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viernes, 2 de mayo de 2014

JESÚS HISTÓRICO 10:LA CAUSA BAUTISTA

La causa del bautista como predicador parece surgir tras una crisis personal del mismo. Cerca del 28 d. C., Juan se volvió cien por cien adepto a un estilo de vida asceta, una praxis apartada de la comunidad y cercana a los terrones del desierto. Su vida nómada y críptica respondía sobretodo a la necesidad de ocultarse de quienes criticaba, de sus perseguidores. Otros autores han añadido que Juan pertenecía a la comunidad esenia de Qumrán y que de allí aprendió y predicó sus enseñanzas. Los esenios de la comunidad de Qumrán representaron un grupo de judíos que ante la helenización del mundo semita en Judea, y la impureza que ello conllevaba para ellos, decidieron abandonar la tierra prometida para fundar una comunidad santa en el desierto. Cubiertos con túnicas blancas se entregaban a toda clase de actos de purificación para desmarcarse de los paganos romanos y de los judíos helenizados. También desechaban a cualquier individuo que padeciera cualquier enfermedad visible ya que los consideraban impuros y castigados por Yahvé. Más Jesús que Juan acogieron a cualquier desdichado, por lo que las tesis esenias del Nazareno o del bautista no parecen encajar. Quizás ambos tuvieran ciertas coincidencias con tal movimiento pero no existe certeza alguna que pertenecieran a tal facción judía, más bien parecían que simplemente iban a la suya. Fuere lo que fuere, los evangelios dicen que Juan vestía con pieles de animales, comía lo que recolectaba de la naturaleza, y entre langosta y langosta, no de mar, condenaba a los responsables de la rastrera vida de los galileos, a sus expoliadores, los herodianos. Cabe indicar que el contexto de Galilea resultaba de lo más desolador. Herodes con sus impuestos y sus favores a Roma estaba arruinando la economía de la comarca. Galilea fue un territorio muy empobrecido por Herodes y los romanos. Por dicha causa el bautista se convirtió en todo un rebelde, un crítico contra las minorías ricas y poderosas del momento. Lo mismo repetiría poco más tarde otro de sus discípulos predilectos, el propio Jesús. El bautista ante la pasividad del sistema empezó a predicar lo que el pueblo quería escuchar. La opresión y la pérdida de libertades del pueblo hebreo eran patentes. Roma tenía bajo control a todo Israel incluidas las clases aristocráticas vinculadas a Herodes y a los saduceos. Muchas eran las profecías que pregonaban la llegada de un gran héroe que les liberaría de todas esas injusticias, supersticiones que la clase alta saducea consideraba absurdas y del vulgo. Juan hizo llegar a los oídos de los hebreos tales profecías, la llegada de ese gran caballero, el Mesías. Eso sucedía, y según los evangelios, alrededor del quinceavo año de mandato de Tiberio, emperador entre el 14 y el 37 d. C., algo que situaría los hechos cerca del 29 d. C., fechas que encajan con la presencia de Poncio Pilatos como procurador romano en Jerusalén (26 al 36 d. C.), y con el ejercicio como sumo sacerdote a Caifás, (18 al 36 d. C.). Esta vez por tanto, los evangelios dan detalles suficientemente creíbles como para desestimar la idea de añadidos aunque para ahondar más en la causa bautista y nazarena hay que conocer bien el infierno en Galilea. Herodes Antipas, a quien no debemos confundir con su padre, Herodes el Grande, fue duramente criticado por Juan y Jesús. Tales ataques no fueron meras quimeras de aquellos ascetas sino consecuencia de las malas acciones del monarca. Todo el conjunto que ahora detallaremos explica claramente el contexto de la Galilea de aquel entonces y de los movimientos bautistas y nazarenos. Herodes Antipas fue uno de los hijos de Herodes el Grande que tras diversas disputas con sus hermanastros, y bajo el arbitrio de Roma, se convirtió en tetrarca de Galilea y Perea, mientras que su hermanastro Herodes de Filipo lo fue de Iturea, y Lisanio de Abilene y Traconítide. Así pues, Herodes Antipas gobernaba Galilea, la tierra de Jesús el Nazareno. Galilea era un país montañoso y aislado del resto de regiones. Antiguamente su población no se sentía plenamente judía de Judea, de hecho era cananea. Pasados los siglos XIII y XII a. C. la población fue fusionándose, y en parte sustituida, por judíos de tradición y origen asirios. Otro dato relevante era que Galilea estaba rodeada de fenicios y griegos, es decir, de no-judíos. Ese aislamiento le confirió su carácter tan endémico y nacionalista. Olvidada de los judíos de Judea y bajo los intereses de los extranjeros romanos, griegos y fenicios no fue nada extraño que de allí surgieran con rabia muchos movimientos nacionalistas semitas en contra de los gobernantes amparados por Roma. Recuérdese aquí el caso de Judas el Galileo. Cabe indicar que hablar de nacionalismo en aquellos tiempos era también hablar religión. La tierra de Israel, y su soberanía, pertenecía a Yahvé y éste se la había otorgado al pueblo judío bajo la Alianza de su tierra prometida. Poder y religión estaban en un solo concepto en las mentes semitas de entonces. Visto todo lo anterior, se puede concluir que Galilea era una región fundamentalmente humilde y agrícola con viñedos, olivos y cereales. Sus centros de producción se organizaban según grandes haciendas propiedad de amos que vivían fuera del país. Aquello conllevaba que la gestión de las mismas recayera sobre un administrador que debía dar beneficios a sus señores feudales. Aquel régimen de latifundios convivía con pequeñas propiedades familiares herencia de padres a hijos que eran trabajadas por sus pequeños benefactores, algo que implicaba que los pequeños cultivaran a menudo las tierras de los grandes con la obligación de entregar parte de la cosecha. En fin, que la Galilea de tiempos del Nazareno era una región de pocos amos y muchos jornaleros. Sin una mayoría propietaria del suelo agrícola, las plazas de los pueblos se llenaban matutinamente de obreros buscando un salario. Pero el problema principal de la época ya no sólo era los sin propiedad que siempre andaban buscando contrato, lo eran los pequeños amos. Éstos debían pagar sus impuestos al imperio romano a través de su títere Herodes, alguien que jamás pareció mandar cantidad alguna de lo recaudado a Roma. Según el cronista Flavio Josefo esas tasas repercutían para el bolsillo del regente en unos 200 talentos anuales, unos 4.500 quilos de plata. A partir del 6 d. C. se implantó un triple sistema fiscal, el herodiano en Galilea, el romano en Judea y el del templo en Jerusalén. Los dos primeros no gustaron a los judíos, algo que los evangelios reflejaron con el asunto del tributo al César: devolved al César lo que es del César y a Yahvé lo que es de Yahvé (Mateo 22, 21; Marcos 12, 17; Lucas 20, 25). Bajo todo aquel contexto podemos afirmar que en Galilea no existían grandes fortunas judías, de hecho el más rico era Herodes Antipas que vivía a la última, es decir, al mejor estilo griego del momento. El resto de grandes propietarios, como el emperador y sus allegados, vivían fuera del territorio cobrando sus beneficios. No obstante, en Galilea operaba otra actividad, el negocio de la pesca. Ésta estaba gestionada sobretodo por comerciantes griegos en las urbes, algo que dejaba a los galileos como meros productores. Si a todo ello sumábamos los impuestos que implicaron la reconstrucción en menos de veinte años de la antigua capital de Galilea, Séforis, la construcción de la nueva capital del reino de Antipas, Tiberíades, y la fortificación de Jerusalén, todo bajo el deseo y la dictadura del títere de Roma y helenista Herodes, quedó claro que los galileos rurales anduvieron siempre cortos de talentos de plata. Aquellas fuertes cargas impositivas distanciaron gravemente la mayoritaria rural Galilea de la minoritaria urbana y helenizada de Séforis y Tiberíades. En estas ciudades se concentraban las clases dominantes: recaudadores de tributos, terratenientes, administradores de mercancías, jueces, militares romanos y jefes religiosos. Debemos dejar claro que aquella Galilea era una región dual entre grandes ciudades helenizadas, y sin apenas judíos, y un basto resto rural y pesquero repleto de humildes semitas. Esa mayoría rural galilea jamás pudo decirse que nadara en la abundancia, todo lo contrario, los pequeños amos y jornaleros se veían a menudo empujados a la ruina bajo las malas cosechas y los impuestos abusivos por las obras de Séforis y Tiberíades. Cuando una familia campesina no poseía suficientes reservas de grano acudía a parientes y vecinos, pero si ello no era posible debían pedir préstamos a quienes controlaban los almacenes de cereales. Sólo las elites de las ciudades disponían de esas sumas de oro y plata, un dinero que en arameo recibía el nombre de mammon, lo que da seguridad. Los campesinos apenas acaparaban sólo unas pocas monedas de cobre o bronce de escaso valor. Si al final éstos no podían pagar las deudas, sabían perfectamente qué les esperaba, la mal venta de sus propiedades para engrosar la de los terratenientes, la consecuente inmigración como temporeros, mendigos, vagabundos o hasta bandidos y prostitutas, personajes todos ellos que redundan continuamente en las parábolas de Jesús y en los evangelios. Galilea era un hervidero que dejó mella profunda en las actitudes de Juan el bautista y de su seguidor Jesús, unos indignados contrarios al títere impuesto por Roma, Herodes Antipas, y a su política económica de hacer a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. Juan y Jesús veían con malos ojos aquella sociedad formada por una mayoría campesina deudora, hambrienta y arruinada bajo una minoría helenizada, rica y ostentosa: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Imperio de Yahvé (Marcos 10, 24) y no podéis servir a Yahvé y al dinero (Lucas 16, 13 y Mateo 6,24). Sólo ver los edificios lujosos de aquellas ciudades contrastando con la miseria de las aldeas daba crédito a la injusticia de aquellos regentes. A todo lo anterior, cabe añadir que los acólitos de Juan y Jesús se sentían aunados bajo el amparo de una misma lengua, el arameo, algo que da gran identidad a cualquier movimiento territorial. Prueba que los Nazarenos hablaban el arameo lo encontramos durante la detención de Jesús. Cuando Pedro fue acusado de pertenecer a la facción nazarena, alguno de la multitud lo delató del siguiente modo: seguro que tú también eres uno de ellos [de los nazarenos]. Se te nota hasta en el acento (Mateo 26, 74 en la traducción de J.F. Mira). En conclusión, y bajo el abuso romano y herodiano, en Galilea surgieron muchos Mesías liberadores. De todas formas, y ante la sospecha que Juan fuera confundido con el Mesías, él siempre negó serlo.

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