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martes, 22 de abril de 2014

JESUS HISTORICO 8:INFANCIA y ADOLESCENCIA DEL NAZARENO

La época en qué nació el Nazareno estuvo llena de conflictos y revueltas, muchas de ellas en contra de herodianos y romanos. Cabe comprende entonces el contexto por donde fue creciendo Jesús para comprender su mensaje. Herodes el Grande falleció el 4 a. C. y en Jerusalén reclamaban un sumo sacerdote de mayor piedad y pureza que el colocado por Herodes. Eso puso en jaque al hijo y heredero de Herodes, Arquelao. Las facciones judías zumbaban en contra del avispero del posible futuro rey, unas facciones formadas por varias tendencias dentro del judaísmo: los fariseos, mayoría hebrea tradicionalista; los saduceos, aristocracia de costumbres helenizadas; los esenios, comunidad eremita en contra del templo de Jerusalén; y los futuros zelotas, revolucionarios independentistas en contra de Roma. Ante tal enjambre de sediciones el hijo de Herodes, Arquelao, mandó que una cohorte de tropas entrara en el Templo para arrestar a los cabecillas. La batalla estalló y murieron muchos de un bando y de otro. Sorprendentemente las tropas de Arquelao fueron derrotadas y éste, bajo una profunda frustración, mandó a todo el grueso de su ejército para que actuara en consecuencia. Varios miles de civiles muertos después hicieron que Arquelao se ganara sus laureles. Tras ello marchó hacia Roma a rendir pleitesía ante el César. Mientras así lo hacía ocurrieron dos cosas: la primera que su otro hermano, Herodes Antipas, reclamó el trono, y la segunda, que estalló otra rebelión peor que la anterior, un amotinamiento que dejó en cenizas el palacio de Herodes. La revuelta anterior surgió de la mente de un estratega, un fariseo que ya hemos mencionado, Judas el Galileo. Éste, con el apoyo de un sacerdote también fariseo llamado Sadoq (que significaba el Justo), capitaneó el asunto con éxito y gran seguimiento desde el 6 a. C. Este líder pregonaba que nadie era el propietario de Israel excepto Yahvé y que por tanto, ningún extranjero podía romper la Alianza entre Yahvé, los judíos y su heredad. Consecuentemente los romanos debían ser echados a patadas de esta tierra sagrada sin cobrar impuesto alguno. Debemos indicar que Herodes cobraba para los romanos esas tasas. Así se comprendían perfectamente las fallas valencianas de su palacio. Añadía Judas el Galileo que quien participara en la reyerta contra Roma, y contra Herodes, obtendría la vida eterna, una yihad de la época. Ante tales afrentas, Roma actuó y mandó tres legiones, cuatro regimientos de caballería y otras tantas tropas auxiliares. Al final, cerca de dos mil judíos fueron crucificados por sedición. Judas el Galileo escapó al genocidio. César Augusto, ante las revoluciones judías y la dinastía de Herodes, decidió dividir Israel entre los hijos del rey judío. Así desaparecía el título de rey de Israel dejando que sus herederos gobernaran con un título menor que el de monarca. Para Arquelao quedaron Judea y Samaria, para Filipo las tierras del norte y del este de Galilea y para Herodes las regiones al otro lado del Jordán y la Galilea natal del Nazareno. Fue obvio que César Augusto aplicó el divide y vencerás para un mayor control de Israel. Diez años más tarde, y con un Arquelao demasiado cruel entre su pueblo, Roma lo destituyó y Judea pasó directamente bajo estandarte romano. Enviado un gobernador, Cirinio, el imperio quiso disponer de un censo para la recaudación de los impuestos, algo que trajo consigo un conflicto inevitable el 6 d. C. Judas, aún vivo, lideró otro alzamiento argumentando que los judíos debían defender el imperio de Yahvé sobre la tierra de Israel y negarse a pagar el tributo del César. Al final Judas fue ajusticiado (Hechos 5, 37), los judíos nuevamente oprimidos e Israel declarada un conjunto de provincias de Roma. La hostilidad judía contra Roma iba a crecer en el mundo que rodearía al infante Nazareno. Mientras todo aquello sucedía, Jesús crecía por tierras galileas entre una Roma opresora, unos galileos revoltosos y un Herodes Antipas fiero y despiadado. Pero, ¿qué sabemos de la infancia del Nazareno? Pues algo muy simple, bien poco. En algunos apócrifos tardíos se le describe como un niño violento y vengativo, algo que hizo que la Iglesia considerara aquellos textos como no canónicos. De todas formas aquellas descripciones apócrifas fueron fruto de visiones helenizadas del niño Jesús. En muchas de ellas el Nazareno asistía a clases de griego, algo imposible entre las pobres gentes judías de Galilea. En fin, y humildemente, debemos admitir que de la infancia de Jesús no poseemos dato veraz alguno y que la mayoría de sucesos atribuidos fueron añadidos de mitos anteriores, sobretodo egipcios. El teólogo Llogari Pujol y la doctora en historia Claude-Brigitte Carcenac han hallado en los dos únicos evangelios canónicos que hablan de la infancia de Jesús, Lucas y Mateo, numerosos paralelismos entre la mitología del antiguo Egipto y la niñez del Nazareno (véase Jesús, 3.000 años antes de Cristo) señal muy probable de elaboraciones por parte de los evangelistas. ADOLESCENCIA DE JESÚS De la pubertad de Jesús hay una breve referencia en Lucas. Este pasaje nos cuenta que los padres de Jesús hallaron a su hijo entre rabinos hablando sabiamente de los conocimientos de las escrituras hebreas. Este escrito guarda un gran parecido con el relato egipcio del 550 a. C., El Cuento de Satmi: el hijo de Dios, Si-Osiris, que tiene como padres a Mahitusket, la llena de gracia, y a Satmi, quien acata a Dios, a los once años habla de tú a tú con los sabios del templo de igual manera que Lucas cuenta de Jesús en su evangelio. Una elaboración así refrendaba la sabiduría divina de Jesús y su carácter mesiánico dictado por las profecías. Por tanto, y muy probablemente, de la adolescencia de Jesús se tenga muy poca información, un hecho que ha abierto grandes brechas en donde muchos autores han forjado un Jesús adoctrinado entre facciones y lugares muy diversos. Entre ellos cabe citar los esenios, los gnósticos, los zelotas y hasta en los hindúes, aunque todo ello, y por muchos indicios que escriban quienes lo afirman, forma parte de una literatura de más suposiciones que de hechos. Recuerde el lector la disyuntiva sobre la mayoría de libros que se han escrito sobre Jesús, o libros de ciencia-ficción o textos con demasiada carga de fe. En este párrafo nos hemos referido a los primeros. En fin, de Jesús no sabemos ni cuando ni donde nació, tampoco como y donde se educó. La gran mayoría de lo contado en los evangelios sobre su juventud fueron rumores rescatados de la niebla oral, de préstamos de culturas vecinas o de arquetipos del Antiguo Testamento. Sólo a partir del bautismo de Jesús las cosas toman otro carácter más lógico y real.

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