Opus dei Domus gay
David Rabadà Vives
Recuerdo personal aproximadamente
1994
Amigos Francina Garau en casa de
Santi Medrano en Cambrils
- Lo de
los gais es una enfermedad.
Obviamente
aquella opinión llamó mi atención y me acerqué a aquella esquina de la mesa. La
cena entre amigos, conocidos y poco deseados, había terminado y la glucosa en
sangre animaba la sobremesa de aquel sábado en casa de Santi. No es que mi
amigo fuera muy talibán del Opus, pero aquel sector extremo y extremeño de la
mesa se iba calentando con los chupitos y las grandes sandeces. El juego estaba
servido y a uno le encanta jugar y provocar.
-
Perdón que interrumpa - tomando asiento en un lateral-, pero, ¿por qué
consideráis una enfermedad la homosexualidad si no da fiebre, ni tampoco
infección, ni amputa miembros, ni provoca metástasis, a lo sumo, y sin cuidado,
puedes pillar el SIDA, pero también te puede ocurrir lo mismo si eres
heterosexual.
- Eso
que dices es demasiado genérico y alejado de la enfermedad homosexual. He leído
libros que detallan esta anomalía que necesita terapia.
-
Terapia, ¿qué terapia? ¿De medicina? ¿O de religión?
-
Intentas confundirme alejando de nuevo el tema. La homosexualidad es algo que
va en contra de la naturaleza.
- ¿Por
qué?
- Por
qué los maricones no se pueden reproducir cómo Dios manda. Ser gay es
antinatural.
- Todo
lo que pertenece a la naturaleza es natural, gais incluidos.
-
Bueno, pero ser gay no es normal.
-Tampoco
lo es ser muy inteligente..., ¿tú vas a misa?
- ¿Cómo
dices?
- ¿Què
si recibes la eucaristía cada domingo?
- Sí,
claro.
- Y
allí, ¿qué es más natural? ¿el celibato del cura que debe reprimir su sexo y
olvidar su potencial reproductivo? ¿o el homosexual que puede amar y hasta
adoptar a un hijo?
- Eso
que dices es una infamia.
- No
creo que lo sea. Si me alejo de todo esto me dirás que Dios es amor.
-
Claro.
- ¿Y
los gais practican de cerca eso? El amor.
-
Confundes lo próximo con lo lejano.
- O
sea, todo es un problema de distancias, un problema que dos hombres no deben
estar demasiado cerca, pero sí lo suficiente lejos, aquella párvula geometría entre
Epi y Blas con el “cerca”… y el “lejos”.
- Exactamente.
- Ahora
te entiendo. Te quedaste en Ábrete Sésamo.

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