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miércoles, 8 de junio de 2016

FRACASO ESCOLAR (8): Hablemos de sexo escolar

Durante la adolescencia explota la libídine y con ello hay que comprender algo biológico en nuestra especie, y es que los humanos somos hipersexuales, es decir, amamos más al sexo de lo que nos imaginamos. Analicemos las siguientes facetas y luego saquemos una conclusión. Como escribía Desmond Morris, somos monos desnudos. A diferencia de la inmensa mayoría de animales no poseemos pelo por todo el cuerpo. Nuestra piel, desprovista de pilosidad, es fina y sensible para captar mucho más que frío o calor ambiental. Las caricias, los masajes, incluso las imposiciones de manos nos encantan y dan placer. Por otro lado nuestra piel está dotada de infinitud de puntos muy sensibles y orógenos. Pezones, labios bucales, labios vaginales, cuello, orejas, clítoris, glande, escroto, ano y demás zonas, despiertan una inmensa literatura parda entre adultos y adolescentes. Añadamos que la insinuación a distancia existe de manera física y olorosa. Los pechos femeninos no están hinchados de leche, están hinchados de grasa para darles la forma redonda y turgente que todo hombre, disimuladamente o no, otea. De igual forma las nalgas femeninas también acumulan grasas para embellecer y reclamar la mirada furtiva del macho. Pero no sólo de formas se reviste el sexo, también de olores corporales en axilas y pubis. Éstos emiten almizcle para potenciar la excitación sexual. En muchos perfumes se añade tal producto para agradar más al consumidor y a quienes desee atraer, ¿o nos perfumamos para las moscas? Existen más rasgos que nos alejan del resto de animales. El sexo humano resulta algo muy peculiar, singular y exclusivo. Así pues, y en el juego amoroso, los toqueteos y husmeos de la piel son fundamentales en algo que ningún otro vertebrado posee, una precópula muy larga. El juego y la insinuación a través de nuestra piel ocupa su tiempo en nuestra especie, y aunque exista el aquí te pillo, aquí te mato, predominan las largas estimulaciones antes de la masturbación o de la penetración. La variedad de posturas y prácticas sexuales en los humanos roza el infinito (véase para los incrédulos el Kamasutra), contorsiones que nuestras mascotas jamás realizan. Caricias y besos en el cuello, orejas y pezones, más morreos, felaciones, cunilingus, besos negros y demás estimulaciones son la muestra que el resto de vertebrados, excepto el bonobo, no practican. A diferencia de nuestros congéneres también el orgasmo en nosotros es distinto, muy largo e intenso, infinitamente más que muchos mamíferos próximos. Los monos penetran y la sacan en fracción de segundos. Pero lo que más nos distancia del resto de animales es que no tenemos celo estacional marcado. Cuando las mujeres ovulan, los machos no lo saben. Sin estro que las delate se puede hacer el amor durante todo el año y por tanto el sexo en nuestra especie no está atado sólo a la reproducción, sino a dos cosas más, al placer para bajar la ansiedad y a la mejora de los vínculos de pareja. En resumen, podríamos decir que la mayoría de vertebrados practican el sexo sólo para la reproducción. En cambio los humanos lo practicamos por placer y para reforzar el amor. Todo ello es algo normal, natural y lícito ya que así nos diseñó la evolución biológica. Si uno defendiera los antiguos creacionistas, hoy llamados del diseño inteligente, debería admitir que Dios creó a nuestra especie con ese don, el placer sensual. Por tanto, hablar de sexo con los zagales debería ser algo normal, natural y lícito. Hemos detallado, por tanto, que la especie humana se caracteriza por ser hipersexual, es decir, nos encanta eso del coito y el orgasmo más que a ningún orga-nismo del planeta. Insisto, poseemos el precoito, coito y orgasmos más largos de toda la fauna de la tierra. Ante tal alarde de placer es innegable nuestra apetencia natural por el sexo, conjuntamente con la existencia de la homosexualidad, la bisexualidad y otras prácticas. Por desgracia, y ante la hipersexualidad humana, muchas culturas la han intentado reprimir bajo terribles consecuencias. La ablación, la homofobia, el religioso pederasta y hasta alguna infidelidad son ejemplos de una represión sexual contra natura. Si Dios nos hizo así, fue a su semejanza. Saque ahora usted sus conclusiones. En resumen, el sexo en los humanos es algo pero que muy importante. Las conversaciones entre adolescentes son una prueba titánica de ello. Escúchenles y ya me dirán. Ellos mimos nos muestran que el libídine es algo natural. Por todo ello deben aprender, y a cada edad, la realidad de nuestra condición humana. El amago, la coacción y la represión son actos contranaturales. No obstante el autocontrol forma parte de una buena educación. Sin ello la violencia de género y las violaciones serían todavía mayores. Ante lo anterior se hace necesario que en las clases se explique todo ello. En segundo o tercero de la ESO se hace ideal trabajar el tema. Pero hay que evitar hacer apología gratuita del sexo ya que este debe entenderse como algo adulto. Todos sabemos que la virginidad se pierde cada vez más temprano, pero si en el aula se hace apología del sexo, se propicia el riesgo de embarazos no deseados o de enfermedades por descuido de goma. Se debe insistir que el sexo es una decisión madura y que en el momento de hacerlo por primera vez han de existir tres elementos básicos. Primero saber qué vas a hacer con la información impartida en clase, a mejor conocimientos mejor toma de decisiones. Segundo como lo vas a hacer para evitar riesgos innecesarios. Y tercero y último, con quién lo vas a hacer para tener claro si será por placer, atracción o amor compartidos. La edad del coito la debe poner el alumno bien informado y no el ignorante. Conocí a un docente muy atrevido que en su clase de tercero de ESO daba reproducción sexual de forma muy original. Al principio avisaba a sus alumnos que se iban reír si les hablaba de sexo por el simple hecho que nos da pudor y nerviosismo conversar de algo tan íntimo. La reacción natural de los seres humanos ante una tensión interna es la carcajada, de hecho el humor se basa en ello, en crear una situación absurda que se resuelve de manera inesperada. Nuestro cerebro en ello sufre una contradicción y cuando aparece el desenlace entre lo lógico y lo ilógico, descarga la tensión en forma de sonrisa. Analice la mayoría de chistes y se dará cuenta de ello. Por tanto los alumnos se reían durante la primera clase al hablar de la hipersexualidad humana, de los pechos hinchados de las mujeres, o de la diferentes prácticas sexuales. A la segunda clase el nivel de carcajadas disminuía considerablemente ya que la tensión era menor y el grado de novedad también. A la tercera se hablaba sin pudor de las posturas sexuales, de sus riesgos, de sus placeres y de todos los métodos anticonceptivos. Las preguntas surgían y se daban detalles de la anatomía de los puntos G, U, clítoris, ano, oreja, cuello, labios bucales, labios vaginales y todos los tacos que conllevaban. Asimismo se les mostraba sus equivalentes cultos mencionando el cunilingus, la felación y los nombres de muchas posturas ya sin pudor y sin chistes como el 69, el sexo oral y hasta el anal. Se llegaba a la masturbación, masculina o femenina, que daba placer y restaba ansiedad ante los exámenes u otras situaciones, algo sano, natural y necesario. En fin que el sexo por placer existe pero que el sexo por amor refuerza los lazos entre la pareja, aunque sobretodo la goma siempre por medio. En todo aquello no había cachondeo en clase, sólo curiosidad y aprendizaje. Un docente así no lo tema, quiéralo en el aula. Al final de la unidad, no oficial en el libro, este profesor les soltaba la bomba, que si estaban preparados a su edad para hacer el amor. Eso daba una nueva vuelta de tuerca al asunto, una nueva tensión y algunos alardes de masculinidad pero sin respuesta clara. La mayoría decían que no, al menos en los tres años que tal docente impartió la materia. Ya sabemos que una minoría calló al no ser vírgenes y otros vitorearon sus hazañas por el patio. Lo importante aquí de un docente en el instituto fue su neutralidad y su madurez. Me comentaba este profesor que aún sin estar de moda reprimir el sexo, tampoco debía animarlo con apología del mismo. Hablar de sexo en el aula era muy divertido pero muy peligroso. Él les decía que encontraran el momento en su madurez, que amando a alguien mejor pero que si lo hacían por placer era digno y natural también. De todas formas entre docente y alumnos pueden existir riesgos en asuntos de sexo: el de la seducción y el del enamoramiento. Recuerdo un docente que se vio asediado por una alumna bajo deseos más allá del pupitre. Ella le esperaba siempre a la misma hora ante su automóvil. Un día, y a final de curso, ella quiso abrazarle y besarle. El pobre hombre esquivó la intención y entró en el coche con un despido verbal y cordial. En otra ocasión supe de otro profesor acusado por una alumna muy díscola de agresión. La directora del centro exigió explicaciones al docente y al descubrir que la escolar se autolesionó no sancionó a ésta, ni exigió que pidiera disculpas al educador. Desde ese día, me confesaba este docente, aprendió un truco para no ser acusado jamás de tales difamaciones. En caso de tener una charla con una alumna en clase, o en la sala de entrevistas, dejaba siempre la puerta abierta para estar a la vista de todo testimonio y ahuyentar cualquier rumor sobre posibles acosos. Por tanto, de sexo se debe hablar tanto en casa como en el centro pero con seriedad. En ello es aconsejable cierta distancia para no inducir seducción alguna con los escolares. En familia debe también existir ese diálogo. Las cenas sin televisión pueden dar mucho de si entre hijos y padres. Al fin y al cabo, deben saber hacer el amor, sus relaciones de pareja pueden depender de ello. De todas formas, en naturales no haremos prácticas en el laboratorio, no tema.

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