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lunes, 6 de junio de 2016

FRACASO ESCOLAR (7): A cada edad lo suyo

Analizados el centro de su adolescente, los objetivos de toda educación y el día a día en su casa, debemos vislumbrar las fases escolares de su hijo durante su aprendizaje. Hay que ser conscientes de las necesidades de cada etapa y aplicar las pautas acordes a su edad. Los modelos que vienen a continuación son generalizaciones que en la mayoría de casos encajarán con su hijo aunque siempre habrá excepciones. Cabe añadir que las chicas van siempre avanzadas con respecto a los varones. Veamos ahora las etapas y sus necesidades educativas. Al terminar infantil y primaria hay algo primordial que deberían dominar todo estudiante, el idioma. Su nivel de comprensión lectora y sus habilidades en sintaxis deberían ser óptimas. Sin ellas no podrá ni estudiar los contenidos escritos ni podrá plasmar lo que sabe bajo una correcta redacción. Su gran puente con el saber es la lengua y si esta falla, todo falla. En Finlandia este resulta uno de los factores fundamentales de su éxito educativo. Otro aspecto importante de los zagales al terminar primaria es su capacidad de apuntar y memorizar. Sin ello la tabla de multiplicar, el cálculo mental y su agilidad en la lógica quedan para siempre castrados. Si su hijo ya está en primero de la ESO la palabra juego es primordial. Ellos, los alevines de secundaria, son muy niños y el ambiente lúdico les encanta ante cualquier otra opción más rigurosa. Bajo esa percepción se les puede decir en clase que se va a jugar a los controles piratas, es decir, ejercicios de evaluación sin previo aviso. Ellos lo aceptan mucho mejor que si se les amenaza con un examen semanal. Conocía a un profesor de naturales que se inventó el Juego de la Evolución para evaluar los conocimientos de zoología semana a semana de sus zagales. Les entregaba una ficha con tres ejercicios sobre un grupo de organismos. El primero era rellenar una tabla de características de cada grupo, por ejemplo el chimpancé, el gorila, el orangután y el hombre. Para ello podían consultar el libro o un texto acorde para ello. El segundo otra tabla donde los chavales contabilizaban los caracteres coincidentes entre todas las parejas posibles, entre gorila y chimpancé, entre chimpancé y hombre, etc. Los que tuvieran más coincidencias, más cercano tendrían su antepasado común. Al final, el tercer ejercicio consistía en levantar un árbol evolutivo con los organismos analizados. Quienes lo lograban primero obtenían un sobresaliente, los segundos notable y así sucesivamente. Semana a semana, y con suma celeridad, los alumnos iban conociendo los rasgos principales de los reptiles, de los peces y de los demás organismos vivos deduciendo su evolución jugando. En realidad esa técnica no era un juego sino algo utilizado por los estudiantes universitarios de Biología llamado cladística. En otro caso, un tutor de primero de ESO se inventó un juego para que sus alumnos le escucharan en situaciones de cansancio o tensión excesivos. El objetivo era que se sentaran correctamente y que dejaran cualquier objeto de las manos que les distrajera. El juego se llamaba hands up y consistía en estirar brazos y espalda con toques teatrales. De esta manera los alumnos dejaban las manos libres y colocaban bien la espalda en el respaldo de su silla a la vez que se quedaban todos mirando al docente, algo que les dejaba bien sentados y sin nada en las manos con qué distraerse. Ahora el docente les regalaba los oídos con alguna anécdota relacionada con la clase del día. Para amenizar el curso, y que la cosa no se volviera monótona, había hands up de verano, de otoño, de Navidad, de invierno, de primavera y hasta de vacaciones. Ah! Y si alguien ponía los pies sobre la silla, le reprimía argumentando que lo que se pisa por la calle quizás se lo ponía en la boca al tocar la silla. Añadía el caso de un excremento de perro y los alumnos de inmediato retiraban sus calzados de las sillas. La postura en la silla resulta harto importante para no cansarse en clase y para conservar la salud lumbar. La espalda bien pegada al respaldo, la mesa cerca del pecho para no arquear la espalda y los pies delante o detrás de las rodillas permiten minutos y minutos de clase bajo un cansancio mínimo. El docente que así lo explique a sus estudiantes muestra gran lógica. Lo mismo puede decirse para el estudio en casa. Los alumnos sin buenos hábitos de asiento en breve sienten desidia por los deberes al hastiarse por su mala postura. Algo semejante ocurre al mascar chicle, al principio parece relajar pero pasados los minutos las barras mandibulares se cansan, se tensan los nervios y se oprimen los vasos sanguíneos. Al final la concentración es menor y el chaval se siente cansado y sin ganas de trabajar. El relax en clase y en casa es fundamental, y una buena postura lo ayuda y potencia. El docente que así se lo indique sabe lo que se hace con su hijo. Otro profesor, y para estimular la autonomía de sus alumnos creó el juego de espabila. Tras explicar un concepto de la materia dejaba a los alumnos ante una actividad afín. Durante la realización de la misma los escolares no podían preguntar nada, ni el color del bolígrafo a utilizar, pregunta muy frecuente en primero, ni el tipo de papel, de igual índole. Si insistían en hacerlo se llevaban la frase “espabila” más un negativo con una sonrisa, el negativo sólo era apuntado de manera fingida. Pasados unos minutos los alumnos podían y debían realizar todas sus preguntas para resolver o corregir la actividad. Asimismo debían anotar los errores cometidos en la libreta y pasar el ejercicio a limpio en casa. Otro de los juegos que uno puede valorar en el centro era el que se le ocurrió a un docente de matemáticas para frenar la ansiedad y la desesperación de sus treinta alumnos. A menudo éstos levantaban la mano deseosos de poder responder la cuestión que otro compañero cabizbajo no atinaba a responder. Ante tal alzamiento de brazos, primero se los hacía bajar y luego les contaba lo siguiente, si todos tenéis las manos levantadas os ponéis vosotros nerviosos pensando saber la respuesta pero también ponéis tenso al preguntado quien se siente bloqueado. La clase debe ser un ambiente de relax y tranquilidad, sin ambas no aprenderéis bien las cosas. Por tanto nadie levantará la mano y solo cuando yo diga la palabra mágica podréis hacerlo. Entonces el primero que lo haga podrá ser preguntado, ¿y cual era la palabra mágica? Pues, voluntarios. El juego anterior daba su efecto evitando miles de brazos levantados ante un alumno avergonzado por todos los demás al no saber la pregunta, o creer que la sabían los demás. El tenso y todos tensos, algo que no permite que las mentes estén relajadas para captar y fijar en sus memorias los conceptos impartidos del día. Todas las estratagemas anteriores, y otras muchas más, traen consigo la palabra juego, algo que pueden utilizar los docentes de primero de la ESO aunque en ello no haya juegos sino actividades, trabajo y esfuerzo. Y pasamos a segundo de la ESO, un curso en donde el juego todavía puede surgir efecto, pero ojo, las feromonas empiezan a dar sus resultados y por tanto el esfuerzo debe verse más eficiente. Aquí es más frecuente ver las primeras parejas con roces evidentes, sin tapujos y hasta con ostentación de ello ante los demás compañeros. Las estratagemas de primero de la ESO suelen tener su éxito pero hay que pensar en las de tercero y mezclarlas en su justa mediada. Pasemos entonces de curso para saber qué combinar en segundo. En tercero de ESO la explosión de feromonas se expande por todos los rincones de clase y del instituto. Con tal subidón los chavales exigen que se les vea como adultos, que se les trate como a tales, aunque no lo sean. Ellos así quieren sentirse y por ello imitan ciertos roles, buenos o malos, de los supuestos adultos, nosotros. Así aparecen los primeros cigarrillos, con o sin añadidos, los primeros combinados, con o sin resaca, y hasta las primeras relaciones sexuales, con o sin amor. Debo matizar que con ello no se está haciendo apología de las drogas, del alcohol y del sexo, todo lo contrario, porros, bebida y coitos pubescentes son la primera puerta a las adicciones y a embarazos no deseados. Eso hay que dejárselo muy claro tanto en casa como en el colegio. Pero lo más impresionante de este curso es que pasan ante los adultos tensos, estirados y retirando el saludo por pasillos y clases del instituto. Ese momento resulta algo fascinante. Si en primero, y hasta en segundo, siempre saludaban y se acercaban a sus docentes preferidos, ahora el pacto cambió. Ellos, los chavales, aparentan estar muy serios ante los adultos, como diciendo, he cambiado, que no lo ves. Y cortan el puente de comunicación con los adultos, incluso puede que les lleven la contraria, si uno es del Barça se hacen del Real Madrid, si uno es centralista se vuelve independentista, si uno es de izquierdas él de derechas.... Y esa rotura de puentes hay que contársela, hay que mostrársela como algo natural, hasta previsible, pero para ello mejor un tercero, un tutor reciente, un profesor externo, un vecino ajeno. Si han roto lazos con quienes antes los tenían, éstos ahora se hallan vetados en restablecerlos, nuestros púberes ya no confían en sus próximos. Quien llegue hasta ellos, el nuevo tutor, debe decirles que lo que hacen es algo fabuloso, algo que les conduce a la madurez, que como adolescente era PREVISIBLE que lo hicieran. Llamarles previsibles resulta una afronta que les revela y hasta disgusta, ellos jamás pretenden ser previsibles sino todo lo contrario, buscan ser diferentes a todo. Con ello el tutor logra que estos púberes vuelvan a saludarle. A los adolescentes no les gusta sentirse previsibles. En fin, que los puentes de comunicación se han abierto de nuevo. Cabe recordar que la falta de comunicación provoca la desconfianza, la desobediencia y el desafío entre púberes y adultos. Por eso, y en tal situación, los gritos no tardan en llegar, unos berridos que intentan imponer el orden que ellos no quieren secundar. Allí nos topamos con un rapaz que, ante la bronca, se nos pone más bravo. Si su adolescente se queja de recibir gritos, pruebe con el siguiente argumento que el tutor puede repetir en su clase: la vecina del tercero ni chilla ni quiere ni le importa lo que haga el adolescente de turno, en cambio sus padres sí le gritan, quieren y se preocupan por el púber, ¿conclusión? Una bronca puede traducirse en otra frase, me intereso por ti, me importas. Si el grito no gusta, a veces se cae en lo contrario, en el arrullo, algo que también repele a los adolescentes. Ellos no desean sentirse tratados como a niños pequeños. Su acné y su interés por algunas revistas de anatomía comparada delatan ese rechazo. Las vocecitas y los canturreos lindos llenos de algodón les reafirman todavía más en su negación del saludo y les muestra al adulto como un ser infantil, falto de autoridad e hipócrita. Por tanto el docente y el resto de adultos deben dirigirse a ellos sin tratarles como estúpidos y sin pensar que son chiquillos, hay que hablarles con franqueza y seriedad, algo que sí abre puentes con ellos. Y algo muy importante, tengan o no tengan razón, hay que escucharles cuando estén en calma y respeto. En caso contrario límites y a esperar que amaine el vendaval. Sólo cuando esté pasado lo caliente será efectivo hablar con él de lo ocurrido con prontitud. De esa forma el escolar acepta de mejor grado la autoridad adulta y empieza a entrenarse para la siguiente fase, el cuarto de ESO y en el cambio de la razón. En cuarto de la ESO ni se le ocurra la palabra juego. Si en tercero ya era un riesgo usarla, en cuarto los alumnos han pegado un vuelco. Ahora la efervescencia de sus feromonas pasa a cierta calma bajo la presión de una nueva herramienta, su cerebro. Si antes se debía sancionar con celeridad y luego, y en frío, razonar, ahora puede hacerse al contrario, se puede razonar sancionando. Si antes ellos no se sentían escuchados ahora puede que le escuchen a uno con mayor empatía. En fin que los púberes de cuarto de ESO razonan con menos feromonas y con más arbitrio ya que comienza a declinar el máximo de su adolescencia. Nuevamente al conversar con ellos es muy importante que el educador, padres o docentes, lo haga con voz calmada y tratándoles como adultos. No hay que engañarles con argumentos pueriles ya que ellos se dan cuenta. Si ello ocurre pierden la confianza en su mentor, vuelven a cortar el puente y levantan el muro de tercero. Hay un asunto que muchos adultos llevamos fatal ante los alardes pubescentes, nuestro histerismo. Si un adulto se sale de sus casillas, ellos lo consideran inferior y falto de autoridad, es más, a menudo van a por él y le provocan. En cambio el mentor templado, de razonamientos lógicos y de coherencia en sus decisiones, infunde en ellos lo que necesita cualquier humano para el diálogo, la confianza. Si ellos confían en uno está siendo aceptado y respetado por su clan, sin pertenecer a él, claro está. En tal situación sus demandas sobre ellos serán escuchadas y muy a menudo cumplidas sin necesidad de gritos ni imposiciones. Por eso es tan importante entablar esa confianza entre educadores y aprendices. Por desgracia, y por nerviosismo, el mentor recurre al grito en el momento no adecuado. Un alarido puntual, ensayado y en el instante necesario suele ser muy útil para llamar al orden, pero hacerlo por costumbre y sin control disuelve su posible efectividad. Al final los púberes le tomarán por el pito del sereno. Por otro lado, los gritos engendran gritos. Si desde infantes ellos, los hijos, aprenden que el lenguaje para comunicarse en caso de conflicto es el bramido, imitarán esas costumbres de adolescente y entonces, tanto en casa como en el aula, mucho ruido y pocas nueces. Por tanto, la imposición a modo radical no suele funcionar a esta edad. En función de cómo es un adolescente puede resultar más efectivo negociar con ellos, pero ojo, siempre al alza. No negocie a la baja con sus adolescentes. Si en casa un padre quiere que recoja la bolsa de deporte, pídale entonces que ordene toda su habitación. Si su hijo le dice que no va a cenar pero que quiere conectarse a Internet, no le pida a cambio que cene. Cenar hubiera cenado igualmente, suelen tener mucha hambre, lo de Internet se lo colado a lo Messi, como un gol. En asunto de notas algunos educadores defienden recompensarlas económicamente aunque mejor no pagar demasiado. Roland G. Fryer, economista de Harvard, propuso que se ofrecieran recompensas monetarias para motivar a los estudiantes de algunas escuelas de Nueva York y Dallas con elevado fracaso escolar. En un programa que se puso en marcha durante el 2006 en Nueva York, los maestros evaluaban a los alumnos cada tres semanas y recompensaban con pequeñas sumas, del orden de 10 a 20 dólares, a quienes lograban calificaciones altas. Los primeros resultados parecieron prometedores pero jamás fueron definitivos. Al final se acostumbraban y la cosa salía cara. La verdad, con la crisis sufrida, mejor ahorrar. En fin, mejor ser avaro durante el curso y premiar sólo al final. Llegados a bachillerato y formación profesional existe un argumento que puede crear un vínculo entre instructor y alumnos muy poderoso, el ánimo. Decirles que sus ganas de continuar formándose voluntariamente es algo digno de mención y felicitación; que la sociedad necesita de gente como ellos; que un país sin ciudadanos con iniciativa es un país muerto y abocado a la desidia; en fin, que sin personas como ellos jamás habrá buenos profesionales capaces de brindar progreso a la sociedad que les pagó los estudios. Añadir que demasiados dirigentes mediocres llegan sin formación a ostentar cargos en donde luego cometen demasiados errores también da mayor sentido al discurso anterior. Ellos, nuestros alumnos, son quienes pueden mejorar esa situación en un futuro próximo. En cuanto a disciplina en bachillerato y grados vale lo mismo que todo lo dicho en cuarto pero con más dosis de autonomía y trato adulto. Hay que pensar que los chicos ya se afeitan, las chicas ya son mujeres y que todos juntos ya le pasan a uno más de uno un palmo. Parece obvio que a esa edad se alcanzan noviazgos plenamente adultos, ¿hablamos entonces de sexo?

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