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sábado, 17 de diciembre de 2016

54. ¿POR QUÉ FALTAN CIENTÍFICOS?

En nuestro país la falta de estudiantes que optan por formaciones científicas y técnicas brilla por su ausencia, algo que conlleva problemas económicos para el Estado. Es a finales de secundaria cuando estos escolares deben tomar una decisión crucial para su vida personal y profesional, deben optar por una formación dirigida hacia la universidad o hacia una profesión, pero además deben escoger entre los estudios cientificotécnicos o los humanísticos, el antiguo dilema entre ciencias y letras. Aunque la orientación académica se da a finales de secundaria, ésta debería prepararse ya desde inicios de etapa. La razón de ello es el gigante desequilibrio entre ciencias y letras que hunde sus raíces en primaria. La consecuencia es que la inmensa mayoría de estudiantes se decanta por las segundas, las humanidades, al percibirlas más fáciles que las ciencias, algo que está dejando sin técnicos aborígenes a muchas empresas. Por tanto será de agradecer que todo centro trabaje la orientación de sus alumnos de manera muy temprana potenciando con equidad todas las opciones, y sobretodo las científicas.

El pasado 18 de abril de 2013 se presentó en el Palau Robert de Barcelona los resultados de un estudio sobre 4.700 estudiantes que demostraba el anterior desequilibrio entre las ciencias y las letras. Sergio Marco y Álex Fabra de Everis exponían un resumen del mismo bajo las opiniones de Jordi Deulofeu, director del Departament de Didàctica de la Matemàtica i de les Ciències Experimentals de la UAB, conjuntamente con Roser Cussó, miembro de l’Institut de Ciències de l’Educació de la UPC. Moderó las exposiciones Enric Roca, coordinador de la Tribuna Edu21. El informe concluía que a pesar que las carreras universitarias científicas ofrecían fácil acceso y buenas perspectivas profesionales en cuanto a sueldo y contratación, los estudiantes de secundaria preferían cursar disciplinas humanísticas al creerlas más fáciles. En concreto sólo un 33 por ciento prefería las ciencias ante un 51 por ciento en letras y otro 16 por ciento de indecisos. Es decir, la inmensa mayoría se iba a humanidades y menos de un tercio a ciencias, un exceso de letrados que el mercado universitario y profesional difícilmente podía absorber. Lo paradójico es que este mercado sí podría contratar a muchos más técnicos nacionales si los hubiera. Otro dato de esta investigación detallaba que las mujeres eran mucho más proclives a elegir los estudios humanísticos al creer que el rol de científico era más masculino que femenino, en concreto casi el 60 por ciento de las chicas huía de lo técnico para orientarse hacia lo social. Cabe añadir que el nivel cultural familiar también condicionaba tal elección en pro nuevamente de las humanidades. En resumen, una facilidad supuesta, un sexismo equívoco y una familia simplona parecían explicar que la ciencias fueran mal vistas. Para corregir esta falta de técnicos superiores existen tres vías principales. La primera los maestros en primaria, la segunda el sexismo familiar y la tercera la cultura del esfuerzo, todos ellos aspectos que en Finlandia se hallan resueltos. En este sentido se recomienda leer el libro “Gracias, Finlandia” que el doctor Xavier Melgarejo publicó en 2014. Éste autor fue quién descubrió a los españoles las virtudes, que también los defectos, del modelo educativo finlandés. Su tesis doctoral corrió entre muchos políticos aunque muchos de ellos la olvidaran en pocos años. Hasta algunos se fueron a Finlandia con Melgarejo para tomar nota de la panacea nórdica. Ahora alguno de ellos ejerce de eurodiputado sin prestar atención a todo lo aprendido.

Volviendo al déficit de voluntad científica por nuestro país cabe indicar que la inmensa mayoría de diplomados en primaria provienen de estudios en humanidades. En algunos centros, por ejemplo, el 80 por ciento de los maestros proceden de letras, algo que influye claramente sobre nuestros cadetes. Por otro lado, el predominio de maestras en las escuelas es harto superior al de hombres, y la inmensa mayoría de ellas proceden de formaciones también humanísticas. Si queremos que nuestros zagales se empapen, comprendan y les gusten la ciencias hay que incrementar el número de maestros y maestras doctos en ciencias. Imaginemos que el deporte fuera impartido por maestros de matemáticas. Probablemente el nivel y la motivación en este caería en picado. En Finlandia el conocimiento de los maestros en primaria resulta de lo máximo en cada especialidad, incluidas las ciencias.

La segunda vía a corregir son los estereotipos que algunas familias imbuyen a sus descendientes. Suelen ser hogares de bajo perfil cultural en donde la mujer jamás se la proyecta hacia trabajos o cargos de técnico o de científico, todo lo contrario, si es buena en los estudios se la ve bien como asistente social, psicóloga, relaciones públicas u otra formación de vertientes sociales. Por otro lado, el sistema familiar español se fundamenta en la mujer, es decir, es ella la que más tiempo dedica a educar y a limpiar por casa. Por tanto la propia familia proyecta en las chicas una función más social que de técnico superior. En Finlandia se abandonó el modelo de familia patriarcal ayudando económicamente a las mujeres y hoy en día el sexismo ha desaparecido del horizonte social, educativo y científico. Cabe añadir que no por ello se desaconsejó la literatura clásica, aunque sexista, racista y machista, que aquí algunos sabios pedagogos prohíben.

La tercera y última vía parece ser la cultura del esfuerzo. Son muchos los docentes veteranos que afirman que el esfuerzo y la capacidad de superación ante la frustración de nuestros estudiantes ha disminuido significativamente, y sin esfuerzo no hay superación ni mentes valientes para encarar estudios supuestamente difíciles. Sociedad, leyes educativas, familias y docentes hemos bajado el listón de la exigencia y ahora nos hallamos ante alumnos que apenas se rigen por rutinas de trabajo, deberes y estudio diarios. La hora de los deberes debería ser siempre la misma ya que las rutinas los hacen autónomos y responsables. Pero en nuestra sociedad del trabajo y de las hipotecas muchas familias no pueden acompañar a estos zagales en rutinas de trabajo, estudio y descanso, y no por desidia, sino por falta de tiempo. Esta falta de tiempo de calidad hacia sus lechones se agrava en las familias de bajo perfil cultural en donde la necesidad de horas de trabajo va por delante de las de ocio, es decir, cuando estos padres no pueden preocuparse por la enseñanza de sus hijos. Al final, muchos alumnos que desean continuar estudiando desestiman las ciencias al creerlas muy difíciles. Desgraciadamente, y en realidad, apenas les prepararon para éstas. Cabe añadir que en Finlandia, cuna del esfuerzo, el porcentaje de universitarios matriculados en formaciones científicas o técnicas es casi el doble que la media en PISA.

En resumen, la percepción de dificultad en las ciencias, un sexismo laboral familiar y unos padres ausentes parece que fueron las causas de la falta de científicos y técnicos en nuestra educación. Es por tanto crucial que en primaria se potencien las ciencias con más maestros así formados, con docentes ilusionados en sus conocimientos técnicos y sin miedo a impartir las matemáticas, como a veces sucede en algunos centros. La orientación de los escolares debe iniciarse por tanto en primaria y continuar ésta en secundaria para mantener un flujo equilibrado y constante de científicos y técnicos en nuestra sociedad, de otro modo seguiremos encallados industrialmente en este país, y la vida no es un eterno verano azul.

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