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jueves, 15 de septiembre de 2016

FRACASO ESCOLAR 29. Nos vamos de excursión

Una forma muy efectiva de conocer a los alumnos no es en el aula, es fuera de ella. De todas formas un abuso de las excursiones perjudica el ideario escolar al romper la rutina para el aprendizaje. Sólo en su justa medida estas salidas son una ocasión deliciosa para conocer como son nuestros estudiantes. El instituto condiciona su respuesta y sus acciones, en libertad en cambio se comportan con más naturalidad. Ejemplo de tales situaciones son las excursiones, los recreos y las colonias. Durante las excursiones, y para conocer mejor a los tutelados, hay que prestar atención a dos premisas, lo lúdico y el control. Juegos y bromas pueden crear que los alumnos se abran al docente, algo que potencia la confianza de los adolescentes hacia sus educadores. Recuérdese que los púberes cierran puertas con los mayores para abrirlas a la pléyade de su edad. Por tanto, las diversiones y los juegos ofrecen desplegar nuevos vínculos entre profesores y alumnos, la broma desarma mientras que la bronca la arma. Había un profesor de primero de la ESO que patentó el juego de voy pisando. Previamente explicado en clase, y con la confianza ganada de ésta, el docente lo aplicaba durante los desplazamientos a pie. El gran problema de andar con más de treinta alumnos por la calle son los rezagados. Por tanto, el juego de voy pisando resolvía tal lastre al pisarles, en sentido figurado, los talones por detrás. Tomado como un juego, los alevines de primero incluso deseaban ser pisados. Pero entre tanto juego y broma no se puede olvidar que los profesores son los máximos responsables de esos escolares fuera del centro, por lo que pasar lista a menudo es harto aconsejable. El extravío de un miembro del grupo afecta a todo el mismo, si uno falla, fallan todos. El descanso entre las clases también proporciona ese espacio de observación de los escolares. Conocí a un maestro en Granollers que utilizaba las horas de patio para observar a sus alumnos para así conocerlos mejor. El recreo, sin ser un espacio ajeno al centro educativo, sí desinhibe a los escolares en gran medida y nos muestra su cara más real. Con igual objetivo se pueden organizar unas colonias a inicio de curso, sobretodo en primero de la ESO cuando llegan por primera vez al instituto. Todo ello, excursiones, observación durante los patios y colonias, son señales de un centro interesado en conocer a sus hijos para saber mejor como educarles. Conocidos así a los alumnos, los profesores tienen una idea aproximada de cómo son sus chavales, algo que les debería permitir actuaciones lo más precisas posibles. Veamos, y según la tipología de cada púber, algunos ejemplos de pautas de intervención sobre ellos.

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