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viernes, 7 de octubre de 2016

34. EL QUE VALE, ¿VALE? Y el que no ¿pa maestro?

Es duro para unos padres que su retoño no alcance un nivel normal y que sientan que su hijo no valga para nada. En tales ocasiones hay centros que proponen un A.C.I., una adaptación curricular individual, o un P.I., un plan individualizado. La palabra suena bien pero su efectividad real depende siempre del como se aplique. La teoría nos dice que se organizan unos ejercicios exclusivos a medida del escolar, unos ejercicios rebajados de nivel. Si en ello se confunde el esfuerzo y también se rebaja éste, el centro no busca la excelencia, busca facilitar el aprobado sin lo más educativo, la voluntad de superación y el chaval al final no valdrá nada. Con tales rebajas se le aprobará con un mínimo de dedicación, e incluso a veces en contra de la voluntad de un escolar díscolo. Muchos estudiantes se sienten tan protegidos con temarios rebajados que inconscientemente dejan de esforzarse. A tenor de los últimos avances en neurobiología se sabe que el trabajo sostenido influye más que la capacidad innata en el aprendizaje. Es decir, si un centro rebaja el esfuerzo con un ACI está estafando al alumno. Con ello adormece las capacidades intrínsecas del estudiante y aunque valga algo se le niega por pragmatismo pedagógico. En Finlandia, país con los mejores resultados académicos de Europa, se aplica muy poca adaptación individual ya que se exige que todos los estudiantes aprendan lo que se enseña bajo un mismo currículo nacional y una reválida para pasar de ciclo. Es más, el docente se halla obligado a impartir esos contenidos bajo ley para asegurar que sus alumnos tengan derecho y obligación a la educación, luego se pueden hacer ajustes en las notas si el alumno se lo ha ganado. Las naciones que aplican esta exigencia obtienen las mejores marcas en PISA. Los que hacen creer al alumno que va bien, y que de antemano ya regalan las evaluaciones, le hacen fracasar. Por eso es tan importante, y como ocurre en Finlandia, diagnosticar y tratar en infantil aquellos alumnos que sufren alguna disfunción en el aprendizaje. Pero en la pedagogía teórica, y en la reforma educativa de los noventa y posteriores, se ha propiciado que el alumno con dificultades innatas crea que puede ser astrofísico, médico o abogado en cuanto sus disfunciones se lo impiden. Esta estafa educativa se difunde rápidamente ya que toda persona, padre o madre le gusta escuchar, puedes ser lo que desees, aunque ello sea racionalmente falaz y frustrante si tu genética no da para más. Insistimos, los alumnos con dificultades innatas debían haber sido diagnosticados y tratados ya en infantil, cosa que no ocurre en nuestro país. Por tanto sin terapias precoces, sin esfuerzo estudiantil, sin buenos conocimientos memorizados, y sin un amplio dominio de vocabulario, ningún estudiante se acercará a su potencial heredado. Recuerdo en 1998 el caso de una alumna de primero de ESO en Granollers que suspendía las matemáticas. La asesora pedagógica instó al claustro al ACI pertinente pero no a un diagnóstico psiquiátrico. Se adaptaron los ejercicios a la escolar y se le asignó una profesora especialista. A partir de ese instante el informe de notas cambió radicalmente, ahora obtenía trimestre tras trimestre notables en cálculo y álgebra. Luego, y en segundo de ESO, continuó suspendiendo las matemáticas ante la perplejidad de sus padres, ¿ven el engaño? La atención a la diversidad y su ACI resultaron un gran pacto falaz que no resolvió nada, y menos con treinta alumnos por clase. En realidad, y ante esa minoría a quien dedicar mayor atención, los no tan buenos, daba más trabajo que todo el grupo entero, incluidos los mejores. Por más docentes especialistas que hubiera se desatendía al resto de la clase, a la mayoría. Intentar disponer de más maestros hubiera resultado muy caro, y resulta obvio que es imposible un profesor por cada alumno. En fin, mejor no aplicar la atención a la diversidad pero sí evaluar con distinto rasero a quien con esfuerzo no llegue a la media. Sólo cabe corregir algunas actividades bajo criterios más laxos pero sin olvidar que el alumno se esfuerce. Al final, y con todo lo trabajado, se le pondrá un aprobado. Si un tutor defiende esto ante unos padres, está impulsando el esfuerzo de su hijo y no teorías sin efectividad. Hay que añadir que cuando un alumno con dificultades es consciente de su ACI, éste se relaja y se vuelve holgazán. Por tanto, insisto, cualquier docente diestro siempre ha impartido sus clases atendiendo a la diversidad, con explicaciones claras en la pizarra, buenos esquemas, orden en los conceptos y ejercicios fáciles al principio y más complejos posteriormente. Con ello logra que la mayoría de sus alumnos le sigan en lo básico. Si alguien no llega a todo, ese profesor sabrá valorar su esfuerzo y ajustará la nota a final de trimestre, o incluso de curso. En ese sentido me acojo a una dicha propia que hay que repetirles a los adolescentes una y otra vez: Fracasa quien abandona una vez, triunfa quien empieza mil veces. La educación imparte conocimientos pero también, y lo más importante, forma individuos capaces de despabilar por si mismos. Sin esfuerzo jamás alcanzarán tal objetivo y no serán adultos de pleno derecho. Cabe recordar que el objetivo de educar es formar individuos maduros que logren tres cosas: una vida independiente, unos amplios conocimientos verdaderos y finalmente un buen criterio en sus decisiones. Pero lo falaz de los ACI fue que jamás se habló de subir el nivel a los buenos, sino sólo de bajárselo a los malos. Por tanto, la atención a la diversidad no resultó ser del todo cierta ya que sólo se atiende a los alumnos de bajo rendimiento, una minoría, desatendiendo a la normalidad y destacados, la mayoría. En fin, no acepte un ACI por respuesta. Si en el colegio le ofrecen una adaptación curricular individual y su hijo no presenta cuadro agudo alguno de patología mental grave, insista que le traten como a los demás y que en la evaluación final se hagan las rebajas necesarias si el chaval trabajó y se lo ganó. Para ello el alumno tuvo que aumentar las rutinas y horas de concentración, de deberes y de estudio. Hay que tener en cuenta lo que ocurre en Japón, Corea del Sur y Taiwán, allí los estudiantes dedican en casa una media de trece horas semanales de trabajo y estudio. Ello explica que en PISA obtengan unos resultados óptimos y muy homogéneos entre sus centros. Si con todo lo anterior un alumno no alcanza mejores resultados debe ser ayudado por alguien. Ya hemos insistido que en Finlandia hay grandes esfuerzos en la detección precoz de deficiencias entre los alevines. Si ello ocurre se baja la ratio de alumnos al grupo del afectado. Si normalmente en primaria hay 17 chiquillos por clase, se pasa a unos 10 para mejorar esa atención a la diversidad.

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