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miércoles, 20 de julio de 2016

FRACASO ESCOLAR 20. Pedagogía para tontos

La pedagogía jamás ha ofrecido una explicación unitaria y contrastada del proceso de aprendizaje humano. Es decir, esta disciplina no ostenta paradigma central como las ciencias propiamente dichas. Solo se trata de un conjunto de opiniones dispares sin un acuerdo común. La Geología con la Tectónica de Placas, la Física con la Relatividad, la Biología con el Neodarwinismo y la Química con la Tabla Periódica sí contienen un paradigma central contrastable que las define como ciencias, la pedagogía no. También se puede decir lo mismo de las Ciencias Políticas, las Ciencias Económicas y de las Ciencias Sociales, todas ellas proclamadas ciencias pero sin teoría central que una sus conocimientos. De existir, por ejemplo, un paradigma central para la política haría años que no habría disputas entre ecologistas, comunistas, anarquistas, socialistas, capitalistas, neoliberales y hasta antisistema. Todos ellos dicen tener razón pero sin ningún paradigma central que los aglutine. Si este existiera realmente sabríamos como gobernar un país con un mínimo de efectividad. Lo mismo ocurre con la economía o la historia. Si tuviéramos una teoría verificada para ellas, podríamos profetizar aproximadamente las fluctuaciones de la bolsa, o los cambios históricos. Eso es lo que se hace con ciencia cuando predecimos el tiempo atmosférico. Los modelos digitales que nos anuncian cada vez con mayor exactitud las precipitaciones, son producto de ecuaciones de física. La pedagogía lleva más de doscientos años fracasando en sus pronósticos de cómo educar a los escolares. La causa de ello es simple y prístina, no es una ciencia. Por tanto, llamar ciencia a todas estas disciplinas que no poseen paradigma central es una clara incongruencia. La pedagogía, en ello, sufre de una gran pretensión narcisista, falaz e insostenible. La educación, por si misma, no es una disciplina científica sino una suma de métodos que enseñan los contenidos de las propiamente llamadas ciencias. En Finlandia, que se aplica el constructivismo en sus aulas, se hace bajo los hechos probados y no según reflexiones sin demostrar. Para ello los docentes utilizan el método científico para desarrollar técnicas didácticas nuevas y eficaces, no teorías sin contrastar. Primero presentan una tesina final de carrera producto de una investigación didáctica con datos y técnicas reales. Posteriormente, y durante sus actividades en el aula, se continua investigando si tal estrategia u otra mejoran o no la didáctica de las clases, es decir, se aplica la Enseñanza Múltiple Contrastada. Así se genera un corpus científico de datos y prácticas totalmente alejado de reflexiones teóricas. Lo mismo se podría hacer en política, economía y sociología. En lugar de estudiar todas las hipótesis que dicen llevar la razón, mejor recopilar y ordenar todas las praxis que funcionan para luego quizás alcanzar un paradigma central unificador. Con ello abandonaríamos las peleas entre anarquismo, socialismo, neoliberalismo o comunismo. La Enseñanza Múltiple Contrastada hace tiempo que así se innova continuamente a si misma alcanzando un mínimo de efectividad didáctica. La pedagogía teórica sigue perdida en su laberinto de invenciones.

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