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martes, 5 de julio de 2016

FRACASO ESCOLAR 15. Modas educativas

Durante las últimas décadas muchas modas educativas se han incorporado a nuestro sistema de enseñanza. En el pasado otras tendencias teóricas también lo hicieron. Fueron ejemplos de ello la enseñanza con fichas o la matemática de conjuntos. Hoy en día hay que tener perspectiva de futuro para saber si las modas educativas actuales son meras teorías sin eficacia probada o si, por el contrario, ellas se convertirán en la solución a nuestro flagrante malogro escolar. Las escuelas Waldorf, la teoría de las inteligencias múltiples, el constructivismo o la escuela por proyectos están resultando ejemplos de tendencias actuales. En noviembre de 2015 todas ellas fueran puestas a debate en Barcelona durante las IV Jornadas de Secundaria. Durante estas sesiones diferentes profesionales de valía reconocida como Gregorio Luri, Alberto Royo, José Manuel Lacasa o Sergi Sanmartí alcanzaron un elevado nivel de acuerdo y las conclusiones presentadas fueron, cuando menos, sorprendentes. Cabe indicar que Alberto Royo publicó en 2016 un libro al respecto de todo aquello, Contra la Nueva Educación, o en igual sentido Ricardo Moreno que el mismo año publicó La Conjura de los Ignorantes. En ambos trabajos se construye un excelente retrato de quienes se consideran expertos en educación pero sin impartir ni veinte horas por semana, ni con treinta alumnos por aula, ni con estudiantes de diversa índole económica y étnica. En fin, que se denuncia y argumenta con hechos reales y contrastados a quienes predican como enseñar en clase pero que no lo practican al cien por cien. Los autores exponen con prístina claridad y lógica irrefutable la eterna lucha entre la pedagogía teórica por comprobar y la didáctica pedagógica demostrada. La primera se proclama innovadora pero repite ideas equivocadas de hace más de cien años. La segunda va mejorando la enseñanza con la experiencia de más y más docentes. Por desgracia, y así lo demuestran estos profesores, la pedagogía teórica sigue detrás de nuestras leyes educativas entorpeciendo y empeorando el sistema. La prueba son los informes PISA que hace décadas denuncian como el fracaso escolar aumenta año tras año en nuestro país. Ante tal alud de datos la pedagogía teórica culpa a los docentes del hundimiento académico español. Lo más perverso es que les acusa de estar mal formados ya que no deben darse conocimientos a los alumnos sino educación emocional, es decir, la enseñanza no debe perseguir la transmisión de conocimientos de los doctos sino procurar cosas tan abstractas en el aula como la felicidad de los alumnos, la creatividad de los mismos y la libertad en clase. Ante tal paradoja los autores anteriores se preguntan, ¿por qué la buena didáctica no se hace escuchar entre la clase política?, ¿tan difícil resulta que la realidad educativa sea vista por todos? Desgraciadamente las leyes educativas siguen bajo las clases magistrales de estos supuestos expertos educativos que prohíben las de los docentes en activo. Es decir, ahora los profesores deben enseñar sin clases magistrales pero sí deben asistir a las que imparten los pedagogos teóricos. En fin, un mundo al revés y lleno de paradojas. Volviendo a las jornadas anteriores cabe indicar que todas las tendencias educativas allí expuestas decían romper con la enseñanza tradicional. Paradójicamente no era así. Todas ellas aplicaban teorías que ya probaron otros países con resultados negativos, unas experiencias que decenas de veces fueron abandonadas por su ineficacia desde hacía más de cien años. Es decir, estas escuelas modernas dicen ser innovadoras cuando realmente aplican experimentos educativos pretéritos con el añadido que no presentan datos contrastados que demuestren mejorar el sistema de enseñanza universalmente. De hecho no hay literatura científica seria que demuestre que estas modas puedan reducir el estropicio escolar de todos nuestros centros. Es más, ningún tratado de psiquiatría, neurobiología o genética ha demostrado que al nacer nuestro cerebro posea creatividad innata partiendo de cero, psicología positiva que hará cumplir deseos en el futuro, fenómenos cuánticos causantes de pensamientos, memorizaciones previas a tu nacimiento o inteligencias múltiples separadas en nuestro cerebro. Estas presunciones, que defienden las modas pedagógicas, nunca se han demostrado científicamente y se han convertido en simples quimeras de sus predicadores, es decir, resultan pura homeopatía pedagógica sin fundamento neurocientífico. Desgraciadamente muchos políticos ignoran esta realidad y terminan creyendo a estos teóricos. Estos insisten tanto en poseer la verdad que llegan a transformar su pedagogía teórica en una simple creencia o religión, nunca en una ciencia con datos contrastados. Así, y con la aprobación de algunos políticos ingenuos, muchas modas educativas se han incorporado a nuestro sistema de enseñanza rebajando un curriculum exigente, y que funcionaba en el pasado, a cambio de una felicidad inmediata de los alumnos, una felicidad que muchos docentes no reciben de sus estudiantes. Si la buena educación busca que un escolar deje de ser básico para llegar a ser mejor, ahora algunas modas educativas sólo vislumbran que el niño sea simplemente feliz, no sabio. En consecuencia todas estas pseudociencias no mejoran universalmente nuestro sistema de enseñanza ni reducen el alarmante fracaso escolar por la simple razón que no se fundamentan en realidades. Lo que sí hacen es reducir drásticamente los niveles de exigencia, los currículos a impartir y los dominios lingüísticos de nuestros alumnos. Por dichas causas, más la falta de diagnosis y terapias en infantil, estas modas educativas crean niños felices que no repiten curso en infantil pero sí lo hacen en secundaria. El dato es que aquí en secundaria se repite el doble que en Europa pero se es feliz en infantil y primaria. Sólo hay que entender que en el aula se han de enseñar verdades y que entre inteligencia trabajada y felicidad eterna sólo hay una diferencia, la mentira. El esfuerzo cultiva la inteligencia como un hecho real, mientras que la felicidad se convierte en un concepto abstracto y utópico. Las pedagogías teóricas y sus modas educativas persiguen la felicidad abstracta olvidando la enseñanza real de los contenidos, es decir, olvidan el objetivo real de la educación, el desarrollo de la inteligencia tangible del individuo. Uno de los padres de la pedagogía, Comenius (1592-1670), decía que ésta era el arte de cultivar el jardín de la inteligencia. Y de hecho está demostrado científicamente que la inteligencia nace más del esfuerzo que de la genética heredada. En fin, que el ejercicio sostenido resulta más importante que la herencia en la adquisición de aprendizajes complejos. Prueba de ello son la escuelas públicas KIPP de Estados Unidos en donde lo primero es el esfuerzo en el aprendizaje. Bajo tal método, y con un 90 por ciento de estudiantes negros y latinos, estos centros logran un gran éxito escolar. De hecho el 80 por ciento de sus alumnos logra ir a la universidad. Parece obvio que si dejamos de exigir en nuestro sistema de enseñanza éste se degradará, lo que ya ha sucedido. Un dato real que ratifica la falta de exigencia en nuestro currículo nacional son las pruebas PISA. El analista José Manuel Lacasa demostró pasado el 2010 algo insólito. Todos los países evaluados en PISA se agrupan en dos bloques, los de puntuación alta con buena excelencia, y el resto con bajas notas y nula excelencia. Entre los primeros hay países pobres del sudeste asiático y ricos de cultura anglosajona, todos ellos con currículos rigurosos ya desde infantil. Entre los segundos predominan los de cultura latina con contenidos mediocres en todas las etapas educativas. Queda claro que el principal factor que regula el nivel de enseñanza no es la riqueza del país, ni la diversidad étnica, ni los factores sociales, ni la formación docente como algunos teóricos defienden, sino los niveles de los currículos exigidos. Las naciones y regiones con contenidos escolares más estrictos obtienen mejores resultados en PISA que los otros que no lo hacen. Ejemplos de ello son Finlandia, Corea del Sur, Flandes, Baviera y Singapur que con distintos métodos pedagógicos, muy dispares financiaciones y diferentes estructuras escolares, logran un gran éxito escolar. Es decir, que la teoría pedagógica aplicada, el dinero en educación y la autonomía de centros no son la solución al fracaso escolar sino todo lo contrario, su causa. El fiasco académico aumentó en nuestro país por causa de la anticuada pedagogía teórica que predica las tres efes, el aprendizaje fácil, feliz y falaz. Desgraciadamente lo único que ha generado este placebo pedagógico ha sido alumnos que estudian menos, es decir, que suspenden más aquí y en las pruebas PISA. Por tanto, y ante los datos internacionales, reiteramos que la solución a nuestro desastre escolar no son las modas educativas sino que éstas son su causa. Para mejorar la enseñanza hay que aumentar el nivel de exigencia, los currículos y el dominio lingüístico en infantil y primaria. Y los alumnos con dificultades innatas han de ser diagnosticados y tratados ya en infantil, cosa que no ocurre en nuestro país pero si en Finlandia y otros países europeos. Por tanto sin terapias precoces, sin esfuerzo estudiantil, sin buenos conocimientos memorizados, y sin un amplio dominio del vocabulario, ningún estudiante se acercará a su potencial heredado ni podrá asimilar fácilmente más competencias futuras. Además las modas educativas que pretenden impulsar todos los potenciales de nuestros alumnos cometen un error flagrante: no se pueden poner en marcha todos los potenciales de nuestros hijos por la simple razón que algunos son contradictorios. De manera natural muchos niños tienden al egoísmo que se contradice con su potencial altruista. Si reprimimos el egoísmo potenciamos el altruismo y viceversa. Por tanto quien dice que hay que impulsar todos los potenciales de nuestros estudiantes simplemente se contradice. Por otra parte estas modas educativas proponen potenciar la creatividad innata de los niños pero como decía el padre de los móviles y sistemas táctiles Bill Gates, necesitas saber muchas cosas para poder inventar otras nuevas. Picasso añadiría que la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando, y finalmente la directora del Brain Mind Institute, Carmen Saudí, demostraba que la memoria es el primer paso a la creatividad. En fin que sin esfuerzo y conocimientos memorizados difícilmente podemos imaginar otros nuevos. Una mente sin grano no posee pensamientos como ningún saco vacío se aguanta tieso. Resulta obvio que todas las modas educativas anteriores resultan meras teorías sin datos reales que las demuestren. Esta fue la conclusión de las IV JORNADAS DE SECUNDARIA en 2015. El objetivo ahora debería ser aconsejar correctamente a los legisladores educativos. Claramente se ha puesto de manifiesto que cada época ha tenido sus modas educativas y que pocas han permanecido como mejoras, al contrario, han desaparecido bajo su ineficacia por la falta de fundamentos reales. Las modas actuales devienen meras teorías diseñadas desde un despacho por pensadores alejados del aula. Es más, estas anticuadas pedagogías teóricas han empeorado el sistema escolar provocando un mayor fracaso académico. Esto ha derrochado mucho dinero público y el esfuerzo de muchos docentes. Resulta obvio que todo sistema de enseñanza tiene sus teóricos, que habiendo huido de la pizarra, ahora pretenden enseñar a impartir clases a quienes aún permanecen en el aula. La clase política, alejada de la realidad escolar y sin formación científica, confía demasiado en estos pseudocientíficos. En el fondo caen en la trampa que innovar es correcto y que tradición es arcaico, es decir, que cambiar es bueno y permanecer malo, pero en esto no han aplicado ningún criterio ni método científico, sólo han escuchado lo que su cerebro humano, más emocional que racional, les quiere hacer creer. Nuestra mente surgió por evolución bajo las necesidades de los cazadores paleolíticos. Este encéfalo no ha cambiado desde hace más de cien mil años, de hecho seguimos siendo la misma especie. Por lo tanto nuestra capacidad mental sigue siendo equivalente a la de aquellos cazadores recolectores. Nuestro cerebro surgió para potenciar las relaciones humanas y las emociones sociales, pero no para sustituirlas por lógica, cálculos y contrastes de hipótesis. Por esta razón, y en plena revolución tecnológica, nos resulta más fácil creer que una innovación es mejor que quedarnos con lo que ya funciona, pero innovar será bueno si mejoramos un sistema pero no si lo empeoramos. Es decir, debemos oponernos a lo nuevo si es dañino y defender lo presente si es efectivo. La solución, por tanto, resulta muy sencilla. Los defensores de las actuales modas educativas deben ser apartados del sistema educativo dejando que los centros de enseñanza usen la Enseñanza Múltiple Contrastada. En ella se utilizarán aquellas prácticas de éxito demostrado, tradicionales o innovadoras, más un elevado nivel curricular, un mejor aprendizaje de la lengua desde infantil y un tratamiento rápido a las disfunciones de los alumnos. Todo para formar buenas personas, profesionales competentes y humanos orgullosos de servir correctamente a la sociedad que los ha educado. En todo ello debería existir un consensuado marco legal entre izquierdas y derechas que permitiera una misma enseñanza durante muchos años. En un contexto así los centros de enseñanza trabajarían correctamente evitando experimentos, modas y tendencias educativas no contrastadas científicamente.

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