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miércoles, 18 de mayo de 2016

FRACASO ESCOLAR (2) El objetivo de la educación

Con demasiada insistencia se culpa a los padres y maestros de los problemas educativos del país, algo que resulta en gran manera exagerado e injusto. La mayoría de progenitores y docentes hacen lo que deben y educan bien, sólo unos pocos, como en toda estadística, fallan en su objetivo. En este libro no se acusa por tanto a la minoría del fracaso educativo vigente, sino todo lo contrario, se ofrece lo que debe existir entre centro educativo, familias y administración para una enseñanza exitosa bajo la Enseñanza Múltiple Contrastada. Se han recogido para este libro un gran número de trucos prácticos y efectivos de educadores, gobernantes y padres con experiencia. Todos ellos configuran el marco de esta Enseñanza Múltiple Contrastada. Durante el texto se destilarán estas estrategias que permiten evaluar si el centro donde estudian sus hijos resulta efectivo y si la administración así lo procura y promueve. Este compendio de reflexiones, por tanto, no sólo va dirigido a los padres sino también hacia docentes y gobernantes. En estas páginas, y bajo la Enseñanza Múltiple Contrastada, se hallan hábiles estratagemas para mejorar el sistema educativo globalmente, y entiéndase por sistema educativo algo mucho más amplio que el sistema escolar. El sistema educativo es la asociación entre familias, escuelas, administración y medios que influyen sobre el aprendizaje de nuestros estudiantes. El objetivo de todo sistema educativo debería ser el de formar personas cívicas, buenos profesionales y óptimos nuevos educadores. En fin, este libro ofrece un trato entre todas esas partes para reforzar un mismo frente, el educativo, y así cumplir, unos en casa, otros en clase y los de arriba desde la administración, lo que debemos hacer conjuntamente para tratar, comprender, educar y enseñar a los escolares. Cabe observar que enseñar es distinto que educar. El primero ofrece conocimientos contrastados al estudiante en cambio el segundo otorga valores morales; el primero orienta con realidades el segundo adoctrina con creencias. Aún así, y para no repetir demasiado una u otra palabra en la redacción, las utilizaremos indistintamente bajo el significado de transmisión de conocimientos y no de adoctrinamiento. Independientemente de lo anterior, y a través de este libro, como padres sabrán qué deben hacer con el instituto, como profesores que trucos para mejorar el aula, y desde la política marcos concretos para promover un sistema educativo global formado por administración, familias y escuelas que no dejen de lado a quienes menos pueden. Para todo ello se viajará por todo un curso académico para analizar los diferentes sucesos del mismo. Qué centro escoger, qué pedagogías elegir y qué esperar de un final de curso serán capítulos que se irán hilvanando a lo largo de este ensayo. El final culminará con una sólida argumentación científica de las causas y de las soluciones al fracaso escolar. En ello no se acusará a los progenitores de ello sino a una falacia que anda siglos envenenando los sistemas educativos mundiales. Cabe añadir que ser padres resulta hoy en día una de las asignaturas más difíciles de la vida. En primer lugar poco se enseña a serlo, en segundo debes aprender rápido cuando los nueve meses dan a luz. Este salto a la otra orilla, la materna y la paterna, implica un gran compromiso, que no implicación. Recuérdese que en unos huevos fritos con jamón la gallina se implica pero el cerdo se compromete. La educación de un hijo empieza antes de concebirlo. Preguntarse cuál es la razón que nos impulsa a tener ese zagal es de suma importancia para sus próximas décadas y formación venidera. Las razones que conllevan concepciones pueden ser múltiples: fruto del amor, del reloj biológico, del deseo de compañía, del azar no deseado, de querer consolidar la pareja, de la consigna vaticana tantos hijos como diga Dios, o del anhelo de perpetuar el legado de la propia estirpe, aunque existe una que no se ha mencionado y que ostenta la mayor importancia, el deseo de educar en la autonomía, la responsabilidad y el respeto, el deseo de crear un gran ser humano. Así pues, ese bebé que se encargó a la cigüeña, a París o al hospital del in vitro, debe ser diana de este objetivo, educar. En otras palabras, hay que parir pensando en educar y no en París pensando en parir. A largo plazo el objetivo de todo educador, padre, madre o docente, debe ser conectar, hacerse líder y autoridad entre los niños. Si confían en tu experiencia no cuestionan tanto tus consejos y acceden a ellos, algo que permite nuestro objetivo, enseñar y educar a nuestros hijos o alumnos. Ellos deben confiar en nosotros para que nosotros podamos confiar en ellos. Hay que alimentar ese pez que se muerde la cola, la confianza genera más confianza. De hecho en uno de los países con mayor éxito académico, Finlandia, cualquier docente resulta el líder indiscutible de la clase mientras que el alumno se siente el mayor responsable de su propia educación. Visto esto, puede que haya padres que deseen pedir en qué parte de los estatutos de su centro se especifica cómo alcanzan los docentes la confianza con los alumnos, hasta puede que insistan que le envíen muchos informes de las actividades a tal efecto. La verdad, mejor no sumergirse entre tantos papeles, un colegio con tanta burocracia es malo. Redactar todo ese galimatías que alguien exigió ha implicado perder mucho tiempo, tiempo perdido en lo teórico, lo escrito, que luego no se puede aplicar en la práctica, en el aula. Es decir, fíese más de los centros con la justa burocracia ya que allí se prima más la efectividad por experiencia que por demagogia. Toda burocracia justifica el sueldo de burócratas, no el de doctos profesionales en el aula. Mejor una clase espléndida que miles de informes entre padres y escuela. Para dilucidar este punto hay que saber escoger un centro educativo que se adapte lo mejor posible a las necesidades familiares y que a su vez evite un exceso de trámites innecesarios. En todos los centros educativos de Finlandia se prima la efectividad a la burocracia y la administración vela por ello.

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