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jueves, 9 de febrero de 2017

72. TUTOR LA VÍCTIMA EDUCATIVA

En España cuando un docente ve un problema con un alumno llama a los padres. En Estonia y Finlandia cuando esto ocurre se habla directamente con el estudiante. A posteriori, y si la situación lo requiere, se va a urgencias. Así, y cuando deseamos saber si nuestro cuerpo padece de alguna infección tomamos la temperatura del mismo. Hablar con el tutor es ese termómetro. El papel del tutor es sumamente importante en la educación de los alumnos. En el British School of Barcelona con unos veintisiete alumnos por clase, y buenos resultados educativos, el tutor resulta la pieza fundamental en todo ello. En primer lugar todos sus docentes ejercen de tutor quedando cada grupo con dos tutores. Ello ofrece mayor atención a cada alumno e iguala el trabajo entre los docentes. En segundo lugar existen dos líneas de coordinación en el centro, una sobre los temarios que vigilan los jefes de departamento más un coordinador, y la otra sobre los tutores bajo otro coordinador. En todo ello, y en el sistema inglés, no se exige psicopedagogo alguno, es más, los temarios establecidos no van regidos por libros, sino que cada profesor debe responsabilizarse de trabajar su propio material con los escolares para que puedan pasar la reválida estatal. En tercer lugar, y durante las seis sesiones diarias de clase al día, se potencian todo tipo de actividades destinadas al debate, la argumentación y la exposición en público de los conocimientos adquiridos, todo ello para potenciar el criterio propio bajo hechos contrastables. En todo ello todos los profesores como tutores se comprometen en alto grado. En cuarto lugar hay programas de enriquecimiento en donde se crean grupos de debate y sesiones personales para potenciar todo lo anterior. En quinto lugar el esfuerzo en todo ello, tanto en su formación interior y moral como en la adquisición de conocimientos, es clave para pasar las reválidas estatales que impone el modelo inglés. En sexto lugar, y para cada ciclo, existen una serie de actividades en instituciones caritativas para concienciar a los chavales de su necesaria solidaridad con la sociedad. En séptimo lugar, se ejecutan acciones inclusivas para aquellos alumnos con mayor capacidad para que no se aburran en la clase normal. A cambio se ofrece refuerzo extraescolar a quienes tienen mayor dificultad. Y por último, todos los puntos anteriores se hallan bajo la atenta mirada del tutor de cada subgrupo, del coordinador de los tutores y del mismo director. Al final los alumnos de este centro terminan con el título de la ESO española y el de la IGCSE británica bajo una educación holística entre un extenso crecimiento interior, moral y crítico más un gran cúmulo de conocimientos y capacidad de contraste de los mismos.

Ante el modelo anterior, y la importancia de su acción tutorial, la entrevista con el tutor ofrece a los padres la información esencial para saber de su hijo. A partir de tal conversación vislumbrará si lo contado por su alevín era cierto o falso. Durante la entrevista con el responsable escolar se darán cita dos realidades, la que escuchó de su hijo en las cenas y la que el docente le ofrecerá en ese momento.

Es importante al inicio de curso que uno no pida tal encuentro, a no ser que sea urgente y necesario. Lo que se quiere dar a entender es que no agobie al tutor con ansiosas o demasiadas entrevistas durante el año académico. Mejor una conversación de gran densidad que muchas pero livianas. Normalmente un tutor debiera llamarle una vez por curso si su hijo es de los normales, y varias si éste tiene dificultades. En caso contrario, y si su zagal va de los primeros, sírvase sólo un encuentro fortuito y una charla corta. Piense que el tutor realiza una o dos entrevistas cada siete días y con más de treinta alumnos por grupo no hay más semanas durante el curso. Por tanto, pida hora sólo cuando sea estrictamente necesario y no vea su centro como una empresa de servicios donde exigir lo que en casa no sucede. Analice que pasa antes en el hogar y luego compártalo con el colegio para educar con un solo frente a su hijo. Si su chaval le cuenta pestes del colegio porque le exigen en el estudio, alégrese. Significa que los docentes se toman en serio su trabajo y que se preocupan por los conocimientos de su lechón. Si su hijo vuelve a contar pestes del centro porque le imponen límites, esfuerzo y disciplina, alégrese también. Significa que los docentes se toman en serio la formación y educación del escolar. De otra forma, sí debiera preocuparse. Piense que la entrevista tiene por objetivo que ambos, padres y docentes, se conozcan para poder encauzar mejor al alevín.

Si quiere saber como es el tutor de su lechón no le ponga tenso, deje que se relaje y que hable. Evite, en lo que pueda, justificar a su hijo o excusarlo ante un posible castigo injusto. Por muy indebida que le parezca la sanción, apoye al colegio en su decisión y el centro le respaldará también, ¿o pretendemos crear un adolescente manipulador de adultos? Una pequeña y plausible injusticia, aunque no se lo parezca, también educa, y se ha dicho plausible que no cierta. Si uno decide proteger siempre a su lechón éste se acostumbrará a ello. En cambio, si deja que afronte sus consecuencias, forjará en él una gran resistencia a la frustración, una mayor resiliencia. Hay que darse cuenta que la consulta de los psicólogos se llena cada día de más pacientes por depresión, patología asociada al poco aguante ante la frustración.

Por regla general, y durante una entrevista, primero debería hablar el padre o la madre. Si el tutor así se lo pide denota humildad previa y ganas de conocer su punto de vista. Un profesor de la ESO me contaba que instaba a los padres a hacerlo de la manera anterior. Les decía que obviamente él no conocía al hijo, que con sólo unas horas de clase a la semana se declaraba ignorante de ese adolescente.

Yo poco sé de su hijo, sólo lo tengo en el aula. Usted, que lo ha criado desde bebé, me puede decir mucho más y yo quedaré encantado de escucharle.

Esa postura relaja a los progenitores que a menudo esperan oír lo mal que va su hijo, es decir ésta es una buena forma de romper el hielo y ceder protagonismo a los padres que temen lo peor si se les convocó a una entrevista. De hecho a todos nos gusta más ser escuchados que recibir sermones. Así pues, y si de esta manera es recibido, sea breve y sincero para contrastarlo con lo que el colegio le diga después. Cuando cuente como es su hijo, mejor no exija explicaciones ni justifique a su hijo por lo que uno cree que le van a contar en el centro, en fin, que no adelante acontecimientos, simplemente cuente la verdad y cíñase a los hechos, no a las interpretaciones. Si por el contrario, se anticipa al docente con reclamaciones y reivindicaciones añadirá tensión a la conversación y no resolverá con celeridad los asuntos que ha venido a tratar. Durante esta parte del monólogo el docente debería tener ante si los informes, o los resúmenes de los mismos, para anotar lo que uno le transfiere y compararlo con lo que los profesores le comunicaron. Tener, por tanto, el cuaderno de curso delante indica que este tutor se preparó el encuentro. Fíjese si lo tiene todo resumido en un pequeño recuadro del listado de alumnos. Ya comentamos que una buena manera de acceder rápidamente a la información era tenerla desglosada en diminutos símbolos en una casilla. Si para responderle una cuestión ve que el docente necesita ojear veinte papeles es que no trabajó las informaciones dándoles orden y eficacia.

Cuando haya terminado, escuche atentamente lo que acordó el claustro de profesores sobre su hijo. Si ambos están de acuerdo, genial. En caso contrario, argumente, escuche y pida más informaciones sobre su benjamín. Al final sabrá quien lleva razón y qué debería hacer cada parte para mejorar y resolver los problemas del púber. Un buen final de entrevista debería llegar a unos acuerdos y compromisos por ambas partes para intervenir en la dinámica del estudiante. Si un tutor no se las da recuérdeselo y asuman conjuntamente sus obligaciones.

Pero a veces sucede que ambas partes insisten en su postura y no aparece el acercamiento de pareceres. En tal caso, y si uno de los dos se muestra obtuso, lo mejor es dejar que hable y que hable hasta que cometa una contradicción. En ese momento aparece la vía de acuerdo ya que el obtuso desveló su propio error dando la razón al otro. Sea paciente y espere a la paradoja del otro.

-        Al chaval se le presiona demasiado – dijo un educador inicialmente pero al progresar la entrevista se le escapó que… - ¿cómo va a ponerse las pilas con los pocos informes que se emiten sobre él? – algo que paradójicamente implica presión sobre el escolar.

Cuando una de las partes comete una incoherencia cede la razón al otro y obviamente si se quiere que haya más presión sobre un adolescente han de existir informes y denuncias. Pero hay otra forma de resolver pugnas sin acuerdo, no juzgar pero preguntar. Si observa en este caso que la parte contraria realiza inquisiciones indirectas sin sentenciar a nadie, sólo pidiendo informaciones, déjese conducir, le está ofreciendo salidas sin imposiciones sabiendo lo que se hace. Si se responde con sinceridad se ven los errores y hasta se enuncian soluciones sin uno darse cuenta.

-        ¿Cree usted que Oriol debería estar más controlado? – cuestión que no acusa a nadie.
-        Sí, creo que sí. Quizás le hemos dado demasiada libertad.

El objetivo final de toda entrevista debe ser construir un frente común entre escuela y familia. Si los adolescentes detectan nuestras fisuras aprenden pronto a manipularnos.

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