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miércoles, 29 de febrero de 2012

SOLUCIONES A LA CRISIS VII

Soluciones a la Crisis VII

Dicen que no podemos hacer nada, que los culpables de la crisis jamás podrán ser procesados, que el liberalismo económico impulsado por nuestros políticos en los ochenta va a seguir en boga y que el matrimonio poder con banca convivirá agazapado hasta que la muerte los separe. Pero para mejorar la democracia y evitar futuras crisis económicas como la actual sí existe una manera muy sencilla de dar pasos, un camino sin discursos intelectuales elitistas pero sí con acciones prácticas legales. Parece obvio que es imposible que todos podamos hablar a la vez con la gente supuestamente poderosa parta proponerles esto. Políticos, banqueros o grandes capitalistas son inaccesibles a todo el pueblo en bloque y con la idea que les diré no, no hace falta convencerles de mejorar la democracia con medidas justas para la mayoría. En democracia, y aunque no nos demos cuenta, el poder lo tenemos nosotros pero por desgracia no nos lo creemos. Por la anterior razón nos mostramos muy pasivos políticamente y no sabemos qué hacer. Si queremos mejorar la democracia basta con empezar con mociones en un ayuntamiento. Si por ejemplo creemos que la monarquía no es democrática nuestro ayuntamiento puede aprobar una moción a favor de la abolición de la monarquía sin pasarle nada, así de simple. Imagínese si ahora más y más ayuntamientos aprueban mociones para juzgar a cargos políticos y banqueros implicados en el endeudamiento español que todos estamos pagando con la crisis. O mejor aún, como hizo Islandia, negarse a pagar la deuda externa que ni usted ni yo contrajimos, fueron banqueros y gobernantes quienes lo hicieron. Si se llegase a una gran mayoría de ayuntamientos el Congreso debería secundar la voz de la mayoría. Para ello sólo hace falta ser una cosa, ser conscientes que podemos.

1 comentario:

  1. A lo mejor el problema también, a parte de no creernos ser, es que no nos atrevemos a ser, ni tampoco creo que haya mayoría. En realidad creo que no es el sistema el que tenemos que cambiar, sino al pueblo, sigue valiendo más un hombre rico sin conocimiento alguno que un catedrático desahuciado. Todo esto es una utopía, pero mientras haya alguien dispuesto a hacerlo o a intentar conseguirlo, no creo que estemos hablando de un edén mundial inalcanzable.

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