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jueves, 8 de septiembre de 2016

Frakso skolar 27. La confianza NO da asco

Este libro empezó con la familia a inicio de curso. Luego hemos analizado como debe ser llevada un aula para sacar lo mejor de ella. Pero ahora cabe saber como conocer a los alumnos para mejorar su trato, potenciar su confianza y optimizar su enseñanza. Saber si un estudiante es o no es capaz de aprender con normalidad resulta básico en infantil. Si allí no se detectó ni trató la disfunción, luego en secundaria fracasará estrepitosamente. Por otro lado, y si un escolar posee unas capacidades normales, hay que conocerlo para llegar lo mejor posible a su interior. Durante los siguientes apartados se destilarán diferentes técnicas y estrategias que institutos y médicos desarrollan con éxito a tal efecto. Los adolescentes todavía son barro a moldear por muy duros que ellos quieran mostrarse. Cruzar su escudo de defensa y conocer su espíritu nos dará la llave de su confianza. Educar resulta muy lento, pero sin confianza se vuelve eterno. Aquel estudiante que confía en su mentor se esfuerza para aprender con él. Es más, no espera un premio por hacerlo, sólo el reconocimiento personal por su trabajo y sus buenos resultados. En fin, que la confianza mueve gran parte del esfuerzo en toda buena enseñanza. Me confiaba un amigo mío y profesor de tecnología que para conocer a sus alumnos más pícaros les ponía a prueba ya el primer día de clase. La práctica era muy sencilla, les lanzaba una ironía en medio de una explicación y observaba quienes la pillaban. Normalmente a principio de curso los alumnos viven con cierta tensión o distancia las peroratas de los docentes de tal manera que lo perciben todo con bastante seriedad. Luego las semanas aflojan el asunto y los escolares vienen ya más relajados al centro. Dicho lo anterior, y cuando los adolescentes empiezan el curso, un sarcasmo no lo suelen ni pillar ni entender, sólo los muy pícaros, y a menudo más inteligentes, lo hacen. Mi buen amigo con sólo observar la clase ya sabía quienes sí y quienes no. Hay otros docentes que les encanta inundarse de papeleo para conocer a sus estudiantes, incluso redactan largas descripciones en la plataforma digital del centro. Luego pasan largos y tediosos cuestionarios a sus alumnos para saber de ellos. No obstante muchos de estos formularios a veces no mejoran las prácticas didácticas, solo las entorpecen. Un test breve resulta más eficaz que muchas respuestas sobre un papel. El docente antes mencionado utilizaba un cuestionario de observaciones muy visual y práctico. Para conocer a sus alumnos no les pedía el nombre del padre, de la madre o de su profesión, simplemente requería que marcaran una frase de cuatro posibles para conocer sus perfiles personales. Después, y con símbolos chiquitines, describía el alumno en su cuaderno de anotaciones, algo de una utilidad bárbara durante las reuniones de evaluación, o en las entrevistas con sus padres. Sólo con mirar aquella minúscula casilla aquel docente sabía todos los pormenores del alumno y sabía que añadir en el coloquio. El cuestionario anterior consistía en una serie de preguntas con cuatro columnas a marcar. Éstas iban en orden de mejor a peor. Por tanto, una vez realizado el formulario, las casillas de la derecha delataban los problemas mientras que las de la izquierda correspondían a la normalidad familiar. Sólo con mirar y anotar los resultados de las celdas diestras bastaba para tener suficientes datos sobre el escolar. Preguntas como: ¿Durante toda la mañana qué desayunas?, ¿charlas mucho con tus padres? o ¿crees que tus padres acceden a tus demandas?, jalonaban este cuestionario. Es muy importante que en primaria se detecten todas las anomalías posibles con un test o con observaciones objetivas. El modelo escolar finlandés, tan aplaudido por muchos, se fundamenta en gran parte en la detección prematura de patologías en el aprendizaje. En caso de hallarse la intervención resulta inmediata. Por ejemplo, si en primaria se detecta a un escolar con dificultades en la lectura, en menos de una semana ya está siendo atendido por un especialista. En nuestra península la cosa pasa por reuniones entre familia, asesores psicopedagógicos y el EAP. A veces se tarda un año hasta que se da luz verde a la intervención, es decir, que se pierden 365 días de terapia. En Finlandia, país con el menor fracaso escolar europeo, hay muy pocos psicólogos y trabajadores sociales destinados a diagnósticos. Quienes diagnostican y tratan a los niños son médicos y científicos expertos. Apruebe pues al docente que realiza una inspección de sus alumnos con un cuestionario como el que estamos comentando y que aconseja, en caso de sospecha, un diagnóstico por parte de un médico o científico. La detección de patologías reside sobretodo durante primaria, es allí donde más se deben detectar dislexias, problemas de lateralidad, visión errónea, sorderas u otros. Si ello no se hace en su centro, haga su demanda auque mucho me temo que muchas de esas disfunciones no las contempla el estado. A menudo, y si su lechón obtiene resultados bajos aun esforzándose, deberá consultar una opinión médica pagando. Detectados los problemas a tiempo pueden subsanarse, en caso contrario, y llegados a secundaria, el asunto se nos transmuta en un monstruo de muchas cabezas y de muchos quebraderos de éstas. De todas formas, no se obsesione en hallar siempre una explicación médica a los malos resultados académicos de su chaval, no todo tiene una explicación clínica y quizás se trate de un mal hábito de estudio, constancia y esfuerzo. Para eso no hay fármacos, sólo voluntad educativa, rutinas de estudio y esfuerzo individual. Los resultados del cuestionario anterior pueden ser transcritos a la libreta de notas con pequeños y visuales símbolos, algo que reduce gigantescos y pedantes informes que pocos educadores llegan a leerse. Me contaba el profesor que diseñó el test que para dislexia ponía Dlx., para posibles problemas de lateralidad una L al revés, para padres ausentes un Pa, para capacidad baja –C, para la falta de esfuerzo -T y así muchos más artefactos que resumían las más de cuarenta preguntas del formulario. La finalidad de tal concentración de información ya se remarcó anteriormente, poseer el perfil del adolescente en un cuadrito del bloc de notas ante cualquier reunión con otros docentes o con los padres. Pero lo mejor de una síntesis así no es para los adultos sino para los alumnos. Si durante la clase un alumno manifestaba un comportamiento anómalo mi profesor consultaba sus anotaciones concentradas y decidía como intervenir, si bronca, si amonestación, si nada o si conversa posterior. Cada individuo es un mundo, y saber como es un adolescente permite actuar según su interior, confianza e intereses.

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