos que van como alma en pena. Al preguntarles qué les ocurre responden que se fueron a dormir tarde ante la pantalla, un hecho que les resta capacidad de concentración a la mañana siguiente. Y bien, el día llegó a su fin y la cena con él. Este momento puede ser aprovechado para fines de placer y a su vez educativos. Todos en la mesa y con la tele apagada permite que uno sepa como es el colegio de su hijo o cuales han sido las vicisitudes de la familia durante el día. La palabra cura las tensiones del jornal, y con ello los niveles de ansiedad disminuyen. Apague el televisor durante las comidas, o a lo sumo baje el volumen, y provoque que se charle de temas en la mesa. De la comunicación surge y nace el puente en la educación.

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